... y entusiasmo.
La disciplina es una aliada en las artes de la vida. El aprender a concentrarnos en labores prósperas y benéficas para nosotros mismos es un don que necesitamos cultivar para nuestro crecimiento humano. La concentración depende de muchos factores. Requiere temple y tiento. Involucra emociones y sentimientos. La vida es una distracción constante y son las horas dedicadas a una labor las que recordamos con buen ánimo. Con entusiasmo. Se trata de los grandes o pequeños logros de nuestra existencia.
Son muchos los haceres que nos requieren concentración. Incluso, a veces, es importante concentrarnos en nosotros mismos para avanzar en nuestro camino de vida. Todo lo que hacemos a lo largo de nuestra vida, para lograrlo, nos impone un grado de concentración. De cuidado. La concentración es el cuidado que prestamos a las cosas que realizamos y pensamos.
Si lo piensan con detenimiento, cuando ponemos atención a los detalles podemos deslumbrarnos ante la sorpresa tanto como podemos hacer con belleza y dedicación alguna tarea. De ahí tal vez el entusiasmo ante el logro que resulta de nuestra concentración. Ante sentirnos útiles en nuestra rutina cotidiana.
¿Cómo comprenderíamos a los seres humanos sin la capacidad que tienen para concentrarse y entusiasmarse al respecto? Porque el sólo hecho de poder prestar atención con detenimiento es ya una motivación para el buen ánimo. Seríamos de otro modo. Viviríamos diferente. Nos es propio poder estar atentos y realizar tareas focalizadas.
Y tú... ¿aprecias concentrarte?
Hasta mañana.