miércoles, 24 de mayo de 2017

insomnio...

... de anticipación.



Los ciclos de la vida involucran la magia de llevar a término cada una de nuestras etapas y proyectos, la historia de los afectos que nos acompañan en el camino y de quienes ya no forman parte de nuestras vidas. La restauración de nuestros espacios y el olvido de nuestros quebrantos. El motivo de nuestros propósitos y el cumplimiento de nuestros deseos.

Cuando se acercan momentos de grandes resoluciones, la noche parece abrigar nuestra mente con ilusiones que nos permiten imaginar, con anticipación, los días por venir. Definitivamente, no podemos atrapar el futuro y, una vez que se suscite, será algo muy distinto de lo que, en las noches de insomnio, fuera inquietud y espera. Pero sin estos momentos, previos a nuestro acontecer, no seríamos capaces de crear y recrear el mundo que nos conforma. No podríamos tampoco darnos un signo de identidad a nosotros mismos ni compartir nuestra voz.

Es en este espacio, que no ocupa ningún otro tiempo que el de la impaciencia, en el cual se tejen los sueños infinitos... aquellos que probablemente nunca podremos alcanzar. 


Y tú... ¿conservas anhelos infinitos?


Abrazo de anticipación
lleno de magia de tortuga.




domingo, 14 de mayo de 2017

la libertad...

del corazón...



Solemos pensar que la libertad es algo que nos corresponde en cuanto somos seres de razón... o de razones. Solemos insistir en confrontar nuestra voluntad ante la libertad de los otros. Incluso, nos enajenamos al pensar que basta exigirla como un derecho -en abstracto- limitándonos al exhorto ante la ley o una autoridad (legal, moral o afectiva).

Cuando, en realidad, ser libres ¿no se trata más bien de saber quiénes somos? Reconocernos y aceptarnos. Darnos permiso de vivir del modo en que hemos elegido. Amar. Sentir. Es en el corazón, en su latir y en el ritmo que le marca al fluir de nuestra sangre por nuestras venas, en donde anida el secreto de nuestra libertad.


Y tú... ¿conoces el ritmo de tu corazón?



¡Feliz domingo!
Abrazo lleno de magia
de tortuga contenta.


sábado, 13 de mayo de 2017

el vuelo que despierta...

...a una nueva era. 


Mayo va llegando pasito a pasito, suave, despacito... y trae consigo los primeros designios de las promesas cumplidas. 

Vientos y lluvia se entrelazan con el sol radiante. Los días duran más y las horas se pierden en el transcurrir de la actividad constante. Las noches duran menos y los sueños son más largos y  más profundos. 

Llegó el tiempo de La Paz (11), La Duración (32) y Lo Creativo (1)... siguiendo los designios del I Ching.

Lo negro se transmuta en blanco, la luz ocupa el lugar de la oscuridad y la vida vence ante la muerte. El amanecer triunfa sobre el ocaso, el amor diluye el egoísmo y el perdón derrota las injusticias. El silencio renovado se llena de música que acaricia al corazón. Y la palabra guardada se dibuja bajo el rostro de una sonrisa.

Una vida que se puede imaginar en 44 libros... y uno que otro más... es una trama que recorre sus ramas, sus raíces y, una a una, las hojas que la componen. Es una historia capaz de trazar entre la realidad y la palabra: el hito de la verdad.


Y tú... ¿qué festejas en mayo?


Feliz día de luz...
mágicas tortugas.
Amen.






sábado, 29 de abril de 2017

expectativas...

y sueños...

Ya casi termina abril y 2017 no se asemeja a lo que prometía. Es difícil compararlo con el suspiro de buenos deseos con que enero nos regaló un abrazo de sol. Porque, normalmente, las cosas suelen salir mejor de lo que imaginamos, aun cuando, en el camino, enfrentemos disgustos o tristezas inesperadas. 

Debemos confiar en los acontecimientos, sin resignación, más bien con reconciliación. Sin dejarnos arrasar por ellos con inercia. Los infortunios y  las decepciones son momentos para tomar las riendas de nuestra vida. Para despertar y levantarnos. Para atrevernos y despojarnos de las dudas que nos separan de nuestro destino feliz.

A veces, es difícil conciliar lo lejos que parece estar el rincón secreto de nuestras ilusiones. De pronto, no comprendemos por qué la persona que nos gusta no nos mira del modo que nosotros la miramos. O por qué nuestros planes no se cumplen del modo que esperábamos. Son tantos gestos los que no podemos explicar cuando se trata de acercarnos a otros seres humanos, que la solución no es algo que debamos buscar fuera de nosotros. Solo la voz de nuestro corazón podrá descifrar tales caminos, sin esperar nada más que la dicha de un día despertar y descubrir al ser amado a nuestro lado.

Habrá quienes subestiman la importancia de tener un compañero o compañera de vida. Sin importar cuántos afectos nos conformen, proyectos o compromisos, el lugar de nuestra alma gemela, por fugaz que ésta sea, es único e irremplazable. Con fugaz me refiero a que muy probablemente la mayoría de nosotros tenemos más de un alma con quien nos correspondamos. De ahí que se nos dificulte tanto distinguirla, o que confundamos el objeto de nuestro deseo con frecuencia. 

Una tarea importante para vivir plenamente es no dudar cuando aparece ante nosotros un ser capaz de conmovernos e invitarnos a descubrirnos a través de sus ojos. En ese momento no se trata de buenas razones, de motivos convenientes, de beneficio alguno, tampoco de convencionalismos o convenios sociales, se trata solamente de escuchar la verdad que nos habita y arriesgarnos tras el acto libre de amar. No hay una circunstancia adecuada para encontrar el amor... el amor es su propio lugar y siempre se hace presente en el tiempo indicado. Es al contrario, todos nuestros otros tiempos de vida deben volver a sincronizarse bajo esta nueva coordenada; y no es justo sentirnos culpables por ello. El amor merece más de nosotros. El amor no espera... solo vibra intensamente en el presente. No es un acto calculador... solo se entrega. El amor es nuestra vocación de vida. Es una prioridad para nuestro bienestar. Y más que una necesidad, es el aliento vital que nos alimenta de certezas para cultivar esperanzas y sembrar obras. 

Hay encuentros y presencias que acarician el amor, llegan para partir o no terminan de llegar cuando ya se han ido. Estas brisas de mar que nos sorprenden en el camino son las señales de nuestro corazón abriéndose poco a poco a la posibilidad de recibir a otro ser humano en nuestra vida, para compartir. Estos breves alientos no alcanzan si quiera a enamorarnos. Nos entusiasman, nos motivan, nos alegran... nos despiertan, nos apasionan y nos despiertan. De estos mágicos encuentros suelen nacer las más grandes y bellas amistades. Hay amores que se cumplen pero que también nacen con fecha de caducidad... amores que llegan para vivirse intensamente y para enseñarnos algo valioso... por lo que es grato dejarlos ir cuando el tiempo se ha cumplido y abrazar en nuestra memoria las dichas de haber tenido la oportunidad de crecer junto a otro corazón por un instante. Y hay ése ser que llega para siempre. El rostro que se cifra del otro lado de nuestra moneda. Nuestra otra mitad. Nuestro complemento. Nuestro destino. Esa persona que no duda ante nosotros y que, una vez que se descubre en nuestro abrazo, decide no soltar nuestra mano jamás. A quien elegimos sin haberlo decidido realmente. De quien no querremos jamás separarnos. Con quien estamos seguros y nos sentimos libres de ser la persona que queremos ser. Sin restricciones.

¿Cómo distinguir este encuentro milagroso? ... sin miedo. Sin excusas ni postergaciones. Sin mentiras. Sin barreras que nos protejan, sin pretextos que nos justifiquen. Es un acto de rendición ante nosotros mismos. Y al mismo tiempo, el mayor triunfo de nuestra alma.

Por eso... si acudimos a alguien y esa persona no responde a nuestro llamado... solo podemos sentirnos agradecidos. Porque la persona que quiera conocernos de verdad y estar cerca de nuestra vida: acudirá, responderá y nos llamará... y cuando esto ocurra, no debemos estar distraídos con las ilusiones y fantasías que nos suscitan quienes no están interesados en pasar su tiempo a nuestro lado. No vale la pena ocupar nuestros espacios vacíos con falsas realidades... hay que tener el valor de conservar esos espacios para seres verdaderos. Y conservar siempre inmensa fe en que hay una buena razón para estar en la circunstancia en que nos encontramos... porque es así como se van construyendo las sorpresas que el futuro guarda para nosotros. Mientras tanto... cantar y sonreír a cada paso que damos... 


Y tú... ¿te atreves a despertar al amor verdadero?




Fuerte abrazo 
lleno de magia de tortuga...


jueves, 23 de marzo de 2017

inspiración...

latente y dispersa...


En fin... más allá del desencanto de esta primavera de sol, es un nuevo día y hay que amanecer listos para el presente -sin importar cuántos retos o cuán desalentador aparezca ante nosotros. Es curioso, pero, la complejidad de nuestros tiempos nos permite vivir disímiles dimensiones de percepción y estados de ánimo. Ojalá fuera una cuestión fácil delimitar el blanco del negro, dejar afuera lo malo y solo conservar lo bueno. Al mismo tiempo, recibimos el alivio de la esperanza y convivimos con el desamparo de las atrocidades que conforman nuestro mundo. ¿Cómo es esto posible? Es como cuando un ser querido muere, al mismo tiempo, sentimos el dolor infinito de su ausencia y podemos sonreír ante un pequeño gesto de la cotidianidad. 

Los seres humanos somos multidimensionales. Es muy probable que ésta sea la razón por la que, ante nuestros ojos, sean opacas las carencias que compartimos, somos y con las que convivimos de alguna manera (incluso a kilómetros de distancia). Dos personas no pueden mirar el mismo punto, desde la misma perspectiva, al mismo tiempo. Es físicamente imposible porque dos personas no pueden ocupar el mismo espacio a la vez. ¿Qué quiere decir esto? Que nunca logramos una sincronía completa e inmediata con otro ser humano. Y éste es el punto de partida para cualquier encuentro y diálogo posible. Así como, ésta es la razón por la que no existen dos seres humanos iguales. Sin importar cuánto parecido exista entre dos almas, éstas se distinguen, en forma y expresión, porque no pueden ocupar el mismo espacio en un mismo tiempo. Y mientras más se logran acercar estos tiempos y estos espacios, más cerca se sienten dos corazones capaces de latir, casi, al unísono. De ahí la magia del amor y de la riqueza de todos los afectos y relaciones que nos componen. De ahí también la distancia, a veces irreconciliable, entre dos personas que algún día estuvieron cerca, se vivieron juntas, compartieron experiencias comunes y se amaron de algún modo. 

Cuando hacemos nuestro camino, son estos encuentros y sincronías las que ponemos en juego. Tanto para emprender una ruta, como para renunciar a una alternativa posible. Son, éstos, los amores que vamos dejando atrás. Son tales empatías las que no podemos forzar ni buscar. Son tales... la sorpresa misma de nuestra existencia. Al final del día, el tiempo, y el espacio conformado por éste, en que coincidimos con un ser afín, es el tiempo más preciado de nuestras vidas. Son los pequeños milagros que nos habitan.

El egoísmo es cierto desencuentro, a veces imperceptible, de tales tiempos que nos conforman cuando compartimos alguna experiencia, es decir, cuando coincidimos en eventos desde nuestras distintas perspectivas... y lo olvidamos. La generosidad es nuestra capacidad de recordar que, si bien ya estamos lejos de lo que un día fuimos y de tales coincidencias, sin tales huellas que nuestros amores dejaron en nuestro camino, no seríamos quienes somos. Dar gracias y ser capaces de hacer pequeños viajes en el tiempo para volver y abrazar a quienes conservan tales experiencias en sus corazones, es lo que nos distingue del egoísmo. Porque no temer perdernos en el pasado es lo que nos hace generosos y valientes. El presente es lo único que cuenta y nos pertenece. Sin embargo, aprender a viajar en el tiempo nos fortalece, nos brinda segundas oportunidades, incrementa nuestra posibilidad de descifrar y configurar el futuro. Nos da reconciliación y paz. Nos libera de verdad y con verdad. De otro modo, se endurecen nuestros corazones y hacemos de nuestro presente la sola tautología de nosotros mismos. 



Y tú... ¿por qué no te atreves a viajar en el tiempo?


Lindo día de sol mis queridas tortugas y
que su caparazón se colme de magia
a través del tiempo...
Amén.

miércoles, 22 de marzo de 2017

primavera 2017...

llena de sol y vacía de amor...


No siempre es el tiempo de descubrir, en el corazón, la huella de nuestra llama gemela. El alma no sólo se llena de los sentimientos que compartimos con nuestra pareja. El amor nos colma de múltiples formas y colores. En cada uno de nuestros actos, es posible encontrar una manera de ser del amor. Eros siempre se manifiesta regalándonos la sorpresa de la vida. Incluso imperceptible. Vivir una primavera sin amor es una de las experiencias más surrealistas que podamos imaginar. Es como si mutiláramos nuestra fe y nuestra esperanza. ¿Cómo es que un día amanecemos a la ausencia de ilusiones?... 

...Es la suma de todos los desencantos acumulados a lo largo de nuestra vida. Es el vacío de confianza en el mañana. Es la certeza del silencio y la distancia de nuestros amigos. Es el abandono de nuestras familias. Es la experiencia de la traición y de la persecución por parte de las personas en que confiamos. Es la desconfianza con que, quienes no nos conocen, nos vigilan y juzgan. Las puertas que se cierran. El futuro que no ocurre. La promesa no cumplida. Las heridas que recibimos. La injusticia a la fuimos sometidos. El cansancio de ceder y siempre estar con las manos vacías. El hartazgo de rogar por un mínimo gesto de cariño. La indiferencia de un mundo que ya no tiene tiempo para estar con el otro. La soberbia de quienes nos menosprecian. La arrogancia de quienes nos pierden el respeto. El egoísmo de quienes nos niegan su abrazo. La mezquindad de quienes no nos perdonan. El chantaje de quienes nos reprochan ser como queremos ser. La falta de espacios para nuevos encuentros. La imposibilidad de la sincronía con otra alma. La incomprensión. El olvido. La envidia. La voracidad. La mala fortuna. Las malas decisiones. Las falsas compañías. Los engaños y las mentiras: el abuso. La soledad. Nuestros errores y nuestros aciertos. Nuestros defectos y nuestras virtudes. La decepción. El agotamiento.

No podemos resignarnos a ser "útiles" para la vida de otras personas. Debemos preservar el encanto de ser amados por lo que somos -y por quien queremos ser-, así, amar sin condiciones, solo amar. La entrega amorosa no puede ser un convenio de partes que sacan algún provecho la una de la otra. Debería ser la posibilidad de desnudar nuestra alma y sentirnos seguros. Ser honestos y francos. Darnos con generosidad. Sin pretextos. Liberarnos de nuestros miedos y olvidarnos de los falsos cánones que constriñen la posibilidad de confiar unos en otros. 

A veces parece que el mundo se derrumba de tal forma que ninguno de sus pedazos podremos conservar. Mientras esto ocurre, estamos tan ocupados, evadiendo la vida misma, que da la impresión de que a nadie le importa. Es el tiempo de estar ocupados. Vacíos de sentido y llenos de cosas que hacer. A la deriva. Luchando unos contra otros. Sobreviviendo como fieras rapaces. Sin humanidad. Solos, incluso estando acompañados. Colmados de incomprensión y olvidando el arte de la escucha. Dialogando las 24 horas del día con nosotros mismos para justificar cada uno de nuestros minutos. No tarda en llegar el día en que hasta respirar sea un acto de nuestra vida sobre el que tengamos que rendir cuentas. Dormir ya ha devenido en un exceso de nuestras libertades. Y en el fondo, a nadie le importa más: quién es el otro con quien nos relacionamos. Autómatas y autistas digitales, somos. Cargados de prejuicios y complejos, estamos. Todos entronados de las únicas verdades, despreciando la diferencia y humillando a nuestros semejantes, sin más. 

¿Cuándo fue el día en que compartir se volvió una pérdida de tiempo? ¿Una pérdida de dinero? ¿Un vicio sin valor productivo alguno? ¿Una carga? Compartir nos distrae, los problemas ajenos son energías negativas que nos contaminan, el placer interrumpe y distrae los trabajos verdaderamente importantes. Y el único trabajo que ahora existe es no perder el sustento. Si tienes sustento puedes olvidar todo compromiso con la plenitud y el crecimiento de la vida. Puedes perderle el respeto a los demás. Puedes existir con éxito. 

Festejar es también, para muchos, solo una pérdida de dinero, tiempo, descanso, salud... Una distracción. La felicidad es un "lujo" y sonreír se ha convertido en la mayor de las agresiones. Ni siquiera la primavera puede hacernos olvidar que nuestros corazones están muriendo, precisamente, porque hoy somos nosotros mismos los mayores opresores de nuestra alma. Con total libertad aceptamos ser sometidos por nosotros mismos a valores morales carentes de amor, placer, generosidad y sin apertura a la sorpresa de descubrir nuevos rostros. Porque estamos orgullosos de ser cada día más eficientes, más independientes y, sobretodo, más egoístas... Finalmente, nos basta la autocomplacencia de sabernos "perfectos", en ese diálogo interno que solo tenemos con nosotros mismos, el cual ninguna persona puede interrumpir... porque estamos muy ocupados.



Y tú... ¿eres feliz?



 Queridas tortugas
que esta primavera
las sorprenda la verdadera
magia de la vida... quizá
todavía podamos recuperar
un mundo para nuestra
humanidad... No lo sé...



jueves, 9 de marzo de 2017

mujeres...

... y felices somos.


Y ambas circunstancias son motivo de algún tipo de indignación (o resistencia) para quienes, todavía, no han aprendido a reconocer el rostro humano en nosotras. El valor de nuestra esencia: por ser personas iguales en condición. El sentido de nuestra diferencia. El brillo que nos distingue. La pasión que nos motiva. El fuerte carácter de nuestras determinaciones. El aliento de nuestra voz. Las necesidades de nuestra voluntad. El respeto a nuestra identidad. La expresión de nuestra libertad. El goce de nuestro deseo. La satisfacción de nuestro placer. La autonomía de nuestras decisiones. El orgullo de nuestros logros. La vocación de nuestra alma. Nuestro derecho a ser y amar.

¿Por qué es tan difícil, en el seno de nuestros códigos sociales, ser reconocidas: en plenitud? En cierta medida, necesitamos pensar nuestras normas de comportamiento de un modo de vista distinto. Bajo la mirada compartida. Hasta ahora, el entramado de sentidos, que componen nuestras culturas, han sido escritos y trazados bajo una sola mirada: el ojo masculino. Necesitamos abrir la vista hacia una perspectiva más generosa. Sin temor a descubrir que podemos inventar nuevas formas de vivir y de organizarnos en sociedad. Ser una comunidad renacida capaz de darse a sí misma un mejor orden.


Y tú... ¿qué sientes cuando descubres fuerza y felicidad en una mujer?

Tortugas hermanas...
reciban un inmenso abrazo
lleno de magia de tortuga.