lunes 7 de diciembre de 2009

magia y certezas

... amanece con música, cada vez que al cerrar los ojos, la sirena evoca el baile y la entrega de su viaje a la luna.

Asoma el sol por la ventana con gratitud y sonrisas... en su corazón.


Y tú ¿cómo descubres la felicidad?

Dichosa semana... mágicas tortugas.




lunes 30 de noviembre de 2009

al fin

de noviembre... la princesa sueña con que un milagro la despierte. Recibe una vez más a la paloma de paz por su ventana, quien le anuncia que debe concluir y trabajar... así, al despertar, la dicha abrazar.


Y tú ¿qué milagros quieres?

Feliz semana... y que diciembre sea un mes de sueños y festejos.



viernes 20 de noviembre de 2009

el misterio de la estrella

En silencio, la estrella de mar navega por los mares y acompaña al delfín encantado...

En secreto, le narra su anecdotario diario, como si cada jornada tuviera que enfrentar una batalla en la que sabe que no está sola.

En su corazón... guarda amor verdadero.


Y tú ¿cómo conservas tu esencia?

Un abrazo queridas tortugas.


martes 17 de noviembre de 2009

la furia

que todo lo encejece es como una fuerza en tu interior que, al verse amenazada en su valía, hace implosión... golpeando lo que verdaderamente anhelas, como si, de ese modo, te protegieras de perderte a merced de otra voluntad.

El secreto de la furia es que cuando entra en ti... con magia de tortuga, debes intentar recordar que, al marcharse, volverás a percibir tus certezas como eran antes de su estallido. Aun cuando, parafraseando a Hegel: el falso ser ahí de la conciencia furiosa se viva a sí misma como toda realidad, ya que, en cuanto pasa, la conciencia desdobla su verdad y recupera su primera verdad, pero ya no como un simple para sí apetente... ahora, al despertar a la autocociencia: es capaz de reconocerse como "nosotros" y el yo se vive realizado espiritualmente en el amor al prójimo, en la representación de Dios, en el amor a la vida y en la plenitud del amor libremente correspondido.

La necesidad de la furia es expresarse, tratar de comprenderse de alguna manera, liberarse de sí misma y con desesperación arrancar todo lo que la provoca. Pero sólo cuando nos hemos serenado, podemos actuar sobre aquéllo que nos despertó tan feroz frustración: descubrir su falso ser ahí y recuperar para nosotros nuestra legítima verdad.


Y tú ¿quieres vivir la verdad de la realidad?

Hasta mañana amorosas y mágicas tortugas... que la noche las colme de sueños y el día de anhelos cumplidos.


lunes 16 de noviembre de 2009

la liebre y la tortuga

Entre dos grandes montañas, una de cobre y una de plata, se encuentran una liebre y una tortuga. Ambas en busca de la montaña de oro. La primera vez que se vieron, se reconocieron amigas... como si siempre hubieran estado juntas -claro! no sabían que íban hacia el mismo lugar.

Al poco tiempo de juntas caminar, la liebre se empezó a impacientar por la lentitud de la tortuga. Y la tortuga se empezó a lastimar ante la brusquedad de la liebre. La liebre: ágil y veloz. La tortuga: reflexiva y asertiva. ¿Cómo podrían compartir el sendero sin violentarse?, finalmente, ambas tenían razón. Sólo un poco de humildad y respeto lograría recuperar los resquicios de un diálogo franco. Sin embargo, la liebre es tan rápida que sólo puede apreciarse a sí misma en el espejo, con la certeza de que su valía está por encima de todos los demás. Y la tortuga, siempre rezagada, descubre en cada uno, de quienes van por delante de ella, un ser único e irrepetiblemente hermoso, pero ella sólo puede mirarse en el espejo a través de los otros, como si su valía estuviera por debajo de todos.

En medio de esta travesía, cada una perdía la fortaleza de la montaña que la antecedía, aquélla tierra que les daba fortaleza y autoestima, como si huérfanas quedaran en el camino hacia el oro prometido. Mientras más se acercaban, más opaco se veía el camino.

Un día, llegaron al reino del camaleón y éste les confesó que no había oro. Que todo era un truco para atraer a los animales hacia su montaña, la que en realidad era de carbón, pero como se trataba del reino del camaleón, con ayuda de la luz del sol y un poco de agua, él podía engañar la vista a la distancia. Era, entonces, para liebre y tortuga, tiempo de volver.

Pero ¿a dónde? se preguntaron y ¿cómo? si ambas estaban exhaustas de tanto pelear. La liebre decidió ganar camino y correr lo más rápido que podía, entre dientes agradecía liberarse de la lenta y enfadosa tortuga. Íba cantando, ríendo, brincando, en su paso, conoció muchas amigas, todas la entusiasmaron y se sentía cada día más importante, más grande, la única y mejor de todos los seres que habitaban esas tierras y era muy muy feliz. Se olvidó de la tortuga y recuperó su montaña de cobre, instauró un nuevo reino y todos los animales profesaban su credo.

En este reino, sólo había tiempo para correr y atropellar, nadie podía conversar con calma, nadie podía pensar dos veces antes de correr ni preguntar ¿por qué corrían o hacia dónde íban? Ganaban más y más medallas cada día, en competencias que repetían toda la jornada como única meta. Y muy pronto fueron la montaña más famosa alrededor. Así, la liebre ganó no sólo su montaña, ganó la admiración de todo quien a ella se acercaba.

La tortuga, en cambio, tras mucho meditar... guardada en su caparazón hasta haber recuperado su alma y su aliento, decidió explorar nuevos caminos y llegó a un manantial rodeado de orquídeas de oro y plata, agua nítida y un canto de paz, rodeado de aves bellas y bondadosas y en la orilla: una bella tortuga que la invitó a fundar un reino de amor. En donde cada quien lleve en sí mismo una montaña y alcanzar su propia meta sea su más grata recompensa. La tortuga agredecida de haber encontrado un pequeño paraíso y de haber disfrutado cada uno de los caminos que la llevaron hasta él, sólo podía sonreír, bailar y cantar de la mano de su amado. Sin prisas... entregada a la vida como si volviera a nacer.


Y tú ¿qué montañas quieres alcanzar?

Buen lunes mis amigas tortugas.




domingo 15 de noviembre de 2009

la calma

En medio del bosque, se escucha un silencio ancestral. La quietud se respira sin dificultad. El sol con determinación permanece y el frío congela el aire.

La música, con tímido atrevimiento, interrumpe el implacable otoño, que ya casi se confunde con el invierno.

La memoria de la mariposa azul sólo evoca a su amado y el recuerdo de sus encuentros, como si se le escaparan al ritmo de su vuelo; como si, al recordarlo, pudiera invocarlo o conservarlo. Como si, por un instante, pudiera olvidar que no le pertenece... y que guarda su viaje de vida lejos de sí.

La rosa blanca descubre su paciente espera fiel.

La araña está exhausta... al fin concluyó su casi suicida viaje al pasado y ahora sufre amnesia... y se pregunta :¿para qué lo hice? ¿por qué era importante? ¿valió la pena?

El hada de miel conserva intacto su corazón y, en su piel, resplandece el brillo de la esperanza.

El cerebro de la iguana está triste porque le exigen renunciar a su sueño de conocimiento, lo obligan a no aspirar a la originalidad ni a la creatividad.

La hormiga llora de tanto trabajar sin lograr ahorrar.

La princesa duerme... soñando con su amor.

La sirena disfruta su viaje a la luna con la esperanza de que, un día, el sol que la habita la llene por completo..

Y la mujer ... quiere nacer.


Y tú ¿cómo dialogas con las facetas de tu caparazón?

Feliz domingo amigas tortugas... poco a poco: la luz se asoma.


sábado 7 de noviembre de 2009

ruta de fin de año

Queridas tortugas, diciembre se acerca aceledaramente y todas las actividades se empiezan a encaminar hacia el nuevo año. Para mí, este proceso está siendo no del todo placentero... sin compreder porqué, finalmente, ha sido un año de realización y completud en muchos sentidos. Y es quizá por ello... al sentirme más plena, que puedo percatarme de mis profundas carencias y sentir cierta impaciencia de vida al verme en medio de un proceso de crecimiento que no logra consolidarse ni arraigarse y que, tras breves periodos de dicha y estabilidad, el futuro vuelve a vislumbrar incierto, como si de pronto, al unísono, temiera perder todas mis certezas. O quizá, es un signo del paso de los años... no tanto por vejez, más bien: un poco de madurez; y es curioso, pero, la serenidad adulta duele...

Paradójicamente, empiezo a invadirme de una calma de vida, que no recuerdo cuándo fue la última vez que la tuve. El tiempo se expande, como si el aburrimiento empezara a llenar los rincones de ausencias, aun cuando, me sienta tan llena de mí y de un mágico amor que, sin estar, lo vivo siempre presente.

Con cierta fragilidad, mi autoestima se pregunta sobre quién soy, qué he hecho, a dónde voy... como si este nuevo yo acabara de nacer a una vida que no conoce y que, por momentos, lo asusta. Una vida de paz.

Con el tiempo, las expectativas se reducen... de la mano de los sueños. El día a día se concreta casi repitiéndose -virtud y desdicha de toda burocracia-, sin embargo, no, por ello, implica menos trabajo de vida cumplir con tus responsabilidades, las cuales se acrecientan sin percatarte siquiera.

Una vez lograda la meta de la maestría, todo el panorama ante mí empieza a modificarse... como si al alzar la mirada descubriera nuevas alternativas antes impensables, como si el sendero planeado ya no cupiera en el nuevo horizonte que soy. O yo ya no encontrara lugar en aquéllo que parecía ser.

El amor ... sin puerto seguro aún: sólo islas inconexas que se interrumpen ante el impedimento. Ilusiones que se quiebran ante los días de soledad que me acompañan. Mi ser solitario que de pronto quiere más... y se impacienta ante el sueño de compartir el sol por la ventana en mi bosque de piel. El deseo de un nuevo amanecer de mar, quebrado en la espera. Y en el silencio: la esperanza de que el impedimento se romperá y, sin interrupciones, el tiempo será el mismo para los dos.

También ha sido un año de mucha gratitud, de aprendizaje y resarcimiento, de nuevos amigos, indecibles alegrías y algunas decepciones. La más contundente: la mía propia de no saber pertenecer ni conservar.

Un año de despertar desde el fondo del mar para encontrar a quien sabe dónde están los aretes de la luna. Y, con magia de tortuga, descubrir el rostro que desvela mi alma.

Así, mi ruta de fin de año es un camino de resignación, de retazos, de deudas, de esperas, de mucho trabajo, de serenas ilusiones... Y mis anhelos ... a veces olvidados... quizá: a punto de cumplirse.


Y tú ¿cómo te preparas para concluir este 2009?

Buena tarde mágicas tortugas... y que sus anhelos no se resignen.