...encanto.
Avanzan los días y la rutina nos vuelve a atrapar en su dinámica vital. Se suman quehaceres pendientes y todo es como de costumbre. Qué simple y sencillo resulta vivir. Atendiendo solamente al presente en su aquí y ahora. Sin procurar controlar todo a nuestro alrededor. Confiando en la vida. Aprendiendo de la tranquilidad. Al menos en nuestro estado de ánimo. Pues la vida como la conocemos, en el mundo en que vivimos, es mucho más complicada. A veces: difícil. No siempre da lugar para lo simple y sencillo. Y nos exhorta a estar en control de todo lo que compone el acontecer cotidiano. ¡Qué gran contradicción! Pero es una gran verdad. Una es la vida de la calma del alma y otra la vida de la sobrevivencia mundana. De más de un modo, van en contraposición. En la paz del espíritu encontramos soluciones. En la vorágine de la competencia...sólo existen problemas. Difícil distinguir el sentido de la trascendencia en tal dicotomía.
El dulce encanto que nos regala un lugar de trascendencia vital es justamente que podemos forjar futuro con nuestro presente y prepararnos para los días por venir. Y en el porvenir que se construye día a día: vivir en unidad. Para crecer como personas parece ser que necesitamos diluir tal dicotomía. Incluso cuando no somos nosotros quienes impusimos tales reglas al mundo. ¿Cómo habitar un mundo roto procurando no rompernos nosotros también? Es un gran e inquietante enigma. Al menos un mínimo de equilibrio entre nuestro estado de ánimo y nuestra realidad cotidiana pueden ayudarnos un poco. O mucho.
Y tú... ¿cómo habitas el mundo?
Buen descanso...
mágicas
tortugas.
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