viernes, 17 de abril de 2026

cuerpo...

 ...feliz.



Tener un cuerpo o ser un cuerpo... a veces nos remite a una carga. Como si viviésemos dentro de un cuerpo extraño a nosotros mismos. Esto es más severo cuando enfermamos. Y se abre una distancia mental y psíquica, desde el pensamiento, durante la espera paciente por sanar. Los cuidados del cuerpo nos ocupan cotidianamente. Con más o menos dedicación... lo mejor es cuidar de nosotros mismos cuando nos sentimos débiles y cuando estamos fuertes y sanos. Mantener al cuerpo feliz es un arte. Y ser felices con nuestro cuerpo: un don. A veces nos es tan lejano y ajeno nuestro propio cuerpo que necesitamos reconciliarnos con nosotros mismos para apreciarnos en verdad. 

Somos un cuerpo. Un cuerpo pensante. Un cuerpo susceptible de estar sano y de enfermar. Un cuerpo doliente y un cuerpo feliz. Un cuerpo joven. Un cuerpo envejeciendo. Un cuerpo envejecido. Y esto implica un peso que nos caracteriza. Una forma que nos define. Una carga. Nuestro cuerpo guarda las huellas de nuestra vida, cada sonrisa y cada llanto quedan en él sujetos a la memoria. Sentimos con el cuerpo. Vivimos corpóreamente. Nos es indispensable el cuerpo que somos. El cuerpo que tenemos. Por eso las exigencias del cuerpo nos orillan a cuidar de nosotros mismos. A veces con desgano. Incluso con pereza. Por eso el ánimo es tan importante para darnos a nosotros mismos lo que necesitamos para no enfermar. La relación con nuestro cuerpo no puede ser de rivalidad con nosotros mismos. Es importante vivir en armonía. Cuidar nuestra mente es también cuidar nuestro cuerpo. Mantenernos psíquicamente enteros, en unidad, es una condición sine qua non. 

La relación entre nuestro cuerpo y nuestra mente sigue teniendo sus misterios. Más cuando tratamos de remitirnos al alma. O a la razón. Lo que es innegable es que somos en unidad. Por eso es importante que nuestro cuerpo viva sano y en una relación sana con nuestro ser pensante. Por muchos años me ocupé de desarrollar una definición de la consciencia que diera lugar a estos misterios en aras de una solución. Lo cual ya no tiene tanto propósito porque con la inteligencia artificial se define corpóreamente el supuesto pensar que se quiere atribuir a la tecnología. Por mi parte avancé en mi definición y logré un breve texto al respecto, todavía inconcluso. En otra ocasión lo socializaré en este espacio. Pero esta reflexión sobre el cuerpo me recordó tales caminos recorridos con mi cuerpo y con mi mente. Y son tales recorridos los que le dan sentido a la vida. Son las huellas indelebles que quedan en nuestra alma. En nuestro corazón. Aquello en lo que nos empeñamos. En unidad. A veces en los grandes esfuerzos que nos proponemos, nuestra mente y nuestro cuerpo se distancian y resquebrajan. Y la sanación es el camino de regreso: armonizar cuerpo y mente. 


Y tú... ¿eres un cuerpo feliz?

Feliz viernes.

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