...de paz.
Con gratitud, en el silencio, aguardan los instantes calmos. Los momentos de paz. Porque son instantes los que nos regala la quietud del alma, cuando de tranquilidad se trata. Existe otra tranquilidad. La que nos brindamos a nosotros mismos. Existe también la armonía cuando podemos estar tranquilos, es decir, sin otra cosa que turbe la paz de nuestro andar. La paz del silencio o sentir el silencio en paz son dos experiencias reconfortantes. Dos experiencias que dan cuenta de nuestro bien estar.
La paz del silencio es cuando se siente la calma sin bullicio alguno. Es un estar en descanso. En armonía. Es como cuando el día concluye y nos damos un respiro tras horas de ajetreo. Es la comodidad de sentir que hemos concluido con bien las tareas pendientes. Por ejemplo. Es también una respiración profunda que nos da tranquilidad y relajación. Y cuando nos encontramos con la paz del silencio podemos, al fin, descansar profundamente. Anticipar un buen sueño.
Sentir el silencio en paz es algo distinto. Porque a veces el silencio nos inquieta. Esa sensación de vacío que nos quiebra por dentro. El impulso por el encuentro con el otro. El quebranto de la soledad. La tristeza de la ausencia. El desamparo mudo ante la palabra ausente. El dolor del duelo. La pérdida. La inquietud ante la calma de lo que no se escucha. Sentir el silencio en paz es sentirlo sin inquietarnos. Sin emociones, pensamientos o sentimientos que nublen nuestra comprensión amable de la vida y de nosotros mismos. Es sentir la paz del silencio.
Los seres humanos somos complejos y contradictorios. Valoramos, a veces, muy poco la paz. O la damos por sentada. Cuando es una de las emociones más difíciles de alcanzar a medida que la vida se desenvuelve. Como valoramos, también a veces, muy poco el silencio. El silencio es sublime. Puede decir más de mil palabras entre dos personas. El silencio es un todo completo. Una sola frase. En inexpresable. Es una experiencia. En el silencio se guarda todo lo que dos personas no se expresan al hablar, mientras se comunican. El silencio como ausencia de ruido es un estado de descanso, de suavidad. Pero también puede ser un espacio de desesperación. Es sólo si nos proponemos la paz como objetivo que logramos la experiencia de sentir el silencio en paz. Y descubrir la paz del silencio. Estando nosotros tranquilos con nosotros mismos. ¡Qué tarea tan complicada muchas veces!
Los retos de la vida humana se dicen sencillos pero son duras pruebas de vida que nos impone el transcurrir de la vida misma en su misterio único. Para nosotros puede ser incomprensible porqué el ser humano es como es. Lo cierto es que aprender a vivir sin dolor y sin tristeza es también un camino hacia la paz. Incluso cuando el dolor y la tristeza son parte de la vida. Sanar es nuestra misión sin cesar. ¿Qué significa eso? No lo sé. Quizá porque sanar es estar en paz, es que hablar de sentirnos plenos en nuestro silencio y tranquilos en nuestro descanso es también un tema que concierne a nuestra salud. Probablemente todo lo que ocupa nuestra ética vital y el cuidado de nuestro carácter tiene connotaciones en nuestra salud, y viceversa. Cuidar nuestra salud es otra forma de cuidar de nuestro carácter.
En conclusión, descubrir la paz del silencio es un acto de carácter porque implica sentir el silencio en paz. Dos emociones intrínsecamente relacionadas que también están sujetas a factores externos. No todo depende de nuestra voluntad. Existen momentos en que afrontamos circunstancias adversas. Momentos que nos impiden la gratitud del silencio. Desdichas que asaltan nuestra tranquilidad. O desavenencias que impiden nuestro descanso. Sin embargo, incluso en tales momentos, aspirar a un segundo de paz y respirar hondo puede darnos la fuerza para continuar.
Y tú... ¿de qué colmas tus silencios?
Buen inicio
de semana.
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