miércoles, 9 de agosto de 2017

doler...

...en etapas.


La muerte casi siempre nos toma por sorpresa. Se acompaña de cierta violencia y diluye, con la certeza de su presencia, la continuidad de nuestros días. Al mismo tiempo, es un don que tiene el poder de devolvernos a la vida. De despertarnos y remover los cimientos de nuestra existencia. Recordando el valor de nuestra vida. 

Nos envuelve en la tragedia de no poder atrapar los momentos perdidos y no poder recuperar, en nuestras manos, la presencia de nuestros seres perdidos. Al mismo tiempo, conservamos en cada una de nuestras células todos y cada uno de los momentos que compartimos. Esta es la magia de compartir: una parte de nuestro tiempo común siempre se conserva. 

La gatita mágica Nut era un ser de otro reino. Me he demorado meses en volver a escribir. Su partida se llevó con ella un pedazo importante de mi corazón y una etapa feliz de mi vida. Casi doce años vivimos juntas. Me cuidaba mientras dormía y me arrullaba con su fuerte ronronear infinito en mi oído. Me despertaba por las noches rascándome la cabeza como si quisiera liberar mi cerebro de cualquier tensión que lo aprisionara. 

Cuando me quedaba hasta tarde trabajando, era ella quien me avisaba que ya era tiempo de descansar. Jugaba con las ligas para el cabello con el entusiasmo de una niña pequeña. Caminaba encima de las personas como si las integrara al reino de sus posesiones. Delimitaba su territorio entre todos los habitantes de nuestro hogar, recordándonos que ella era el alma que lo habitaba. La casa quedó vacía y por varios días, Mila, Isis, Aghape y yo, vivimos en extravío ante el vacío de su ausencia. 

Su muerte fue trágica, prácticamente la tuve a que entregar a su destino fatal, tras dejar en mí la huella de sus afiladas uñas -que hasta ahora lastiman-, una vez que trataba de protegerla... pero su temor fue más fuerte que mi amor. La atacaron los hijos de Mila (Aika, Kio y Kara), quienes, al no ser separados a tiempo, desarrollaron invetablemente el irrefrenable instinto de jauría. Ya habíamos sufrido las consecuencias de su naturaleza cuando perdimos a su cuarto hermano Birko, también en sus fauces. Lamentablemente, no pude anticipar que Nut estaba en tales riesgos, lo cierto es que no convivían y ella siempre estuvo segura. Pero... algo la llamó desde la muerte y nos colocó a todos frente al desatino de la barbarie. 

Quiero pensar que pude hacer algo para evitarlo, sin embargo, hay sucesos de la vida, y en especial de la muerte, que están destinados a ocurrir. Tales designios no están en nuestras manos. Ella supo antes que yo que su tiempo había llegado y yo intuía su partida. Ahora Kara tiene un nuevo hogar feliz. Aika y Kio fueron perdonados, en nombre del inmenso amor que nos une, y aprenden a vivir renunciando a tales instintos. Así, conservan su hogar extramuros y son los protectores de nuestra casa. 

Cada vez que enterramos a un ser amado, volvemos a enterrar, simbólicamente, a nuestros seres perdidos. Esas muertes que han marcado nuestra vida para siempre y que nos recuerdan la orfandad que sembró en nosotros su partida. Presiento que ella ya lo sabía porque durante los últimos meses, antes de fallecer, me fue dando avisos y se fue despidiendo poco a poco. De todos modos, yo no estaba lista para dejarla partir. Y no dejamos de extrañarla, aunque vamos construyendo una nueva rutina y forjando nuevos vínculos de relación entre quienes habitamos este pedacito de bosque.

Era caprichosa, amorosa, berrinchuda, juguetona, glotona y apasionada. Fue paciente y acompañó largos días de soledad, esfuerzo, alegrías, angustias, descanso, ausencias y presencias. Si me escuchaba llorar corría a mi encuentro hasta que mi alma encontrara paz. El reiki, el yoga y la meditación también despertaban energías que la hacían acudir a mi encuentro y compartir mis pensamientos y sentimientos. Adoraba desordenar mi escritorio, recostarse en mis papeles, pisar el teclado de la computadora y distraerme de una u otra forma.

Si estaba feliz, se alegraba conmigo. Si estaba molesta, me miraba como diciéndome: no me gusta que estés de mal humor; y siempre encontraba la forma de contentarme. Cuando ella estaba de mal humor... no era tan fácil contentarla, se refugiaba en ella con total indiferencia o lamía su lomo para expresar que no estaba conforme con lo que le estaba diciendo. Así como, se tomaba el espacio para posarse frente a mí y darme la espalda. Si estaba enferma usaba sus poderes sanadores para mermar mi dolor y cada vez cuestionaba más que siguiera fumando.

Durante su vida tuvo que aprender a acrecentar nuestro espacio para dejar entrar a los nuevos habitantes. Siempre tras una escena de reclamo e insatisfacción. Era posesiva y cariñosa. Era intuitiva y protectora. Perseguía lagartijas con gran ahínco. Disfrutaba dormir en la terraza bajo el sol. Aunque prefería el frío pues ella era una llama incesante de alta temperatura. Y ya en sus últimos días, en las mañanas se acomodaba en la cama esperando que me fuera y sin hacer aspaviento alguno. Lo que sí, es que distinguía muy bien cuando íba a quedarme en casa de cuando me preparaba para salir y, mientras me bañaba, golpeaba la puerta para que supiera que ella estaba allí. Así como, si su arena estaba sucia, acudía a mí para hacerme notar tal descuido mío...

Cuando viajaba me recibía con desdén, haciéndome saber la falta que le había hecho. Pero cada noche, al volver a casa, me recibía con mimos y ternura festejando mi llegada. Disfrutaba cuando cambiábamos los muebles de lugar, las cajas de cartón y toda novedad que le brindara la ocasión para un nuevo rincón, un nuevo objeto de su apropiación y un nuevo espacio para jugar. Acabó con todos los muebles en los cuales afilaba sus uñas, brincaba y hacía el rito de saludo antes de llegar a mi encuentro, o el rito de reclamo cuando algo no la complacía. 

Se colgaba en los brazos de los sillones como si extrañara tener un árbol propio y trepaba a las alturas como si extrañara un tiempo en que podía volar. Chasqueaba con gran altivez ante una mosca. A insectos y pájaros no les daba descanso. Contemplaba el horizonte con nostalgia, desde la ventana. Se subía a lo más alto del clóset y luego maullaba hasta que la bajara, una vez abajo, volvía a subirse y quería mantener mi atención, entreteniéndome y jugando antes de que pudiera bajarla otra vez, obligándome a interrumpir todo para estar con ella. Ritual que siempre tenía que ser interrumpido con un "no seas necia Nut".

Administraba su comida, cosa rara para un gato, para garantizar siempre un excedente para ella, en desmero de su hermana y su sobrina, quienes ahora, por primera vez, empiezan a engordar. Amaba las sardinas, bastaba abrir la lata para que ella distinguiera el olor y se acercara a recibir su porción. Siempre saltaba sobre la mesa y tenía que ser el centro de toda nuestra atención. Recibía a las visitas también llena de amor, se acercaba y se ganaba un lugar en sus corazones. Y si estabas desprevenido, te asaltaba por sorpresa saltando sobre tu espalda y ¡cuidado con esas uñas!... "uñas no Nut, uñas no".

Desde que me la entregaron, lo primero que supe de ella era que tenía unas uñas especialmente filosas, con apenas dos o tres meses de vida, se aferraba a mi cuello, durante el camino a casa, con sus garritas. Mi intención, dada mi alergia a los gatos, era que tuviera su propio espacio, que no estuviera en mi cuarto, mucho menos en mi cama y enseñarle a vivir con la distancia apropiada. 

Derribó desde el primer día todas mis barreras. Se subió a la cama por debajo de las cobijas como si supiera que ése íba a ser su lugar, fascinándome por completo. Y cuando la saqué, junto con Isis, y cerré la puerta, me enternecieron ambas con sus patitas debajo de la puerta. Entonces decidí salir del cuarto y Nut, negra y de ojos intensos color amarillo, tomó a su hermanita Isis, siamesa en tonos grises y blancos, con una patita blanca y de ojos azules, y la lamió con enojo, mirándome fijamente. Fue cuando supe que jamás podría resistirme a su mirada, pasaron la noche en mi almohada... la primera de muchas más noches... felices. Lo cierto es que nunca pude privarla de ningún espacio que hubiese elegido como suyo.

Fue así que este par de mininas, desde el año 2005, fueron transformando mi vida entera. De pronto tenía que alimentarlas, acompañarlas y había perdido la entera libertad de salir de casa, cerrar la puerta tras de mí y no preocuparme por cuándo íba a regresar. De pronto, alguien me esperaba en casa y su vida dependía de mi amor. Ellas dependían sólo de mí. Y ya éramos un hogar.

Como madre primeriza, les tomé más de 100 fotos. Ahora se voltearon, ahora se acurrucaron, ahora jugaron, etc... Eran tiernas y bellas. Cambiaron mi vida por completo. Juntas sobrevivimos al accidente de Isis que le costó sus ojos, la vista, su mandíbula, el paladar y el tabique. Fue una violencia atroz la que le enseñó a vivir sin la audacia de su mirar... la misma que despertó el milagro de su corazón para guiarla a través de todos los pasos que ha vuelto a dar, hasta el día de hoy. Pasos que perdieron un gran referente, ahora que Nut se marchó. Y nada de esto le impidió ser mamá de dos hermosos tesoros: Eros y Aghape. 

Eros nos abandonó hace años, probablemente también sufrió una muerte accidentada, pues es la única razón por la que pudo no haber vuelto. Aghape, en cambio, es ahora la heredera de Nut, un alma marcada por el abandono y la pérdida, pues echó mucho de menos a su hermano y no ha logrado comprender que su madre no le presta más atención porque no puede verla. Eros sí lo había entendido desde sus primeros días de vida, entonces, mordía a su hermana para que la madre supiera dónde estaban y que era hora de alimentarlos. Por lo cual Aghape desarrolló su capacidad del "habla" y todo lo pide a "gritos" y gemidos. Eros también era un gato parlanchín. 

Eros jugaba con Isis y le limpiaba sus ojitos, de inmediato se conectó con ella, tras su partida, Isis no volvió a tener compañía hasta que llegó Mila, mi princesa dálmata hermosa, y la obligó a aprender a jugar con ella. Porque Nut después de superar la llegada de sus sobrinos, quedó muy dolida con Isis, una vez que ella se salió a la calle y la creímos perdida, al volver... Nut nunca más volvió a reconocerla, como si le hubiese indignado que, tras todo lo que pasamos para curarla por haberse escapado una vez, se hubiera puesto en riesgo otra vez, así que desde entonces... sólo le gruñía y la esquivaba. 

Ahora Isis y Aghape aprenden a acercarse de un modo que no lo habían hecho antes, porque Aghape, poco asidua a los humanos, tenía en Nut a su gran compañía... Además ha pasado la mayor parte de su vida haciendo largas exploraciones en el bosque, en sus primeros 10 años de vida fue una gatita de puertas afuera y creció en total contacto con la naturaleza. Ahora ya la edad la ha hecho más sedentaria y pasa sus días entre la terraza y sus rincones favoritos de la casa. Sin otro remedio, Aghape, en estos meses, ha tenido que aprender a acercarse más a mí y conformarse con mis caricias humanas, así como, cada vez se acurruca más con Isis. Tras largos días y noches de llamar y llamar, sin descanso ni respuesta, a Nut.

Te extrañamos Nutsi... el nombre con que se autobautizó... Vives por siempre en mi corazón y estoy agradecida por las bendiciones que acompañaron tu llegada a mi vida. Fuiste un tesoro que me fue entregado para sanar mi alma y acompañar mis retos más grandes. Siempre serás mi gatita mágica. Mi pedacito de cielo. Ha sido difícil acostumbrarnos a vivir sin tu presencia poderosa en todos los rincones de nuestro hogar, los cuales llenabas con tu intensa y arrebatada presencia. Como difícil fue sentarse a escribir estas letras y seguir adelante... Cuatro meses después de que un domingo de ramos te guardara en la gracia de tu reino. Mi hermosa diosa egipcia.


Gracias!!


Y tú... ¿has sido raptado por el ángel de algún minino?











viernes, 16 de junio de 2017

un fugaz...

instante... es lo que acompaña la certeza de la felicidad.

El tiempo que se quiebra dando lugar a un momento de dicha y abre, de par en par, un resquicio de luz. Es el espacio en el que nuestra memoria logra una completa unidad con nuestro presente. Sólo logrando conciliar nuestro futuro con este instante fugaz es posible perpetuar nuestras alegrías. En sublime armonía con la contingencia del acontecer que se desvanece en nuestras manos y sobre el cual no tenemos control alguno. 

El desapego y la renuncia a los deseos que escapan a nuestra voluntad es lo que nos permite consumar los anhelos reales que nuestro corazón es capaz de acariciar. En este límite, en el que se conjuga el dolor con la dicha, se manifiesta nuestra libertad. Muchas veces, sólo se trata de abrazar el presente... en él encuna el futuro. Así, es posible vencer las tentaciones de nuestra imaginación.


Y tú... ¿cómo abrazas tu presente?



Feliz viernes de lluvia, niebla, melancolía y 
... magia de tortuga.


martes, 13 de junio de 2017

detengámonos...

... un momento en la "enajenación".


A veces es suficiente un breve comentario para descifrar cuándo una persona nos está poniendo a prueba, duda de nuestras capacidades, de nuestra disciplina y de nuestra voluntad. Lo curioso de este tipo de momentos insignificantes, junto a personas ahora también insignificantes (en el contexto temporal de nuestras propias prioridades)... es la inmensa decepción que logran despertar en nuestro corazón. 

Con qué autoridad hay personas que, en igual circunstancia y condición nuestra, se atreven a tratarnos como niños pequeños, como si viviéramos alguna suerte de extravío... Una de las diferencias entre la infancia y la adultez es que uno se ha ganada el derecho de tomar sus propias decisiones con madurez e independencia y nadie puede interrogarnos para ver si es cierto que sabemos lo que queremos... En este punto, sólo es loable compartir experiencias, apoyarnos y comprendernos. Aprender unos de otros.

Estos encuentros son como dialogar con un ser humano atrapado en un túnel del tiempo, quien probablemente no llegó a madurar sus etapas de crecimiento y es quizás esta persona quien no sabe lo que realmente quiere, se proyecta en nosotros y descubrimos cuán lejos nos encontramos el uno del otro... Y eso siempre es doloroso. La distancia entre dos almas que, pudiendo latir juntas, se permiten lastimarse entre sí. Es la mejor definición del infinito.

Debería estar acostumbrada, sólo por el hecho de ser mujer, soltera y sin hijos, ya que las personas suelen recrear la fantasía de que soy pequeñita, casi una adolescente, muy joven, estoy confundida... solo porque no vivo como la mayoría considera que debería ser. Sin la fachada del "crecimiento" social, la mayoría de las veces se opaca la valía personal. Así como, la satisfacción normal del canon social, que exige ciertos símbolos para validar cada una de las etapas de un ser humano, muchas veces opaca la ausencia de un crecimiento personal más profundo o, al menos, la falta de conciencia acerca de tal crecimiento.

Es triste descubrir cómo insistimos en separarnos los unos de los otros a través de la lástima y la condescencia, casi como una forma sublimada del respeto, cuando podríamos solo aceptarnos, escucharnos y abrazarnos, tras descubrir las maravillas que habitan cada uno de nuestros corazones. Dejar de mirar ahí en donde interpretamos carencias... con la imposición de nuestro juicio subjetivo y con la mezquindad de la enajenación de nuestras verdades privadas.

La enajenación es solo una mediación ciega que nos da la certeza suficiente para construir sentido y significado. Nos da la débil fortaleza de no cuestionar nuestras verdades y de ahí la imposición de nuestro juicio ciego. Nos separa de la posibilidad de sentir con el otro... de comunicarnos sin prejuicios. De escuchar.

Si no somos capaces de escuchar a otros es porque tampoco estamos siendo capaces de escucharnos a nosotros mismos. Si insistimos en invalidar a nuestros interlocutores es porque no somos capaces de cuestionarnos a nosotros mismos. De crecer. 

Sería tan fácil solo hermanarnos en un objetivo común... sin embargo, preferimos aferrarnos a nuestras valoraciones personales, a nuestras vanidades, a la breve y falsa certeza de nuestra enajenación.


Y tú... ¿tienes tiempo para amar?



Feliz martes!!!
Abrazo grande lleno
de magia de tortuga.




martes, 6 de junio de 2017

sueños...

y deseos...

Una parte de nosotros, la que despierta mientras dormimos, muchas veces conoce mejor que nosotros: el destino de los días por venir. No siempre logramos comprender el significado del relato de nuestros sueños, probablemente, porque nuestro ser de vigilia interfiere con el símbolo onírico de nuestra conciencia. Ese signo de verdad no revelada que se descubre a sí mismo, una vez que logra derrumbar todas nuestras resistencias, permitiéndonos observar quiénes somos; más allá de lo que estamos dispuestos a reconocer de nosotros mismos.

La relación de nuestra psique con nuestros sueños es un espacio en el cual la reconciliación habita la posibilidad de vivir en el presente, liberados del pasado y dispuestos a la apertura de un futuro infinito.

Solemos expandir tales símbolos a nuestra vida, o viceversa, con el propósito de enriquecer la experiencia de nuestra conciencia en su aventura en pos del discernimiento. Distinguir, entre la verdad y la realidad, es el hito que compone nuestro acto de conciencia, es la posibilidad misma de la conciencia.

Existe una brecha infranqueable entre lo real y lo verdadero: la apertura a la interpretación, el camino de la relatividad, los senderos de la libertad, el espacio propio de la creatividad. El mundo humano, en sus distintas manifestaciones, se desenvuelve en este resquicio que se cifra como un punto detenido en el infinito que, a su vez, puede ser en sí un infinito colmado de posibilidades. 

La magia de la verdad, aquélla que se interroga incesantemente a sí misma, consiste en el reto de lograr acercarnos a lo real de tantas formas como seres humanos existen. Sin por ello, tener que confrontarnos entre sí. Es el suave instinto de la intuición lo que nos da la clave para reconocer qué tan cerca, o qué tan lejos, están nuestras construcciones mentales de la realidad. 

Sostenidos por un estadío intermedio en el cual los consensos generan el falso ser ahí de lo real que se legitima por el falso ser ahí de lo verdadero. En un breve lapso de tiempo. Si prolongamos la suposición de tales consensos, olvidamos que solo son una acotación de nuestra imaginación y sucumbimos ante la enajenación de nuestras facultades inteligentes. Muchas veces motivados por el vivificante sentimiento de sentirnos seguros ante el acontecer de nuestras vidas.

Mediaciones que nos permiten construir sentido en comunidad, construir un mundo común, movernos, hablar y existir sin la ansiedad de nuestro vacío de inmediatez, al ser seres mediados por el hito de nuestra conciencia. Las leves certezas que nos permiten despertar cada mañana. Seres limitados por la dialéctica de la experiencia de la conciencia. No carentes... ricos en posibilidades pero impedidos de acceder a lo real sin alguna de nuestras mediaciones. Elegir con justicia tales mediaciones es lo que nos permite aprender a discernir qué es lo correcto. 


Y tú... ¿reconoces el límite de tus verdades?


Un breve anticipo de mis reflexiones, a partir de Hegel, sobre qué es la conciencia y cómo la podemos explicar a partir de nuestras funciones cerebrales... si es que así fuere. Quedando latente una interrogante que me planteó uno de mis más amados seres: al morir... si aceptamos que quienes mueren logran manifestarse en modo alguno, hacerse presentes expresando intencionalidad alguna, cómo lo hacen si su cerebro ya no está funcionando... La cual sigue rondando mi cabeza... Claro! habría, primero, que admitir que las personas fallecidas pueden comunicarse de algún modo consciente con nosotros: los aún no fallecidos... lo cual, soy honesta, no puedo descartar por completo, con base en experiencias propias. Las cuales están más cerca de la mística. Sin embargo, no podemos negar los misterios que nos habitan y se nutren de la certeza de nuestra experiencia intuitiva y sensible. El saber es el arte de reconciliar tales misterios con la elocuencia del significado que otorguemos a la realidad. A saber: la aspiración de toda ciencia y la motivación de la filosofía en sí. Se aceptan comentarios!!! No sean tímidas tortugas mágicas, compañeras de aventuras y de reflexiones vívidas. Ya que estoy en los albores de lo que será uno de los libros más largamente esperado y acariciado por la voluntad de mi corazón... Gracias.

Felices día de lluvia queridas tortugas amigas!!!





domingo, 4 de junio de 2017

música...

...hecha de tiempo.


Solo la música logra detener el tiempo en cada uno de sus movimientos. Permitiéndonos revivir, una y otra vez, a través de ella, los latidos de nuestro corazón... atrapados en un momento que parece logramos contener. 

La música, con su efímero tiempo, nos regala un pedacito de la eternidad. Un espacio del pasado, una promesa del futuro, un olor perdido en nuestra memoria, una alegría renovada o la liberación de alguna de nuestras tristezas. Con la esperanza de hacer realidad todo aquello que soñamos, y sentimos, cada vez que escuchamos una canción. De cierta manera, cada uno habita una melodía única, que logra grandes sinfonías o disonancias, de acuerdo con quien nos acompañe. 

No todos gustamos de dejarnos enamorar por la música. Hay quienes prefieren relegar en ella el lugar de la nostalgia, de la tragedia... esa melancolía que lleva por nombre: resignación... la renuncia de todo lo que podemos llegar a ser... por miedo a arriesgar la persona que nos hemos acostumbrado a ser. Sin valor de confrontar a quienes nos aprueban y se satisfacen con valorarnos conforme al espejo de su propia vida, sin respeto ni generosidad. Finalmente, si ya estamos cómodos... cuál es el propósito de arriesgarnos por algo diferente. Porqué crecer más si ya somos suficiente para lo que nos exige nuestro entorno. 

Hicimos un mundo que se satisface con la obediencia... la discreción... el silencio... la complicidad del poder... la mentira... la ventaja... la competencia... la arrogancia y la soberbia solapadas de estándares de eficiencia... Sin placer... sin tiempo para la vida... No termino de lograr imaginar quiénes seremos en 20 años... quiénes habrán sobrevivido a la voracidad que nos arrastra. ¿Los mejores? ¿los más aptos? ... ¿A qué precio? ¿cuánto tiempo más durará la ilusión de las redes sociales que opaca la infinita soledad que nos habita? ¿seremos capaces de volver a conversar viéndonos a los ojos? ... ¿Lograremos dejar de ser esclavos del dinero? ¿aprenderemos a ser libres? ¿amaremos?...

La música también puede ser un resguardo de felicidad en ese nuestro cómodos estar. Sin embargo, no debemos desdeñar la posibilidad de interrogarnos y acrecentarnos. Pues la vida guarda tesoros y sorpresas que pocas veces logramos imaginar. Vivimos en un mundo que nos repite una y otra vez que no existe otra manera de vivir... sería sabio preguntarnos si esta forma en que nos hemos acostumbrado a habitar la vida es la única posible, la mejor para nosotros... la más virtuosa... la más feliz. Hay tantas señales de que estamos lejos de haberlo logrado, entonces, porqué... porqué... nos es tan difícil salir de nuestro caparazón y simplemente amar... amar la vida, amarnos a nosotros mismos, amar a otros seres humanos, dar de nosotros un poquito más... guardar un espacio para solo vivir. Sin más exigencia que el regalo de una sonrisa.


Y tú... ¿quieres construir un mundo mejor: un mundo realmente feliz para todos...?




Feliz Pentecostés
amadas tortugas...
no permitan que nadie
les impida seguir
el llamado de su deseo.
Que el Espíritu Santo
vierta sobre nosotros
la luz de la esperanza y
la fuerza para reinventar
nuestro presente.
Amén.





jueves, 1 de junio de 2017

la humedad...

... caricia suave del mar.

Existe un equilibrio entre el calor y el frío de nuestra temperatura. Una conjugación latente que nos brinda el estado de nuestro ser cada día. La forma en que nos relacionamos con nuestro cuerpo, nuestro entorno, la naturaleza, el modo en que nos contienen nuestras relaciones afectivas y, en general, las relaciones con otros seres humanos, suman el conjunto de circunstancias de nuestra temperatura. Nuestro tiempo interno. 

De esta manera, la calidez de un rostro amable, el entusiasmo del enamoramiento, la intensidad del amor, la alegría de la amistad, o el témpano de la distancia, el frío de la indiferencia, el vacío de la violencia, el titilar de la soledad... nos llevan a través de viajes en donde habitamos tormentas, días de sol, calores y humedades, la lluvia leve que no cesa, el viento que nos refresca, el desierto que nos quema. Como si fuéramos los habitantes de un navío o un aeroplano. Como si nos lanzáramos en paracaídas o nadáramos sin salvavidas las inmensidades de los ríos. O simplemente nos tumbáramos a la intemperie en un jardín apacible. 

Todavía no decido si somos una temperatura hecha de tiempo o un tiempo hecho de calores y humedades. En donde el frío es el balance que nos permite permanecer... y en exceso: desaparecer.


Y tú... ¿eres el dueño del termómetro de tu tiempo... o te dejas llevar por el reloj de tus humedades?




Abrazo de junio...
que el sol llene de magia
los días de lluvia y 
las aguas llenen de frescura
los días de sol
con un poco 
...de hechizo de tortuga.









miércoles, 31 de mayo de 2017

el canto...

... de la sirena feliz.


din din... din don... ...tin tin... tin ton... din din din... tin tin tin... suena el caracol para despertar el sueño de la sirena de miel. Ella duerme, desde hace siglos, en el fondo de los mares de oro...

Estornuda, escucha a lo lejos una llamada melódica que la arrulla en calma... se suma al caracol el cauce de los ríos y sin percatarse... sus pensamientos la atrapan. Se despereza con calma, respira profundo, siente los latidos de su corazón... recuerda uno a uno sus sueños. Sonríe. Se interroga. Empieza a recordar. Al abrir los ojos descubre un océano lleno de alegres delfines de todos colores. El reflejo cristalino del sol ilumina un millón de estrellas de mar flotando en la superficie. Despierta... al encuentro de la magia de la música y traza con su nado el bosquejo de un lienzo en blanco que anida la nueva forma de su corazón.

Entonces se encuentra con un enorme caballito de mar, luminoso, con ojos de miel color verde manatial, forjado de arcilla lunar, nacido en una galaxia hecha de las promesas del futuro, de cabello rizado con brillo de cobre anaranjado, transparente y con un corazón que, al latir, se tiñe de colores... Él la miró por una eternidad. Entonces, se acercó a su oído y le dijo... ¿por qué tardamos tanto en despertar?  

Se besaron y el tiempo, al hacerse uno, detenido en el infinito, los transportó a esa playa en donde aguardaba su hogar. Reconocieron sus manos, descubrieron sus pies, acariciaron su piel, rozaron sus rostros, se volvieron a mirar como si fuera la primera vez que se encontraban... y nacieron a un nuevo modo de habitar su ser humanos. Recorrieron los intensos paisajes de su alma sin desdeñar uno solo de sus días. Inventaron un mundo libre. Anidaron a la sombra de un árbol gigante que mostraba cada una de sus raíces como si hubiera sido traído de una selva ancestral. Ladrillo a ladrillo construyeron una fortaleza de madera, sin muros ni puertas, para juntos... descansar. 

Una mañana llegó el ángel custodio de su amor,  adornado de flores y acompañado de aves que anunciaban la llegada de un hijo del sol... La magia los abrazó por siempre. Cantaron y bailaron cada uno de sus días para nunca olvidar despertar a su encuentro de paz. Para no volverse a hechizar en las profundidades del mar, no dejar de nadar con delfines de colores y admirar sin excepción alguna: las estrellas en el cielo y en el mar... Para sus manos no volver a soltar... Las manos que darían nido a un niño hecho de amor y verdad. Juntos los tres recorrerán los océanos y las cordilleras de un tiempo por comenzar.



Y tú... ¿ya descubriste el rostro de tu caparazón?






Feliz día... lleno de magia de tortuga.