domingo, 8 de julio de 2018

7 días...

... y contando. 

#Ganamos... #AMLOPresidente. Felicitaciones inmensas a todo el equipo de #MorenaVa y de #JuntosHaremosHistoria. Gracias!!! Si saltas... vives...




Esta vez estamos ya de cara a la meta final de la larga e intensa campaña (y jornada) electoral: el pleno ejercicio de la nueva composición del poder político. El 1 de julio elegimos, con libertad y en democracia, el rumbo de nuestro futuro como país. Y hoy estamos llenos de esperanza por todo lo que se empieza a vislumbrar ante nuestros ojos. Que el festejo no cese y que nada (ni nadie) impida que sigamos siendo parte de esta transformación. Juntos hicimos historia y juntos cosecharemos los frutos de nuestros triunfo. 

Nos esperan largos meses antes del 1 de diciembre. No desesperemos en el camino. Los ciudadanos vamos cambiando de lente y pasamos de la movilización electoral a la recomposición de una sociedad renovada, que se sabe dueña de su destino. Cierta melancolía nos puede invadir ahora: de cara a un desconocido futuro. Ahora que las piezas empiezan a ocupar su lugar en el nuevo juego de la política nacional, del cual seremos observadores... leales con nosotros mismos y con todo lo que nos hizo depositar nuestra confianza en los candidatos de la coalición #JuntosHaremosHistoria. Llenemos este extraño vacío, que nos arroja a nuestras realidades individuales, de la esperanza intacta de nuestras convicciones. Y no olvidemos la fiesta de esta experiencia colectiva... de la cual todos fuimos parte.

¿Qué esperamos de nuestros nuevos representantes? Esperamos que no renuncien a los cargos para los cuales fueron electos, que retribuyan la confianza que depositamos en ellos. Esperamos que logren encauzar la viabilidad de los proyectos de trabajo que respaldaron su triunfo. Que prive una nueva forma de hacer política. No la de dar y recibir en el mercado de una política de complacencias y compadrazgos, ni de repartición de cargos con base en la lógica de suma de beneficios y aliados a conveniencia. No queremos una política retributiva. En la que se posicionan los equipos de trabajo como avalancha rapaz que viene a apoderarse de todos los recursos del Estado. Queremos alianzas congruentes con las metas a las que todos aspiramos. Que sea la idoneidad y la competencia de los nuevos cuadros políticos, para cada cargo bajo su responsabilidad, lo que prive en la conformación de los nuevos equipos de trabajo. Que no haya vilezas que condicionen uno u otro nombramiento. Que se envíe una señal clara de que aquí nadie le debe nada a nadie y todos nos debemos al proyecto de Nación por el cual, con contundencia, más de 30 millones de mexicanos votamos. El nuevo Gobierno de la República no está en venta.

Ya no queremos ver baños de ego... ni improvisaciones. Queremos certezas respaldadas por la avocación al cambio que todos hoy festejamos. Queremos un México libre de vanidades e igualmente democrático para todos.

Es tiempo de sumar esfuerzos y no ceder en nuestro respaldo al liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Darnos un momento para acompañar esta transición con cautela, sin prejuicios. La labor de reconciliación exige la generosidad de todos nosotros. En sentido estricto, los trabajos de transición aún no comienzan. Se está tejiendo el entramado que hará de este proceso un triunfo más para todos. Oficialmente, éstos darán comienzo a partir de que se entregue la constancia del INE. Los asertivos movimientos previos son una muestra más del compromiso de todos los actores, que estarán involucrados en tal faena, y representan la certeza de que el nuevo Gobierno no improvisará. Hay un equipo, hay un proyecto y hay un líder a la cabeza. Hay una estrategia muy bien prevista y necesitamos aprender a escuchar con más cuidado el sentido, significado e importancia de cada uno de estos movimientos. Que la propaganda ni la premura del entusiasmo cieguen nuestros corazones. Como ciudadanos también tenemos mucho trabajo que atender en nuestra vida diaria. Acompañemos con sigilo y colmados de generosidad, hacia nosotros mismos, los acontecimientos por venir. No claudiquemos antes de empezar a comenzar.

Tampoco es momento de anticipar peligros, riesgos o resistencias "democráticas" (por cierto, que término más desatinado, porque cuando la democracia triunfa de forma tan contundente... todo movimiento de resistencia implica, obligadamente, el germen de alguna forma antidemocrática). Las supuestas agendas de contrapeso, que se traten de impulsar, son también todavía totalmente inútiles; primero tendrán que entrar en funciones los nuevos representantes, solo así: se podrá empezar a vislumbrar cuáles son ésas nuevas resistencias y movimientos de oposición y cuáles serán los verdaderos contrapesos que nuestra democracia necesitará. Entreguémonos con más calma al curso de los acontecimientos. Y que sea la propia realidad la que nos dé luces sobre los nuevos a caminos a seguir por parte de cada uno de los actores políticos y de cada uno de los ciudadanos. No es tiempo de empezar a amotinarse en torno a la necesidad de nuevas causas que den curso a nuestras expectativas y fervores. Es tiempo de sumar esfuerzos a las causas triunfantes. Y depositar en ellas nuestras expectativas y fervores de manera responsable y sin perder el sentido cívico de todo el camino que hemos recorrido hasta aquí. Comulguemos nuestros corazones en esta paz que estamos empezamos a construir... en medio del júbilo que todavía compartimos.

Interroguémonos con libertad ante los nuevos acontecimientos y no nos apresuremos a tener respuestas imposibles de descifrar a siete días de la elección. Conservemos el buen ánimo y el respeto entre nosotros. Dialoguemos nuestras percepciones, temores e inquietudes sin necesidad de consumar juicio alguno. Disfrutemos a plenitud los albores de la historia que juntos forjaremos. Y no olvidemos que todos somos bienvenidos en este México nuestro. Renunciemos a nuestros hábitos de antaño y aprendamos a abrazar nuestras dichas. Porque todavía no hemos bailado suficiente este festejo... 

Y que nada nuble el halo solar que el cielo nos regaló a manos llenas. Salud!!! Viva México!!! Gracias a todos y todas por vibrar colmados de esperanza!!! El futuro nos espera lleno de sorpresas...




Desde hace algunas semanas, quise compartir con ustedes que un largo viaje me raptó de este espacio de luz que me llena de satisfacciones cada día. De mis letras. Volver de los viajes que el alma emprende tras los senderos de otras latitudes: siempre es un camino arduo. Así como, arduo es volver de este viaje colectivo que todos compartimos en meses recientes. Probablemente, se debe a que el tiempo y el espacio se trastocan con todo el acontecer que visitamos, con el reflejo de todas las almas que abrazamos. Con la amnesia de nuestros quebrantos vitales. Y con la frescura de los abrazos renacidos. También, porque al permanecer lejos, por un breve momento, recordamos las razones por las que elegimos regresar a la realidad que nos compone... esfuerzo no menor. Y solo así, logramos recuperar para nuestro presente las alegrías que los viajes nos permiten experimentar.

La magia de tales travesías es que se suspende, por un instante, el continuo transcurrir de nuestros días. Como si algo nos arrebatara por unos segundos y después nos arrojase de vuelta a nuestras orfandades. Así también, tras el abrazo profundo con nuestra historia, y con toda la ciudadanía, cada quien es arrojado, sin más, a nuestros pequeños quehaceres cotidianos y a la aleatoriedad de cada uno de nuestros destinos. Pero, así como ocurre con los viajes... la felicidad es el tesoro que conservamos de la magia de las experiencias del "espíritu" (recordando un poco a Hegel). No perdamos la fe...

Mis mejores deseos a todos quienes tendrán la fortuna de forjar con sus manos la cuarta transformación de nuestra Nación. Estoy segura de que sabrán hacer lo correcto y no nos van a fallar...



Y tú... ¿cómo abrazas estos primeros siete días de historia?



Nos esperan felices días...
queridas tortugas.
Abrazos lleno de magia
para quienes
conservan mis letras
en su espíritu.
Gracias!!!



martes, 3 de julio de 2018

paloma...

... de la esperanza... que encontró "cielos más estrellados donde entendernos sin destrozarnos, donde sentarnos y conversar". (España, camisa blanca...Víctor Manuel San José)


Este 1 de julio ¡¡GANAMOS todas y todos!! No hay vencedores ni vencidos. Triunfó México. 



No es fácil expresar en palabras todo lo que significan las más de 24 horas llenas de intensidad, que hemos vivido como Nación, desde que pudimos tener la certeza de que Andrés Manuel López Obrador será nuestro próximo presidente. 

Entre la sonrisa, la emoción, el sollozo y la alegría... el festejo se diluye en agotamiento profundo: sin perderse la dicha. El trabajo todavía no empieza y parece que ha pasado un siglo desde el cierre de campaña en el Estadio Azteca. Un coloso abarrotado de amor que ya anunciaba la abrumadora victoria. 

Me siento afortunada por poder ser parte de la historia. Lo logramos. El sueño imposible nos ha sido brindado desde el cielo... gracias a nuestra capacidad de creer que otro México es posible. 

Un país que conserve todo lo bueno que tiene y que corrija el rumbo de todo lo que, con urgencia, merece ser enmendado. Un México de paz y felicidad. Una vida digna y libre sin el rezago de la injusticia social. Gracias al esfuerzo dedicado de millones de mexicanas y mexicanas. 

Todos hemos jugado un papel crucial para construir esta fiesta democrática que todavía se confunde entre el entusiasmo y la resaca. No podemos escatimar en reconocer el sello de la ciudadanía, en todas sus expresiones, como el vehículo para este gran logro nacional.

Hoy ya no hay contrincantes... emprendemos un nuevo viaje y vamos todos en el mismo barco. Solo así, llegaremos a puerto seguro. Aprendiendo los unos de los otros. Respetando nuestras diferencias y abrazando todo lo que nos une. Reconociéndonos como igualmente humanos. E igualmente importantes. Tendernos la mano entre nosotros y arrimar el hombro a todos quienes se han quedado marginados. Le debemos nuestro profundo compromiso a los rostros de conmoción que podemos descubrir en las imágenes que conservamos de estas horas prolongadas... desde que arrancó la instalación de las casillas. No nos podemos fallar a nosotros mismos.

Aplausos a nuestras instituciones y aplausos a los medios de comunicación. Aplausos a funcionarios y representantes de casillas. Aplausos a los candidatos que reconocieron la ventaja de la coalición #JuntosHaremosHistoria. Aplausos a Enrique Peña Nieto por comprometerse con garantizar la voluntad de nuestro voto libre, expresada en las urnas. Aplausos a todos los candidatos del gran número de puestos que fueron elegidos... a quienes fueron favorecidos y a quienes no lo fueron. Aplausos a todos los partidos y a todos los equipos de campaña. Aplausos a todos los voluntarios. Aplausos a los usuarios de redes sociales. Aplausos a todos y cada uno de nosotros. Porque así como cada voto cuenta: cada esfuerzo cuenta.

Y la magia de sumar esfuerzos es que... llega un punto en que somos tantos: que nos volvemos uno. Ya no importa nuestro nombre ni nuestro apellido, solo importa la fuerza de nuestros corazones y nuestra capacidad de dar: lo mejor que podamos ofrecer. El compromiso con la mejor versión de nosotros mismos y la generosidad para comunicarnos entre nosotros, sin necesidad de agredirnos en forma alguna. Entonando la más bella de las melodías. E inventar juntos la sinfonía en que México se puede llegar a convertir.

La dialéctica de la vida social hace imprescindibles a todos y cada uno de los actores y sucesos que hicieron posible que hoy, al fin, Andrés Manuel tenga en sus manos el futuro de nuestro destino, por seis años. Gracias por no claudicar y por no darte por vencido. Quienes te hemos acompañado desde que fuiste Jefe de Gobierno... Consultas, segundo piso... desafuero y voto por voto... casilla por casilla... Quienes te admiramos, y confiamos en ti, hemos recuperado la posibilidad de volver a ser parte de este destino. El alma de nuestra esperanza herida. Y la sonrisa que solo la justicia hace brillar. 

Gracias México por este regalo. Gracias siempre... porque hemos perdido el miedo de gritar con toda la fuerza de nuestro corazón "es un honor estar con Obrador". Y porque juntos pondremos en alto el nombre de México. Reivindicar las causas que nos han unido y volver a descubrir nuestros rostros: libres del desamparo. 

Y a quienes no votaron por MORENA: no tengan miedo... confíen en nuestro voto convencido y feliz. No se desilusionen. Bríndennos el beneficio de la duda y abran sus corazones para recibir con generosidad los frutos que juntos cosecharemos para todos. No se priven de ser parte de los nuevos senderos que exploraremos como país. No nos priven de compartir, sin distinción alguna, esta alegría. Reciban esta dicha. Aprendamos juntos a construir un futuro en el cual todos podamos sentirnos igualmente identificados. Juntos evitemos que excesos o errores se cometan. Y juntos exaltemos los logros que podamos acariciar. Juntos... hagamos historia.

Démonos permiso de sentirnos satisfechos... de aceptarnos como somos y de descubrir la belleza que habita en todos y cada uno de nosotros. ¡Viva México! ¡Sí se pudo!


Y tú... después de esta jornada electoral... ¿qué sueñas para México?


Fuerte abrazo de tortuga...
lleno de magia democrática.









miércoles, 20 de junio de 2018

45 años...

... y contando.


Los años, como los kilos, se suelen acumular con el paso del tiempo. Por alguna razón extraña, esto ocurre de forma cada vez más acelerada. Y conforme esto ocurre, más cerca podemos acariciar la persona que seremos mañana. No siempre nos es fácil reconciliarnos con nuestro futuro, porque mientras más jóvenes somos, más erramos en dibujar con acierto la forma del porvenir. Solemos ensombrecer con la luz de nuestros sueños los claroscuros de la realidad. Y solo, al mirar la vista atrás, logramos descifrar la forma exacta de nuestro destino.

La dicha del tiempo es que la única certeza que logramos rescatar, siempre, es la felicidad. El aprender a disfrutar cada uno de nuestros momentos vitales. Cada una de nuestras batallas. Incluso bajo la lluvia y sin dejar que el sol nos queme. Y ¡claro! la vida no es solo un sendero de días felices. Es decir, de alegrías y sonrisas. Sin embargo, sí es posible desarrollar el arte de aprender a sonreír incluso en medio de los días más oscuros, así como, no renunciar al disfrute de los quehaceres cotidianos, incluso en los días más sombríos.

Todos guardamos en el alma un lugar solo nuestro, al cual solo cada quien puede mirar, en su intimidad. Para alcanzar la certeza de nuestra vida, la incuestionable realidad de ser quienes somos, incluso cuando nadie nos mira. El cobijo de nuestro fuero interno. En donde se guardan todos los secretos... y los sueños. Ese rincón inédito de paz que renace con cada amanecer. La voz interior que nos recuerda que, a pesar de las férreas batallas, todo valió la pena... La voz que nos alienta a abrazar cada mañana sol como si fuera la primera vez que admiramos el cielo. Y dejarnos sorprender por un rayo de luna por la ventana, en medio de niebla y cenizas... en medio de lluvias torrenciales y volcanes en erupción.

Siempre hay una ocasión para que una mariposa blanca aparezca ante nuestros ojos y recordarnos que aquello que más soñamos, siempre, es posible... El vuelo de las aves que nos convidan de su libertad... junto con su canto sublime. Una rosa... una orquídea. Un jardín frondoso. Y un cielo que promete abrir sus caminos hacia el lugar en donde solo la música de las trompetas se logra escuchar.

Esos momentos en que descubrimos en unidad las dualidades y contradicciones que nos componen... y somos uno en plenitud... sin enajenación alguna y en total reconciliación.

El espacio sagrado de la vida. La profecía cumplida. El retorno del bien. La edad de oro. El renacimiento del espíritu humano. El misterio de la vida. El motivo y la razón de nuestras vidas. Quiénes somos... y cuál es la leyenda que nos raptó del elixir de la juventud... que nos separó del élan vital... Cuál el fuego que se convirtió en agua... Ese momento feliz en que todo cobra su sentido. Ese aliento en que podemos abrazar todo lo que somos y volver a respirar. Volver a amar. Amén.


Y tú... ¿cuántos años tienes?


Feliz semana!!
Abrazo lleno de magia
de tortuga...

sábado, 26 de mayo de 2018

Riki Rikín Canallín...

... tu teatrito se acabó. #AMLOPresidente 

A una semana del #Debate y despidiendo el #PosDebate... 35 días para las elecciones y de cara al debate del 12 de junio.



Hay circunstancias de violencia... que requieren el uso proporcional de la fuerza. Y aunque nuestro candidato favorito, #YaSabesQuien, arrancó el debate fuera de base... definitivamente, logró remontar y tuvo que encontrar el modo de inhibir la fuerza física que, con ilegítima alevosía, Anaya quiso imponer ante su presencia. A quien le faltan ideas propias (y argumentos) es a este pequeño rufián que pensaba podía intimidar, con tal vileza, a un candidato presidencial en televisión nacional: ante millones de personas. Le salió caro su error de cálculo. Terminó aplastado como insecto. Tal y como lo anunció, él mismo, al leer una cita de Trump... un desatino más de su estrategia.

No contaba con el sentido del humor y la determinación de Andrés Manuel. Como tampoco contaba con que, en esta ocasión, sus desmedidas e imprecisas acusaciones encontrarían respuesta contundente ante la crudeza de todo lo que él todavía no ha podido ser capaz de explicar con verdad. Es cierto que es un gran farsante y que sus palabras ensayadas se desmoronan ante la evidencia de que no tiene nada que ofrecer. Cuenta con un voto más o menos duro conformado por quienes todavía se aferran al PAN, los escombros del PRD, el aliento renovado del MC y el suspiro casi banal (que se esfuma con rapidez) de AHORA. 

Un voto cada día más débil que empieza a dudar de su sonrisa. Porque él solo se dirige a sí mismo, vive en soliloquio, atrapado en un discurso consigo mismo del cual no logra desprenderse. Es ajeno a todo lo que no es él y su asesoría técnica, que lo cubre de datos relativos y frases (aparentemente) muy sólidas, no le alcanza para ocultar sus grandes lagunas de ignorancia, incluso, sobre lo que es el Estado y lo que gobernar significa. Sin soslayar: que no conoce México. Un país que ya no es vulnerable (ni está dispuesto a dejarse convencer con falacias) ante las tácticas de trampa y traición con que logró "encumbrarse" políticamente... El sexenio de Calderón no fue en vano. La herencia panista es todavía imborrable de nuestra memoria histórica. ¡Basta de ineptitud y de abusos de poder! ¡Basta de tácticas de escarmiento! Anaya es insalvable.

Y hablando de malos cálculos... el cada día más lamentable caso de Meade. A pesar de haber mejorado su desempeño en comparación con el primer debate, el cual fue tan pobre que poco mérito hay en esto; lo cierto es que no termina de sorprenderme su falta de capacidades. Tras las entrevistas en Milenio y en Tercer Grado, cada vez estoy más decepcionada acerca del poco mérito que le otorgaba -al menos yo sí creía que era un tecnócrata bien hecho, un buen funcionario público y que sus credenciales académicas avalaban lo que intentaba representar. Sin dejar de lado que su "decencia" se resquebraja a medida que comprendemos cuán cómplice es de todos los abusos presupuestales que han visto la luz. En realidad ¡sí que no tiene vergüenza este personaje! Un niño consentido que se paró frente al espejo y dijo: quiero ser presidente porque lo digo yo... yo mero. Esperanzado y mal acostumbrado a que todos los demás le hagan la chamba. Otro insalvable...

A la luz de los recientes acontecimientos, considero que su formación académica es muy débil. Si acaso, llega a ser un técnico matemático de mediano alcance. Y es, más bien, un burócrata anquilosado lleno de trabas intelectuales que le impiden hacer de la función pública una tarea virtuosa. Que no cuenta con artes políticas... Pero eso, ya lo sabíamos. Insisten en hacernos creer que es el más brillante, el más preparado y el que tiene más experiencia. Pero, a medida de que más y mejor se desenvuelve, más da cuenta de que no se cumplen ninguno de los tres supuestos. No tiene un adecuado diagnóstico de la situación en que se encuentra México (en ninguna materia), no da cuenta de la experiencia de gobierno que tuvo: parece que le han pasado de noche tantos años ocupando cargos públicos de alto nivel. En materia de desarrollo social, suma peras con manzanas y le salen mal las cuentas, confunde unos programas con otros y no tiene una visión integral de los problemas fundamentales que caracterizan nuestra urgencia social. 

Además de mostrar que, para él, el objetivo del desarrollo social es ahorrarle dinero al erario público. Este es su más fuerte indicador de un trabajo bien hecho. Que no nos cuesten los pobres, que puedan seguir siendo pobres (no tan tan pobres) para que el Estado no tenga que "gastar" en asumir los costos de la desigualdad. Insiste en su discurso de eliminar las "brechas multifacéticas" que nos determinan, pero explica muy mal lo que cada una de estas brechas implica, así como, no logra proponer una política pública, sólida e integral, para erradicarlas o al menos "atenuarlas"; lo cual parece ser a lo único que aspira. Basta escucharlo, para entender porqué hubo tantos fallos en las promesas no cumplidas en este sexenio.

Y la denuncia del caso de Nestora Salgado mostró la más grande de sus bajezas. ¿Realmente no calculó lo costoso que sería para su campaña criminalizar la defensa social? Fue como ir a darle de patadas al avispero y perder la poca credibilidad con que contaba. ¿No conoce el caso de Ayotzinapa? y el alto costo que le ha implicado al actual gobierno. ¿No conoce el fracaso que significó el trabajo de pacificación con los grupos de autodefensa en Michoacán? Sin mencionar su talón de Aquiles: Mireles. ¿No conoce la realidad de Guerrero? y la incertidumbre que se vive en esta entidad, en materia de seguridad e inconformidad social. Ya solo con estos ejemplos hay miles de votos perdidos. Puso el dedo en el hartazgo que se vive, a lo largo y ancho del territorio nacional, ahí en donde este Gobierno ha entregado sus peores saldos. 

Meade vive ajeno a todas nuestras realidades: inmerso en una burbuja de jabón ("vel rosita"). Mandó una señal clara de que no es aliado de ninguna de las causas que más laceran nuestra sociedad. De que no comprende la convulsión en que vivimos. Y de que no tiene ninguna intención de crear puentes en donde en realidad se necesitan. Este hombre realmente no se está enterando de lo que está pasando en México. Se dirigió a su voto endeble con el riesgo de perder, en el intento, lo poco que le queda. Es casi ofensivo apelar a los factores de ingobernabilidad, mal apaciguados en este sexenio; a la impunidad y corrupción, el lastre que condena al PRI; a la debilidad de nuestras instituciones de seguridad y de justicia, tan observada en el voto de castigo contra el PAN y contra el PRI. Se metió un estruendoso autogol. ¡¿Realmente cree que el pueblo mexicano somos así de tontos?! Y para qué... ¿Para impedir una senaduría? 

Ni que la senaduría plurinominal (y "ciudadana") de Vanessa Rubio gozara de tanto pretigio o de representatividad alguna entre algún sector de la población. A quién representa esta mujer. Al menos, Nestora sí representa un sector realmente importante, y fuertemente lastimado, de nuestra sociedad. Esa es la legitimidad de su senaduría. Su representatividad. Darle voz y voto a las realidades que la componen, a la luz de su historia de vida; de cara a la verdad de nuestro país. Su liderazgo es legítimo. Algo muy ajeno a Meade y al grupito de "juniors" que lo acompaña.

Por no mencionar el desatino con que clasificó (calificó y descalificó) los distintos tipos de migrantes que, a su entender, existen en México, parafraseando: los pandilleros; los santos y prodigios mexicanos; y el lastre centroamericano que nos acecha. ¿No pudo informarse un poco al respecto? ¿Qué alguien no le ha contado que existe algo que se llama Derechos Humanos? Cada vez más en boga... ¿Alinearse con Trump de forma tan burda, en esta materia y muchas otras, es como piensa encabezar el rumbo de tan importante relación bilateral? Meade se sepultó en el debate. Que no nos confunda su avance en materia de expresión corporal y verbal. Mientras mejor se expresa más obvio es su desprecio a los principios básicos de la humanidad.

Así como, Anaya mostró, con desdén y bravuconería, su desprecio a la cultura de paz: cuando amenazó a EEUU con poner la carta del terrorismo sobre la mesa para mostrar la fuerza de México ante nuestro vecino del norte. ¿Cuál es su concepto de negociación? ¿Su sentido y comprensión de las relaciones diplomáticas? Al estilo de Calderón, casi nos dijo que: "...y si no puedo con las presiones de EEUU, les mando el ejército a la frontera... para mostrarles mi fuerza como oponente, enfrentarlos y aplastarlos." "Uuuy qué miedo", dijo Trump... "¡Carajo!"... dice México... 

Volviendo al arranque del segundo debate presidencial... Y al despiste de Andrés Manuel. Porque su mente fue raptada... quiero pensar: por un momento de inspirada distracción. Ahora sí que se le fue el avión... Y nos hizo sufrir!! como si estuviésemos frente a un pase a gol... Yo como soy una distraída por naturaleza, vivo absorta en mis pensamientos, suelo confundir nombres y fechas con mucha facilidad... y digamos que tengo una mente global... (para bien y para mal). Me identifiqué de inmediato con él. Y me decía a mí misma en voz alta, porque vi el debate del domingo pasado en la soledad de mi alcoba, como paso la mayor parte de mis horas: "Andrés, Andrés... la pregunta! la pregunta!..." 

... La excelente pregunta que abría el debate con una posibilidad invaluable para que los candidatos se lucieran y marcaran muy clara su postura ante un mundo que va mucho más de Donald Trump, en el contexto de la oportunidad que puede representar para México la actual renegociación del tratado de libre comercio con nuestros vecinos del norte. Ocasión que ninguno supo aprovechar debidamente. Al menos, Andrés Manuel se distrajo por unos segundos. ¿Cuál es la justificación de los otros candidatos? 

Finalmente, cada quien arrancó con su agenda propia y con la urgencia de anteponer su mensaje de campaña, con más ahínco que con la poca disposición que mostraron ante el diálogo ciudadano que tendría lugar en Tijuana. Así como, más concentrados en apegarse al libreto de sus asesores de campaña y las técnicas de movimiento y retórica mediática a su disposición. Aún así, no supieron brindarnos un "espectáculo" a la altura de las circunstancias... 

Pero sí qué fue todo un espectáculo...

Me di a la tarea de hacer un pequeño ejercicio más detallado, con base en los primeros minutos del debate, solo para darnos una idea de las diferencias de fondo que sí podemos señalar entre cada una de las posturas a debate.  

Antes, solo quiero mencionar las limitaciones que yo percibo acerca del nuevo formato del debate (el cual sigue mejorándose con buenos resultados): faltó un mensaje de apertura por parte de los candidatos, la dinámica entre la pregunta del público y la intervención de los moderadores (incluidas sus preguntas para cada bloque) redundaron en un caos de información extenuante (amenizado por el ataque y contra ataque de los jugadores) y esto abonó a que se diluyeran las propuestas (y sobre todo sus posturas generales) sobre los temas en cuestión. Pues sí podemos rastrear, con mucho esfuerzo, tales. 

A mí me parece que deben independizarse los bloques de preguntas por parte de la moderación (bolsas de tiempo y réplicas) de las preguntas de la ciudadanía. Las cuales deberían ser más de 6, pero recibir solo una respuesta (de un minuto o dos) de cada candidato (y seguir adelante con la siguiente pregunta), de esta manera, hacer más dinámico y directo este diálogo; así como, sortear el orden de participación de los candidatos al responder cada pregunta, para que no haya inequidad (ventajas ni desventajas) en la interacción de los candidatos con los ciudadanos.

De mi ejercicio casero, trataré de rescatar un fragmento de lo que dijo cada candidato durante la primera parte del debate, de la manera más aislada y resumida posible. Para que cada quien haga su propio ejercicio y valore por sí mismo.

Por una parte, Anaya:
- priorizar el comercio con EEUU
- crítica al gobierno de Peña Nieto por haber recibido a Trump en el período de campaña
- enfrentar a Trump con rudeza para que nos respete
- al enemigo no se le apacigua 
México y EEUU se necesitan
- voy a poner todo sobre la mesa con valor, dignidad y firmeza y que no se les olvide que por México no ha entrado un solo terrorista
- trabajo bien pagado (subir a 100 pesos el salario mínimo y en cuatro años duplicarlo) [reminiscencias con AMLO]
- a quien gane menos de diez mil pesos mensuales exentarlo de impuestos sobre la renta. [reminiscencias con Margarita]

Meade, por otra parte:
- existen oportunidades comerciales en muchas partes del mundo y las deberíamos aprovechar
- basar la relación con EEUU en el respeto y la mediación: ceder algunas cosas y aceptar algunas cosas para que funcionen las líneas rojas que no se pueden traspasar
- mención al reciente tratado comercial internacional aprobado y reproche a la bancada de Morena por no votar a favor
- "no, yo no creo que las cosas están terribles": al juzgar por los resultados
- equipara la salida de Trump de otros acuerdos con otros países del mundo (nuclear, medio ambiente, derechos humanos) a la posible salida de Trump del TLC y da alabanzas de que, al menos, nosotros seguimos negociando
- la invitación a Trump en periodo electoral fue acertada porque era impensable que ganara y también al juzgar por los resultados
- cerrar las brechas socio económicas con comercio e inversión
- trabajar directamente con las familias y ver cómo podemos ayudarlas
- esta vez no les vamos a fallar.

Andrés Manuel:
- la mejor política exterior es la política interior
- tener autoridad moral para exigir respeto
- erradicar la corrupción para contar con autoridad moral
- los gobierno del PAN y del PRI han sido corruptos, por eso, México ha perdido credibilidad en el extranjero
- vamos a acabar con la mafia del poder
- fortalecer nuestra economía
- fortalecer el mercado interno
- no comprar gasolinas en el extranjero
- no depender del extranjero para garantizar comercio y consumo internos
- autosuficiencia alimentaria vs. sembradíos de droga
- a favor del TLC y del respeto mutuo entre EEUU y México
- no a la guerra comercial y apertura al comercio exterior
- de acuerdo con aumentar los salarios (al doble en la franja fronteriza; acción inmediata)
- es injusta la diferencia de salarios entre México y EEUU
- mucho debemos en materia de salario mínimo.


Y tú... ¿todavía dudas de que López Obrador será nuestro próximo presidente?




Feliz fin de semana...
queridas tortugas.




domingo, 20 de mayo de 2018

México vs. UNASUR...

... ¿A la izquierda o a la derecha?



Ninguna de las dos... probablemente. Solemos construir la fantasía de que México está cerca de convertirse en algún otro país... casi por arte de magia... Lo cierto es que, a la derecha o a la izquierda, como México no hay dos. 

Les confieso queridas tortugas que me he demorado mucho en estas letras. Sigo sin encontrar la forma de comunicar la decepción que siento cada vez que se trata de comparar a México con Venezuela, como forma de descalificación o debilidad hacia Andrés Manuel. En primer lugar, porque no creo que sea incluso válido. Pero, con más ahínco, porque este tipo de estrategias sólo buscan deslegitimar a quienes apoyamos con nuestro voto duro, convencido, feliz y lleno de esperanza a MORENA. 

Esta es la injusticia más grande por parte de quienes tratan de infundir miedo y dudas hablando de Maduro, de Chávez, etc. Agreden nuestra libertad democrática. Agreden la historia de México. Y olvidan, por mucho, la situación en la que nuestro país se encuentra. Entre otras cosas, a causa del populismo demagógico Foxista, Calderonista y panista, en general. Creo que México ya enfrentó casi todos sus peligros y que hoy estamos pagando caro la irresponsabilidad de gobernantes que no tomaron con la debida seriedad su papel presidencial. Y no conformes, no quieren ceder en su intento por conservar el poder.

Yo, en cambio, me permitiré hacer los siguientes símiles... compararía a Anaya con Correa, a Calderón con Chávez, a Fox con Maduro... los ejemplos más autoritarios de América del Sur, en tiempos recientes. Quienes representan muy bien el extravío con que traicionaron todos los valores de la izquierda, radical, que decían defender (quizá porque nunca representaron una verdadera izquierda). Así como, en México, el PAN traicionó su vocación de vida digna, social demócrata, mostrando su rostro conservador, reaccionario y represor. Dejando en alto el nombre de la derecha. Por no mencionar que, incluso en este paralelismo, los exponentes mexicanos fueron, además, incompetentes (o tan incompetentes como Maduro). Y Anaya creo que no alcanzaría ni a sumar lo que sí logró construir Correa. Su candidatura, en declive, lo desdibuja cada día, con más acierto, como un farsante... ojo: un farsante autoritario. 

Meade se cuece aparte. Entre otras cosas, porque, en el fondo, su corazón está más apegado a "Harvard" que a filiación política alguna. Yo sigo sin dilucidar a qué esfera de la población realmente representa. A veces parece: que no es capaz ni de representarse a sí mismo. Nos ofrece tonos grises y su idea de futuro no muestra contundencia alguna. ¿Qué sería de México si dependiésemos de sus relativas virtudes?Es una incógnita que, espero, no tendremos que despejar.

Porque, al menos, Chávez y Correa tuvieron años en que entregaron resultados efectivos para mejorar la vida de sus países. No, en cambio, Maduro quien solo ha dado muestras voraces de su ambición de poder a costa de la vida de todas y todos los venezolanos. Ha llevado a Venezuela a una crisis humanitaria sin parangón en nuestra América. Incapaz de generar consensos, de dialogar con la oposición con respeto a sus libertades, sin resultados tangibles para la vida de ningún sector de la ciudadanía. El se alimenta de circo y folclor y abusa de la voluntad de las personas que todavía creen en lo que algún día fuera el proyecto de Hugo Chávez. Sin liderazgo alguno. Desesperado por conservar las pleitesías de un "partido de estado" (al estilo soviético) cada día más resquebrajado, dogmatizado y en franca decadencia. Sin principios, sin ideales y sin capacidades de gobierno. 

Rafael Correa logró cosas importantes en sus primeros años de gobierno, sin embargo, la corrupción y el abuso de todos los poderes, su infinita soberbia y arrrogancia, lo llevó a sucumbir de forma trágica y dejó al Ecuador sumido en una irreconciliable (y dolorosa) contradicción. La carrera política de este controversial personaje es totalmente opaca, sale de un salón de clases para convertirse en un líder nacional. Muy efectivo en sus artes de comunicación logra una aprobación casi fanática, a merced de la falta de liderazgos que lo sustituyan. Y al final del día... fracasó en llevar a su país a puerto seguro. Pero no por la obra social que sí hizo, sino por todo lo que deshizo, incluido su propio proyecto.

A estas alturas de la contienda (sobretodo si sumanos el 2006 y el 2012), debería ser obvio comprender que entre Maduro y López Obrador existe un abismo. No hace falta ser un gran conocedor de nada para ver cuán incomparables son. La forma en que Maduro asciende al poder, su "currículum", su trayectoria seudopolítica, su insensibilidad ante el hambre y la injusticia: que él mismo ha provocado... Porque en tiempos de Chávez las cosas fueron muy diferentes. Maduro se impuso. Y se sigue imponiendo a la fuerza. Hace oídos sordos a la realidad. Es uno de los personajes más macabros de nuestra América, después de Pinochet.  

Ahora bien, vale la pena comprender mejor la circunstancia económica de nuestros vecinos del sur, pero no me voy a detener mucho en esto, los invito a visitar los siguientes enlaces... si quieren conocer un poco mejor UNASUR y el MERCOSUR; ojo: alianzas económicas de desarrollo, muy importantes. Dentro del marco de un análisis convencional. Sin mayores repercusiones políticas de alto vuelo.
http://www.unasursg.org/es/objetivos-especificos


Lo que aquí me interesa destacar, con mucho más detenimiento, es lo que sí cuenta para el proceso histórico que vivimos en México. Y antes de dejar de lado los símiles, solo mencionar que si de alguien veo yo cerca a AMLO es de Mujica y de las fortalezas políticas de Lula, guardando las debidas distancias y proporciones. Recordemos que Mujica fue preso político, miembro de un movimiento guerrillero (de corte comunista) en medio de una dictadura militar atroz. Por no mencionar que el Uruguay no tiene referente alguno con ningún lugar de nuestro territorio. Lula, en cambio, tiene una historia forjada como líder sindical (en este contexto, tendríamos que hacer una revisión histórica de los sindicatos en México y su relación directa con el poder ejecutivo en el marco de un orden de poderes en equilibrio). Además, Brasil es un país cuyas convulsiones no tienen comparación alguna con México. Por lo que tampoco podría haber una honesta comparación entre los tres. Salvo el espíritu virtuoso, que comparten, de favorecer a los más desprotegidos. Y representar un referente político y moral incuestionable.

Por otra parte, la historia de la izquierda en México (pensando, en mayor medida, en la consolidación del movimiento Cardenista, a partir de 1988) estaría mucho más cerca de la experiencia Kirchner en Argentina (en particular, los primeros periodos; al margen de las connotaciones peronistas). O más a la par de un Alan García en Perú, un Rodrigo Borja en Ecuador, incluso: un Óscar Arias en Costa Rica (éste más hacia el centro-liberal y refiriéndonos, sobretodo, a su primer periodo). En el caso de México, sin un "Sendero Luminoso" ni una selva amazónica (en contraste con una costa comercial oligárquica y una sierra indígena-colonial)... y sin la tradición de paz de la "Suiza americana". Es decir, una "izquierda" de vías institucionales con cambios graduales y definiciones claras sobre el bienestar social. Si bien, la izquierda en México también ha contado siempre con corrientes mucho más radicales, las cuales siguen representando porcentajes relativamente bajos de la población. 

En tiempos más recientes, de tercera vía y experiencias social demócratas, podemos trazar afinidades con Chile y, de algún modo, podríamos decir que siempre hemos estado más cerca de Colombia. Lamentablemente, coincidiendo ante el flagelo del narcotráfico y del crimen organizado. Pero... a la vez, muy distantes porque las FARC son un fenómeno ajeno a nuestra historia, así como, los representantes de ultra derecha que intentaron combatirlas incrementando su poder. Y tanto los gobiernos chilenos como colombianos han sido, por mucho, más conservadores. En tiempos más recientes, incluso, más moderados. Más aparejados con lo que han representado algunas fracciones del PRI. Y con apego a los procesos de globalización de los años 90.

A Evo Morales no lo incluiré en este análisis porque Bolivia era uno de los países más pobres del mundo, vivió sumergida en condiciones de miseria. Su población indígena, de cultura  ancestral Inca, es prácticamente mayoritaria. Y su realidad tiene características inconmensurables. Evo representa a su país y conserva el apoyo de la mayoría de la población, por las vías institucionales. Es el único presidente de América que representa en carne propia a los pueblos originarios de nuestra América prehispánica. 

Y también es importante tomar en cuenta que la conquista europea tiene una historia en América del Sur muy distinta a la narrativa de México, Centro América y el Caribe. Además dispar: no es lo mismo la Gran Colombia que los países de la Patagonia (con menos población originaria y mucho más influenciados por las migraciones de Alemania e Italia, posteriores), así como, Brasil (colonia portuguesa marcada por el signo de la esclavitud de la población afrodescendiente). 

Y en lo que a parecidos concierne: no es lo mismo Simón Bolívar que Hidalgo (y Costilla) y Morelos (y Pavón). Tras la Independencia que marcó la historia de la América post-colonial, bajo la influencia de Estados Unidos y Francia; un siglo después: solo México tuvo una revolución social (de masas) y republicana a la vez (o que derivó en el fortalecimiento de un modelo republicano, con antecedentes claros en el papel crucial que Juárez, y la época de Reforma, representa para la constitución de México, y la resistencia de Porfirio Díaz a todo lo que él representaba, incluido su origen indígena). Sin olvidar, la intervención francesa y el fusilamiento de Maximiliano. Lo cual debería darnos muchas luces para comprender la revolución socialista de fines del siglo pasado, e inicio de este siglo, que tanto vivificó la América del Sur. 

En México no tuvimos dictaduras militares ni tampoco guerrillas vigentes o exitosas durante la época de la guerra fría. No tuvimos golpes de Estado. México eligió otros caminos y se ha construido con un modelo propio. Único en América Latina. Y solo México es vecino fronterizo de los Estados Unidos. De ahí que los discursos "anti-imperio" (de corte socialista) jamás han fructificado aquí. Pero sí un patriotismo nacionalista, obligado por la sobrevivencia digna. Al mismo tiempo, solo nosotros hemos tenido que defender nuestras tierras y nuestra identidad nacional con tanta fuerza, a causa de esta vecindad. Así como, o por lo mismo, Estados Unidos no ha podido nunca intervenir México con la misma ferocidad con que sí lo hizo en otros países. Siempre motivado por una expansión política, un dominio comercial y el control sobre el petróleo de los territorios americanos (y en este contexto, no es gratuito el colosal escándalo de Odebrecht que, en términos estrictos, poco abona para erradicar la corrupción y mucho ha ayudado a desestabilizar la gobernabilidad en América Latina).

Y aquí aparece un aspecto clave... El resto de América Latina estuvo siempre más abierto a los Estados Unidos, sus movimientos opositores fueron marginales y/o brutalmente reprimidos. Y Venezuela es un claro ejemplo, tras el despilfarro de las grandes rentas petroleras (que todavía poseen y que quién sabe en qué las invierten), la cultura venezolana se aparejaba más a una colonia de Estados Unidos (no construyeron una nueva institucionalidad propia hasta que llegó Chávez, por ello, el referente inmediato sigue siendo "El Libertador"). Al menos comercialmente, era como estar en Miami. Caso similar el de Panamá y no se diga: Puerto Rico. 

Y en este contexto, la joya de la corona: Cuba libre. El primer país socialista de América. Con Fidel, excesos y virtudes, a la cabeza. Este es el caso más atípico de todos. Empezando porque es el único que supo, en su momento, erradicar la pobreza masiva. Flagelo vigente en el resto de América. Nos llevan ventaja en indicadores de desarrollo, educación  y salud. ¿A qué costo? Uno muy alto. En condiciones aún de precariedad. Otra historia podríamos contar sin el bloqueo del que han sido objeto. Tras la caída del bloque soviético, su aliado por excelencia. Bloqueo por demás contrario a todo principio de humanidad. Fidel tomó una decisión muy difícil. Miró por demasiado tiempo solo un lado de la moneda. El de no dejarse amedrentar ante un abuso consumado. No doblegarse ante una medida de fuerza. Era una cuestión de principios. De resistencia y justicia. 

Sin embargo, olvidó que su pueblo sucumbía de necesidad. Y que cada vida cuenta. Cuando se trata de ideologías nunca se debe renunciar al beneficio individual. En términos estrictos, el bienestar solo se mide en personas de carne y hueso. Y el discurso no puede ir más allá de la realidad vital de las personas. Solo los cubanos tienen el veredicto definitivo ante el saldo de su historia. Lo que no se puede negar es que siguen siendo un referente inigualable de sobrevivencia, lucha y libertad (aun a costa de otras libertades, más subjetivas, pero igualmente importantes: a la luz de la historia... las más vigentes e irrenunciables). 

México, en medio de todos sus atrasos y tropiezos, ha estado a la vanguardia de América Latina. Por eso, cuando volteamos la mirada a nuestra realidad histórica debemos siempre mirar desde otro lugar. Desde un espacio solo nuestro. Y analizar nuestro presente a la luz de nuestro pasado. Sin subestimar nuestra herencia revolucionaria de inicios del siglo pasado, sin subestimar que hemos tenido más de una primavera. Un EZLN y un "voto por voto, casilla por casilla". Un partido hegemónico por más de 70 años. La nacionalización del petróleo. Un "sistema que se cayó" y el nacimiento de un Instituto Federal Electoral. Un candidato presidencial asesinado y otros crímenes en las más altas esferas del poder, como síntoma de una élite resquebrajada, ya desde 1994. Un año 2000 de voto útil (que hoy podemos valorar por demás infructuoso, ante todo lo que "nos prometimos" entonces y lo que obtuvimos a cambio) y el regreso de un PRI que no es ni la sombra de lo que fue. (Entre muchas otras coyunturas.)

Y entre ambos periodos: un sexenio panista fallido que recurrió al ejército para afrontar flagelos que no podía ni comprender. Un México movilizado, desde entonces. Expuesto a horrores inimaginables e incomparables con el resto de América Latina. En contraste: un lugar en la OCDE. Un tratado comercial con Canadá y Estados Unidos (ahora en renegociación) que nos obligó a reconceptualizar todas nuestras instituciones. Nos avocó a referentes internacionales que no teníamos. Y precipitó el curso de nuestros acontecimientos históricos. Un forzoso tránsito hacia la promesa de una nueva modernidad que aún no logramos concretar. Desde 1988 estamos atrapados en una transición que no tiene forma definida aún. Y sin embargo, hemos logrado "avanzar" (o si quiere: sobrevivir). El problema es que seguimos sin conciliar hacia dónde queremos avanzar. De qué manera queremos vivir de ahora en adelante... para dejar de sobrevivir. 

Este largo proceso transicional, rico en etapas, triunfos y ecatombes, sigue siendo un proceso de aprendizaje. Enseñanzas que se suman, hoy, a la falta de resultados que se han obtenido de las promesas neoliberales, independientemente de los logros alcanzados en la materia. En especial, si lo medimos de cara a las necesidades reales de la mayoría de la población. De cara a cada una de las personas, de carne y hueso, que componen nuestro país. De cara al alto costo en criminalidad y corrupción que actualmente nos acecha.

No debemos olvidar, ni subestimar tampoco, que es nuestra herencia revolucionaria lo que nos obliga a la civilidad. Una civilidad que solo se pudo quebrar de forma significativa ante una mezcla extraña de derecha retrógrada, liberal, regresiva, democrática, socialmente moderada, tecnócrata, demagógica e innovadora, a la vez -a la cual no estuvimos antes expuestos, como sí lo estuvieron otros países de América Latina (en versiones más conservadoras) en su pugna por construir instituciones, a lo largo del siglo pasado. Quedando totalmente huérfanos ante el narcotráfico y el crimen organizado. Y aun así, seguimos siendo un país de "instituciones". En medio de una guerra civil de no tan baja escala, pero todavía "imperceptible" para sectores afortunados de la población. Somos un entramado de complejidades imposible de cuantificar. Imposible de interpretar con modelos restringidos a la realidad de otros países.

Somos una ciudadanía que aspira a la paz por el camino de la razón. A pesar de ser una población víctima de una clase política que, por exceso, se conformó con la corrupción. Una vez que se descubrió incapaz de recuperar nuestras instituciones para el desarrollo pleno de toda la población. Somos casi un milagro. Y es esta civilidad la que hoy pugna por el respeto irrestricto al sufragio efectivo, la que clama por un cambio de esperanza. ¿Cuál peligro puede haber en esto?

Si bien, transitamos con relativa paz, con aciertos y desazones, a la era de boga neoliberal. En gran medida, obligados por las circunstancias. Y con poca autonomía. Lo cierto es que hubo muchas simulaciones para lograr mostrar este rostro ante el mundo. Simulaciones vigentes que para lo único que abonan es para la impunidad. Hay un abismo entre nuestras leyes y nuestras prácticas sociales. Hay un limbo entre nuestras necesidades y nuestra capacidad política y social de hacerles frente. Hay una irracionalidad entre nuestra riqueza (y prosperidad) y nuestras miserias (y realidades subdesarrolladas). No se trata de izquierdas o derechas. De modelos económicos más o menos conservadores, más o menos liberales. Se trata de la vida. De la posibilidad de un futuro digno para todos. Y hoy estamos ante una decisión crucial para recuperar el rumbo de nuestra historia. Con base en nuestras propias reglas. Porque México es México... y solo nuestro. 

Para quien quiere centrar sus críticas a AMLO en los riesgos que para algunos representa su "autoritarismo" y su "populismo". Quisiera hacerles notar, por un lado, que el liderazgo de Andrés Manuel es indispensable para llevar a cabo una verdadera transformación en México. Por otra parte, no confundamos tiranía con determinación. Autoridad con abusos o caprichos del poder. La autoridad de López Obrador es una expresión de su liderazgo. Y la vocación de su liderazgo se revela en la confianza que depositamos en él quienes creemos en su capacidad para gobernar y llevar a buen puerto nuestro país. El tiene "ése no sé qué" que se necesita para gobernar, es un líder nato. Y eso despierta más bien celos en todos los políticos que tratan de combatirlo.  Es cierto, es apabullante. Pero en el buen sentido, es digno de admiración. Basta acercarse un poco a él para descubrir la fortaleza de su carácter y la determinación en todo su quehacer. La congruencia de su espíritu. La honestidad de su alma. En los últimos 20 años, no ha hecho otra cosa que conciliar y demostrar sus brillantes artes políticas. Es un hombre de paz y respeta la voluntad de la ciudadanía. Y  su fuerza radica en que está seguro de lo que quiere y debe hacer. Tiene un proyecto sólido. No titubea. Pero tampoco está dispuesto a quebrantar la ley para cumplir sus objetivos. Y de eso ya ha dado muestras claras y consistentes. Así como, lo hemos visto madurar y transitar de la resistencia (y polarización obligada, ante la presión de sus opositores) a la reconciliación y la inclusión plena de todos los sectores de la población (ante un llamado urgente de unidad, eje vital de su propuesta electoral).

En cuanto al "populismo". Término por demás desafortunado. Gelatinoso y cargado de prejuicios y estigmas. Lo primero es distinguirlo de la demagogia. Su versión negativa. Porque el problema no es gobernar con "popularidad", lo cual puede ser incluso banal. Con más significado: el riesgo no es gobernar con base en proyectos populares ("populistas"), en tanto que buscan el beneficio (y no el benéplacito) de la mayoría de la población, con más énfasis: el bienestar de los sectores más desprotegidos. El problema es usar el discurso del bienestar sin estar comprometido con hacer lo que sea necesario para hacerlo posible. Ésta es la demagogia populista (normalmente, una práctica que nace en el seno de la ultra derecha), ajena a Andrés Manuel (y a las tradiciones de izquierda de América Latina que, con creces, han construido sus espacios: haciendo frente a los monopolios de poder, económicos y políticos, que siguen estando al servicio de los intereses de sectores minoritarios y más afortunados de nuestras sociedades). 

Por mi parte, que me apunten en la lista. Porque a mí no me da miedo alguien que de verdad se va a comprometer con el bienestar sostenido y sostenible del pueblo de México. Alguien "populista". Yo no le temo a alguien capaz de hacer cosas y lograr resultados tangibles. A romper la simulación en la que nos encontramos sumergidos y en donde todos, de una u otra manera (por convicción, conveniencia, resistencia, necesidad o resignación), hemos encontrado una zona de confort. Lo que nos asusta es que Andrés Manuel va en serio... Y nos asusta porque no sabemos cómo dialogar con alguien que logre ir más allá del discurso y hacer de sus palabras hechos. Yo no le temo a su determinación. Es precisamente por ésta que voy a votar por él. Sin titubeo alguno. Feliz, sin enojo y sin temor. Con convicción. Y colmada de buenas razones para hacerlo.

Y para desterrar, de nuestros imaginarios de opinión pública, la triada Venezuela-tiranía-populismo vs. Andrés Manuel es un "caudillo populista" y nos convertirá en Venezuela... Y de cara a cualquier otra similitud que en este rubro se quiera hacer en lo que respecta a México y otro país de América Latina. Yo veo dos causas por las cuales las recientes experiencias "populistas de izquierda" han dejado tan malos saldos. La perpetuación antidemocrática en el poder y las prácticas fascistas de las oposiciones que las combaten. Estas causas son una mezcla mortal. 

Si Correa, en vez de extender su mandato, tramposamente, cuando se establece la nueva constitución, hubiese concluido pacíficamente en cuatro años (el tiempo por el cual fue elegido) y dado paso a elecciones libres y democráticas, habría conservado su legado (en beneficio de los ciudadanos). Alianza País, el partido oficial, habría tenido que entrar a una nueva contienda electoral en condiciones de competencia, incluso con alternancia y con posibilidad, o no, de recuperar el poder. Dando espacios sanos para la libertad de expresión y dando lugar a la representatividad de los distintos sectores políticos del país. Así, el Ecuador habría podido madurar sin tantas estridencias. Sin la resonancia de discursos recrudecidos de oposición. Sin el oprobio de la corrupción bajo la cual sucumbieron los anhelos que lo llenaron de esperanza. Sin necesidad de resquebrajar la convivencia de la ciudadanía.

Lo mismo en Argentina, Cristina Kirschner habría dado mejores resultados si hubiese dado lugar a la alternancia tras el periodo presidencial de Néstor Kirschner, o tras su primer periodo, así, se habría podido reelegir con más eficacia y ahora no estarían en tales aprietos. Finalmente, sumaron entre los dos: 12 años de gobierno. Lo cual incrementa el encono de algunos sectores de la población y la tensión entre las fuerzas opositoras al régimen. Podrían haberse beneficiado, todos los argentinos, de la suma de las virtudes de dos modelos económicos. Sin haber lastimado tanto la economía Argentina. Respetando la equivalente representatividad de las distintas alternativas políticas. La suma de rumbos que de verdad concilian la voluntad de los distintos sectores de la población. Es tiempo de superar los paradigmas de la guerra fría, para dar paso a la viabilidad de nuestras democracias.

Y si Chávez hubiese aceptado el triunfo de Capriles, en un momento en que ya Venezuela necesitaba un nuevo equilibrio, hoy Maduro estaría compitiendo por la vía electoral y pacífica, con altas probabilidades de ganar (o no), pero bajo un espíritu de verdadera competencia democrática. La población podría seguir capitalizando las virtudes del régimen chavista y sanándose de sus excesos, en conciliación con el curso de su historia. Y Venezuela no estaría jugándose su futuro entre la vida y la muerte. Porque sí, Chávez abusó del poder (como por ejemplo: cercenó las libertades sociales de expresión, de pensamiento, comerciales, solo para obligar a toda la población a pensar igual que él, porque él estaba convencido de que sabía mejor que nadie lo que era mejor para todos; lo cual es indefendible). Pero, no se puede soslayar tampoco, que en Venezuela: quien no ha dejado de tirar de la soga hasta ahorcar, ha sido la oposición  (y en este contexto, la sola posibilidad de un bloqueo es una infamia). Así que ambas partes son igualmente responsables. Por eso la polarización es irreconciliable. Hasta que acepten ambos extremos sus errores: podrán volver a la conciliación. 

Y si bien, la toma de postura en contra de los abusos de Maduro goza de consenso internacional y de la gracia de lo políticamente correcto, lo cierto es que, hoy, la derecha venezolana no tiene todavía los votos de la mayoría (porque probablemente en la campaña a favor del régimen es que se han estado gastando las rentas petroleras...). Y por eso, las fuerzas opositoras recurren a instancias extranjeras para evitar los comicios y, una vez derrocado Maduro (que es  a lo que apelan, no están pidiendo elecciones democráticas), aspiran a una vía "democrática" en la que puedan ellos blindar el sistema electoral a su favor. Por eso recurren a la provocación y a la violencia, como única arma para derrocar al chavismo. El problema es que Maduro responde de la misma forma burda, él es una suerte de fascista de izquierda (lo cual es una aberración conceptual). 

Entre fascistas se vean. Nadie puede ayudarlos, más que ellos mismos. Y los únicos que pierden en esta pugna ilimitada de odio y poder... son los ciudadanos venezolanos de carne y hueso, presos de la propaganda ideológica de ambas partes, obligados a una filiación mercenaria y, en el inter, sin ninguna garantía para la viabilidad de una vida plena. Situación que parece importarle muy poco a los dos extremos que pujan por el dominio irrestricto del poder. Se ha convertido en una lucha por lo "bueno". Por el "idóneo" camino a seguir. Por quién posee la "verdad" más absoluta.

En México también tendríamos menos saldos rojos si Calderón no se hubiese empeñado en ganar a toda costa. El legado de Fox era la democracia, pero él mismo lo destruyó. Gracias al triunfo de Fox en el 2000, que había dado lugar a la transición democrática simbólica, el triunfo de López Obrador en el 2006 fue la primera experiencia de democracia efectiva que habíamos logrado consolidar, porque el voto estaba respaldado por el resultado de su gestión. Los índices de aprobación, que alcanzó como jefe de Gobierno, lo constataban. No era un voto útil, ni corporativo, ni sobornado, ni de desecho a la mejor peor opción. Era un voto que expresaba la voluntad de la ciudadanía y sumaba la mayoría que nuestras leyes electorales requieren. Principio básico de la democracia. Y fueron las tácticas extremas puestas en práctica por los opositores a Andrés Manuel, para aniquilar su liderazgo legítimo, lo que polarizó a la población. Para "salvar" a México del peligro inminente. Paradójicamente, y fuera de todo pronóstico, esta vez será el PRI quien posibilite la restauración plena de este proceso democrático trunco, en parte, porque su gestión actual ha sido fundamental para restituir las condiciones de gobernabilidad en nuestro país. Para recuperar el rumbo de nuestra historia.

En conclusión, el temor de soltar el poder, como si los pueblos fuéramos infantes de biberón, incapaces de escoger a nuestros gobernantes en entera libertad. Es lo que nos deja desamparados frente a los abusos del poder. Porque no importa cuán bueno sea un proyecto para quienes lo sustentan (igual cabe para la izquierda como para los neoliberales, social demócratas, la derecha, como para Fidel), el único camino para la gobernabilidad y el sano rumbo de nuestras economías (en disputa todavía por ideologías cada vez más ineficientes) es el dejarse llevar por el sino de los tiempos... y este termométro solo lo tiene la ciudadanía. Sin polarizaciones y con apego a respetar la libertad y diferencia en cada uno de nosotros. 

Porque la realidad es que nuestras sociedades, cada vez más, están compuestas de diversidades y complejidades. Y la única forma de que todas las fracciones de la sociedad tengan voz es ir haciendo relevos y consensos constructivos. La desligitimación de cualquiera de las preferencias electorales es un atentado contra la preservación de las instituciones y de la vida humana. La política del enemigo solo nos lleva a la debacle, sin importar de qué lado de la balanza nos encontremos cada uno de nosotros. Las clases políticas y nuestros gobernantes, todos por igual, deben aprender a escuchar el clamor de sus pueblos. Aún cuando no siempre clamen por lo que cada fracción proclama. Asumir con responsabilidad los cargos públicos y cederlos, en tiempo y forma, en aras del bien común. 

Lo mismo podemos observar en Brasil, el relevo inmediato de Lula, encabezado por Dilma Rousseff, forzó el curso de los acontecimientos y ella fue injustamente sacrificada para equilibrar la balanza en el juego de los intereses políticos y económicos. Si se hubiera dado la alternancia legítima tras el gobierno de Lula. Hoy estarían en un escenario mucho más alentador para seguir adelante con sus aportaciones para el desarrollo de Brasil, desde su trinchera (aún vigente y  legítima, pero hoy acorralada). El caso de Ortega en Nicaragua, su tiempo ya pasó y parece que él es único en no darse cuenta y ahora está dispuesto a destruir todo lo que ha representado, todo por lo que luchó, reprimiendo con fuerza bruta a las nuevas generaciones, que quieren construir nuevos horizontes, igualmente legítimos. 

Los países que logran mantener la estabilidad, en medio de escenarios igualmente adversos, como Colombia (y el logro de la paz naciente), Chile (que sobrevivió a una brutal dictadura militar), son países que han respetado la alternancia. Lo mismo Uruguay, sigue el curso de su historia, Mujica no dijo aquí me quedo porque soy bueno y todos me aman. Pero qué vemos en Guatemala y el experimento Jimmy Morales, vemos procesos democráticos alterados, que inhiben las fuerzas políticas gestadas a la base de la ciudadanía e imponen gobernantes (derrocan presidentes y exhoneran crímenes de lesa humanidad), en aras del bien común... sí con discursos muy de actualidad y poniendo en alto la bandera de la anticorrupción, pero todavía no sabemos en qué va a terminar la actual gestión presidencial. Encunada como si los tiempos de Rios Montt hubiesen seguido vigentes (lo cual ahora sí cambiará, tras su defunción). Por la falta de acuerdos constructivos entre todos los sectores de la población. Y el reconocimiento pleno de las diferencias. Perú y la dinastía Fujimori, otro ejemplo, todavía en pugna y con altos costos para la democracia actual de este país. 

Los países que pasan, aparentemente "desapercibidos" en la esfera mediática internacional, con sus virtudes y defectos, lo que tienen en común: es el respeto a la alternancia legítima. Sociedades mucho menos polarizadas. Se coloquen donde se coloquen las piezas del ajedrez. El no abuso de la negación de las necesidades de la población como prebenda política. Oposiciones pacíficas. Realidades históricas menos conflictivas y menos estridentes. Procesos más moderados y, en el margen, mucho más positivos. La gradualidad en los procesos de transformación es una llave mágica. Tales transformaciones deben ir aparejadas del termómetro poblacional, sin discriminación. 

Hasta el más "santo de todos los santos" se corrompe si no comprende que su mandato, su proyecto y sus ideales sólo estarán vigentes por un espacio limitado de tiempo.  Y que tales coyunturas necesitan renovarse, precisamente, como un efecto exitoso de las virtudes de su mandato. Como ejemplo, en Cuba se forjaron nuevas generaciones, gracias a la revolución, y fueron estos frutos los que han obligado a hacer los cambios que los ciudadanos logran vislumbrar con mucha más lucidez y vigencia que sus gobernantes. Pero a un paso mucho más lento y precario de lo que pudo haber sido. Los gobernantes deben aprender a confiar en los ciudadanos. Para que los ciudadanos podamos volver a confiar en ellos. 

El celo ideológico, depositado en abstractas filiaciones, solo merma la posibilidad de que nuestros países crezcan y se fortalezcan. Nos niegan a todos la posibilidad de construir sociedades más justas. De dialogar y sumar esfuerzos. Y aquí, los grandes capitales deben también hacer su parte. Reconocerse como parte de estas realidades complejas y ceder al bien común: las garantías que a todos nos corresponden, sin sentir amenazadas sus prioridades. Aprendiendo a respetar la legalidad del Estado, por principio. Construyendo juntos: convenios y soluciones.

Y esto me lleva a la segunda causa: el papel irresponsable de las oposiciones (algunas de corte fascista). En un extremo, las oposiciones de derecha que gozan del poder económico que las sustenta por definición histórica y que, generalmente, recurren a las peores prácticas antidemocráticas para derrocar a los "populismos", "socialismos", "comunismos", "izquierdas", etc. Y, en el otro extremo: las oposiciones de izquierda. Y aplica la misma regla, a pesar de haber sido, tradicionalmente, oposiciones que representaban poderes al margen de un dominio económico; no por ello, han sido menos radicales en sus manifestaciones. Estas, en cambio, recurren a tales abusos para derrocar a "imperios", "dictaduras militares", "capitalismos", "derechas", "tecnócratas", "neoliberalismos", etc. En realidad esto es indistinto, para lo que yo trato de señalar. 

Porque si bien, éstas fueron prácticas más comunes entre las oposiciones de derecha (en su afán por conservar sus prerrogativas). Ya que, por tradición histórica, las oposiciones de izquierda, aún en sus formas más radicales e igualmente nocivas, no contaban con el monopolio de los recursos económicos. Por lo cual era más difícil que lograran un efecto sistémico estructural más significativo por estar, por definición, mucho más marginados en la competencia económica y política (en su afán por desarticular las prerrogativas de los sectores conservadores). Pero sí han sido capaces de fomentar condiciones de ingobernabilidad de alto impacto. Y lo cierto es que, cuando la balanza ha estado a su favor, es decir, cuando la izquierda juega un rol importante como parte de los intereses económicos y políticos (estando del lado del ejercicio del poder), tenemos el oprobio de la corrupción y abuso del poder público (antes asociados a la derecha conservadora) de algunos de los gobiernos de izquierda de América Latina, en México: para muestra el PRD. Y la reacción de resistencia para preservar el sistema vigente, que antes señalábamos como común denominador de la derecha, ahora la vemos como fuerza de choque de la izquierda. Así como, la defensa de las libertades en contra del sistema vigente, que antes señalábamos como común denominador de la izquierda, ahora lo vemos como frente de defensa y ataque de la derecha. 

Entre estas practicas antidemocráticas que señalo se encuentran: las campañas negativas... El amedrentamiento comercial. El desprestigio de las instituciones. Los discursos maniqueos y polarizantes. El dolo de la "pureza". Los argumentos sofistas. Con base en prejuicios y fijaciones sociales que ya no tienen vigencia y solo dañan la convivencia ciudadana. En México, como ejemplo: la forma en que se ha manifestado el rechazo a Peña Nieto, más allá de la crítica objetiva y la denuncia legítima. 

Todas estas expresiones son un componente esencial para los procesos de deterioro y violencia que un país puede afrontar. Porque cuando la estrategia es de acorralamiento, la única forma de resistencia es la violencia. Y el círculo de la violencia, que se combate con violencia, siempre tiende a acrecentar la polarización. Por lo que para que exista un "peligro social" siempre se requieren dos partes igualmente dispuestas a polarizar los escenarios políticos. En el margen, no importa cuál de las partes posee la "verdad más digna", pues la contienda ya no se está jugando en el territorio de las ideas. Es una batalla de fuerza para probar quién es más fuerte. Y esto no tiene posibilidad de un sano desenlace para la vida de nuestros países.

Esto, sumado a la conciliación de un modelo económico global que ha ido superando la tensión simbólica entre capitalistas, burguesías y proletariado, redefiniendo el desarrollo social como un objetivo más allá de las ideologías políticas, hacen que cada día tenga menos sentido hablar de izquierdas o derechas. Sin embargo, hay un matiz que todavía no se puede soslayar ni pasar por alto, lo nombremos como lo nombremos. Y que ahora se traza entre las garantías al respeto a la dignidad humana y el agravio a la dignidad humana. Un nuevo territorio democrático que estamos aprendiendo a explorar y resignificar. Y bajo este criterio, no hay condición de miseria humana susceptible de ser justificada bajo ningún régimen político. Así como, la libertad democrática es una de las prerrogativas de la dignidad humana.

Retomando el ejemplo de Peña Nieto. Y para quienes, en detrimento de mi libertad de conciencia y mi libre expresión, me siguen reclamando y cuestionando con hostilidad: porque me apego a defenderlo con orgullo. Con convicción democrática, reitero e insisto en que debemos aprender a ser más justos con nuestros gobernantes. Tomando en cuenta que es un presidente elegido legítimamente y que quienes votaron por él creían en el proyecto que él representaba y, en consecuencia, dicho proyecto es con base en el cual se debe medir el logro de los resultados que estuvieron a su alcance, así como el defecto de lo que no pudo cumplir, independientemente de que no todos coincidiéramos en esta preferencia electoral. Aun cuando, en la decisión de esta mayoría, probablemente, no se dimensionó que había carencias que no lograrían subsanarse bajo el enfoque de esta gestión. Pero, incluso si estos electores lo dimensionaban: no lo ponderaron como lo más urgente; porque fue más valioso, entre las preferencias de la mayoría, poner un alto urgente al rumbo panista. Y el referente inmediato, que ofrecía más certezas para lograr este fin, en el 2012: era el PRI. Y como país, debemos ser capaces de reconciliarnos con nuestras decisiones colectivas. A pesar de que no siempre estemos del lado de la mayoría relativa que determina el resultado de una elección. 

Debemos aprender a vivir en democracia. Ser comprensivos y pacientes, entre nosotros, ante las enseñanzas y los aprendizajes que forman nuestra historia. Renunciar a los símbolos polarizantes. Porque lo que necesitamos es ponernos de acuerdo para encontrar soluciones, de cara al futuro. Y no pelearnos en la repartición de las culpas, de cara al pasado.

Estos son los entreveros de toda democracia, son unas cosas por otras, en aras de alcanzar un equilibrio cada vez más justo. Y son las aún vigentes carencias, ahora recrudecidas, las cuales podemos observar hoy con más claridad, a la luz de la consecución del sexenio, a partir de lo que sí se hizo bien, lo que se hizo mal y lo que no se hizo: lo que hace posible que hoy podamos ponderar otras prioridades. De manera colectiva. Y llevando el peso de la mayoría relativa hacia otra dirección. De acuerdo con nuestras propias reglas democráticas.

Aprendamos a ser oposición sin necesidad de destruir el camino andado. Y ha ser gobierno sin necesidad de destruir a las oposiciones. Es tiempo de superar la era de las resistencias y aceptar que solo juntos podemos avanzar... Apegados al termómetro de los acontecimientos históricos vigentes. Sin violencia.

En todos estos contextos es que toma su verdadero valor la adhesión de perfiles de todo orden, con diversos antecedentes históricos y partidarios, a MORENA. Es un rapaz reduccionismo interpretar este suceso extraordinario como una expresión mercantil del oportunismo político. A quien le quede el saco que se lo ponga. Ampliemos la lupa... ¿qué une estas voluntades renovadas? Un proyecto de nación. Y el clamor de una ciudadanía que quiere arriesgar su futuro por la posibilidad de un México más digno. Es de sabios adherir pacíficamente al curso de los acontecimientos. Y sumar equilibrios de poder, e ideologías en consenso, para encontrar un rumbo verdaderamente común a todas las necesidades de nuestro país. Para que todos los intereses queden igualmente representados, sin detrimento de los más desprotegidos. En conformidad con lo que hoy nos urge resolver. De cara a los miles de muertos que se suman a lo largo y ancho de nuestro territorio.


Y tú... ¿crees que un nuevo modelo económico, al margen de los ideales políticos del siglo pasado, es posible?



Feliz domingo...
de segundo debate presidencial.
Bienvenido Pentecostés.
Y fuerte de abrazo
... lleno de magia de tortuga.