... de Venezuela.
¿Por dónde empezar? Cuando se trata de Venezuela, parece ser que, en más de una ocasión, acontece ante nuestros ojos lo insólito. Los análisis no alcanzan para comprender los distintos puntos de vista, gran parte en contraposición unos con otros. ¿Secuestro o captura? Son el tipo de disyuntivas que surgen alrededor del mandatario hoy presentado ante las autoridades. ¿Prisionero de guerra o dictador?
En lo que sí se trata de buscar más consenso es en el rechazo a la intervención militar tanto como en lo que concierne a garantizar la soberanía de las naciones. Un consenso en aras de la paz.
Entre el júbilo de unos, la tristeza de otros, la indignación de muchos...transcurrió un fin de semana en el cual parecía iniciar una nueva era en la hermana República Bolivariana de Venezuela. Hoy parece ser que el poder sigue su cauce con más disposición al diálogo. Y que quienes claman el triunfo legítimo en las urnas tendrán todavía que esperar.
Parecería ser que, tener a los Estados Unidos de enemigo, sí tiene consecuencias. La tensión de los meses recientes entre ambos mandatarios llevó a una escalada militar de cada vez más alto impacto. ¿Qué está pasando en la América Latina que ahora hablamos de estrategias militares e intervencionismo descarado? Por un lado, pasa lo que ha pasado por siglos: avaricia por recursos naturales. Por otro lado, pasa el flagelo del crimen organizado en todas sus vertientes y secuelas. Y pasa también una América polarizada entre dos narrativas político sociales. Narrativas incompatibles que impiden el diálogo ciudadano.
En momentos como los actuales es difícil tener un punto de vista o hacer un análisis al margen de las posturas dispares. Como difícil es tener certeza de la información verídica que sostiene tales posturas dispares. Por lo que es mejor suspender el juicio. Y esperar los acontecimientos futuros.
El poderío desplegado este fin de semana sí es motivo de una reflexión profunda para la América Latina. El derecho internacional no puede violentarse ni darse por sentado. El límite de las fronteras sólo puede transgredirse en casos de excepción y en realidad debiesen ser bordes infranqueables. Ante un operativo de tal magnitud, merecemos una explicación convincente y justa. El uso de la fuerza no es el camino y en caso de ser el único camino ha de ser proporcional. El diálogo es la forma en que se dirimen las diferencias entre naciones. No la guerra.
A mí, como de costumbre, me atañe el tratar de entender la disparidad que polariza a la ciudadanía. No creo en las posturas absolutas. Cada extremo guarda una proporción con la verdad y una proporción de ideas imprecisas. Cada extremo tiene algo de razón y algo de confusión. En ambos extremos puede haber error. Y, lamentablemente, en ambos extremos se es susceptible de ser manipulado. Difícil panorama. Cada extremo compite por la superioridad de tener la razón y ambos extremos requieren del otro extremo simbióticamente para subsistir en sus posturas radicales. Ojalá pudiésemos apelar a otras formas de dialogar la realidad social y política. Sería mucho más interesante para descifrar un momento como el que dio motivo a estas letras: con una lupa abierta a lo insólito.
Y tú... ¿defiendes la Carta de las Naciones?
Buen inicio
de semana.
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