domingo, 11 de enero de 2026

belleza...

 ... y generosidad.



Existe un sentimiento solidario que conlleva la posibilidad de brindar algo de nosotros mismos con un gesto noble: con belleza. Cierta solidaridad generosa entre quienes comparten de sí. Entre quienes tienen algo en común. Algo en común que radica en un sentir, tal vez, los mismos apegos al mundo. Un contemplar la naturaleza en coincidencia. Un analizar la realidad y darle sentido al acontecer. Un compartir. Un amar. 

La generosidad encierra más de un misterio. El dar es una dicha... no una pérdida. El descubrir tal dicha es parte de nuestro crecimiento como personas. Aunque la generosidad se contrapone al egoísmo, hay cierta pleitesía egoísta en ser generoso. He ahí su misterio. El brindar algo nuestro, o algo para otros, nos expande humanamente; no nos restringe en modo alguno. No hay carencia cuando se es generoso. Nuestro corazón se hace más grande, en sentido anímico. Algo dentro nuestro se multiplica. Hay un sentimiento de satisfacción. De justicia. De ahí la belleza. 

Y no me refiero a una generosidad material, aludo más bien a una disposición de carácter ante la vida. Dar de sí es mucho más que dar objetos. Quien descubre la belleza de la generosidad lo refleja en cosas objetivas, de muchas maneras. Pero éste es un dar posterior. El primer movimiento nace dentro de cada ser humano cuando descubre la importancia de la empatía, la comunidad y la ética. El sentir con el otro el sentido de la vida. El saberse con humildad. El actuar con certeza. El tener confianza en sí mismo. El brindar la mano abierta. El entregar el corazón.


Y tú... ¿ya descubriste la belleza en la generosidad?

Domingo de paz.



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