lunes, 15 de enero de 2018

2018...

...empieza en silencio. Quizás porque el 2017 fue un año lleno de estruendo....


Liberados, por fin, de sus designios oscuros... que hicieron temblar la tierra, empezamos a descifrar los días por llegar. El corazón, cansado, prefiere sollozar antes de esbozar el signo definitivo de su sonrisa. El alma elije sanar, antes de reconciliar todas las fuerzas de su cuerpo en la dirección que le corresponde. La voluntad descansa, sin pausa, antes de iniciar la última travesía hacia la felicidad. 

La memoria teje sus últimos listones para trazar el futuro de su imaginación con inspiración creativa. El amor muere, con hastío, para renacer con plenitud y verdad. Los compromisos cambian de rostro. Esta vez serán entregados al devenir certero de un destino feliz. 

Sin percatarnos, siquiera, dejamos atrás todo aquello que no nos corresponde. Enjugamos las últimas lágrimas de todas nuestras pérdidas. Con la certeza de que renaceremos al más bello amanecer... tras los abatimientos de la adversidad.

Es así como el 2018 se dibuja con la promesa de regalarnos lo siempre soñado.


Y tú... ¿ya estás listo para recibir las bendiciones de este nuevo ciclo de sol?


Alegres augurios
de amor...
queridas y mágicas
tortugas!!!
Amén.


jueves, 7 de diciembre de 2017

el rompecabezas...

... escondido.


En nuestros quehaceres cotidianos se oculta el rompecabezas del mapa de nuestra historia de vida. Por ejemplo, cada vez que nos levantamos de la cama, de un modo u otro, recordamos otro tiempo, quizá la infancia, tal vez alguna persona, o algún momento cifrado en una experiencia tan común. Algún detalle... al acomodar la almohada, estirar las cobijas, ponernos las pantuflas, o no... La bata, la pijama. Tender la cama, doblar las sábanas bajo el colchón. La luz del día. El frío... o el calor. Leer el periódico, escuchar las noticias. Así como, al arroparnos por la noche, solemos evocar una imagen sin darnos cuenta, es decir, de manera casi imperceptible. Un gesto conocido... de nuestra madre o de alguien más. Un viaje. El vaso de agua o una taza de té en la mesa de noche. La luz de una lámpara en la madrugada. El sonido del despertador. La caja de kleenex. Abrir la cortina. Cualquier pequeño signo de nuestro ritual de cama que sepa conservar en nuestra memoria el latido de nuestro corazón.

No necesariamente se trata de algún recuerdo importante, a veces, puede ser algo recurrente y, sin percatarnos cada mañana y cada noche, estas piezas de nuestra vida componen la unidad de nuestro ritmo vital. O simplemente evocamos una pequeña reminiscencia de nuestro presente inmediato. De una u otra manera nuestro pensamiento está latente y conectado con algo más que el instante inmediato que vivimos. 

La habitación de baño, la regadera, las toallas, lavarnos las manos, los dientes, la cara... también son espacios compuestos de todas estas pequeñas piezas que conforman los rincones de nuestra memoria. Nuestra identidad cifrada no sólo en nosotros... el encuentro con las huellas que la identidad de quienes nos educaron, nos acompañaron y convivieron con nosotros, han dejado en nuestro territorio de hábitos y costumbres. 

La forma en que nos secamos, el modo en que nos atamos la toalla. Nuestro arreglo personal, peinarnos, vestirnos, sacar y guardar la ropa del clóset. Elegir los zapatos. El desodorante, el perfume... A veces, cada vez que abrimos un cajón en particular viene una imagen a nuestra mente. La imagen de un momento otro en el cual estamos cifrados junto alguien más. Una época. Una otra vida que sigue siendo la misma vida que somos hoy. 

El aseo del hogar es otro trayecto colmado de estas pequeñas reminiscencias. La escoba, el recogedor, el sacudidor, la jerga, la aspiradora y la forma en que los usamos. Los líquidos de limpieza, el cloro, el detergente. Al lavar la ropa, colgarla, plancharla. Lavar los platos, ollas, sartenes y cubiertos, secarlos, guardarlos, sacarlos, acomodarlos en la mesa... Todo esto entrelazado con la suma de pensamientos que se debaten entre lo inmediato y lo importante, lo que tenemos que hacer por la mañana, qué vamos a comer, a dónde iremos por la tarde, el pago en puerta, la cita médica, las tareas laborales, las reuniones de trabajo, la lista de quehaceres, llamadas previstas, las noticias de nuestros cariños, el sentido de nuestra existencia, algún antojo, algún plan para el fin de semana, la agenda del mes y de la próxima semana. El cansancio. El buen ánimo. El salir corriendo al trabajo. El tiempo de prisa para concluir lo mundano y poder concentrarnos en lo trascendente. El volver por la noche. El tiempo de calma para contemplar y sentir el goce de nuestro estar en el mundo. Y reconciliar... el resguardo de nuestras tristezas. Así como, el festejo de nuestras alegrías.

Cocinar... Una receta, el más sencillo desayuno, la forma en que mezclamos los ingredientes, los platillos que elegimos, la manera en que batimos un huevo revuelto, el punto tierno de cocción, el gusto por servimos el café, preparnos un té, cómo tostamos el pan, asamos la carne y le damos un toque nuestro al aderezo de la ensalada... La forma en que nos gustan los frijoles (negros... refritos...), calentar las tortillas (azules... de preferencia). Todas éstas, tareas simples que, de un modo o de otro, cada vez que las revivimos nos remiten a alguien, a algún lugar, una persona, un recuerdo, una experiencia, una añoranza o una ilusión. 

Hornear un pastel, abrir un vino. Unas papas adobadas con limón. La mantequilla. La masa de maíz. La sal y la pimienta. El ajo y la cebolla. El aceite de oliva. El azúcar. El helado. La crema. Cortar la fruta. Hervir la verdura. Una sopa. Un "sanduiche" de jamón y queso calentado en el sartén. El agua de limón, de jamaica o de horchata. Un jugo de naranja, de maracuyá, mora o tomate de árbol. Un yogurt con nueces o con almendras. En fin... aquello que para cada quien pueda trazar su existencia hasta un otro momento, hasta la primera vez que probó un sabor. Hasta el día que aprendimos a hacer pasta o preparar arroz. Los símbolos de nuestra independencia y de nuestra pericia como seres humanos capaces de proveernos a nosotros mismos. 

Poner la mesa, el mantel. La luna por la ventana... el paisaje. Quizás una terraza y, con suerte, una hamaca. La charola. El jardín. O el deleite de apapacharnos en la cama con una rica cena. La vajilla de la abuela o la taza que trajimos de nuestro último viaje. Una jarra de peltre. La forma en que tomamos los cubiertos. El modo en que se entrelazan nuestros dedos en cada sorbo de un rico chocolate caliente.

El orden, la decoración, la música, el canto, el baile, los libros, el arte. Un florero, un cenicero. Telas y colores. Y muchas otras de nuestras pertenencias que se van alimentando de nuestra historia. De la huella que somos. De nuestro aliento y de nuestro olor. Acompañadas del retrato de quienes han cifrado su latido en nuestro código genético o en nuestro registro mnémico. Nuestras letras y nuestros relatos... Una pluma, una hoja de papel en blanco y la inspiración para pintar. En definitiva... las piezas que componen el entramado de nuestra biografía. 


Y tú... ¿a quiénes descubres cada día en el rompecabezas de tu alma?




Buenas noches
mágicas tortugas
de miel...


sábado, 2 de diciembre de 2017

la liberación...

... y el espíritu de la Fe.


Nuestro hogar es nuestra morada. En él todo acontece de manera orgánica con nuestro ánimo. El arte de nuestra vida doméstica es lograr habitarnos de acuerdo con el orden que nos corresponde y, así, saber que nuestro corazón está en paz. 

La tortuga mágica tarda en sus caminos de luz pero siempre llega con victoria a sus metas propuestas. En el camino... admira el paisaje y conserva su caparazón en armonía con el sino de los tiempos... ése es su secreto.

Ella no desespera. Sí pierde la calma y se agota cuando los senderos se desvían, se oscurecen o le impiden alcanzar puerto seguro. Sin embargo, su resistencia y paciencia son más fuertes. Basta un respiro, la entrega a la pausa y disfrutar también en la espera, para reavivar sus ilusiones. Tiene una fe que no la abandona y se alimenta de la esperanza.

Diciembre llegó feliz. La luna esplendorosa es un milagro que no debemos olvidar, admirar y disfrutar. Junto con la energía poderosa escondida tras el gran halo brillante que, como aura, la ilumina más allá de todos sus linderos. Somos afortunados de poder contemplarla y armonizar nuestro espíritu con ella. Nos sentimos agradecidos bajo su cobijo.

Y de la mano de nuestra sabia tortuga... dejémonos guiar por la magia de los astros para reavivar los detalles que llenan nuestra vida de una cotidianidad plena. 



Y tú... ¿qué bendiciones alumbras con el reflejo de la luna?




Feliz diciembre
mágicas tortugas!!!
Y que el frío
no les impida
sentir el calor
del amor en este
día...
de luna azul.





martes, 28 de noviembre de 2017

el corazón...

... y sus misterios.



Muchas veces olvidamos mirar ahí en donde se encuentran nuestros verdaderos motivos. Damos vueltas en círculos concéntricos buscando algo que está dentro nuestro. Eso que se mueve hacia donde nos dirigimos creándose la ilusión de que es algo que está afuera de nosotros. Y se trata de nuestro corazón.

Por momentos, nos volvemos ajenos a nuestro propio corazón. Cuando esto nos ocurre, extraviamos nuestros pasos y se oscurecen nuestros caminos. Nuestras decisiones se vuelven erráticas. Y es como si nos fuéramos vaciando poco a poco de aquello que de verdad somos y de las cosas que en realidad queremos construir. Nos extraviamos de nuestra propia vida.

Y quizá son estas experiencias las que nos devuelven a la vida y nos recuerdan cuánto queda por vivir y cuánto anhelamos alcanzar la plenitud de nuestro presente. No siempre es fácil reencontrarnos con nuestra alma... pero siempre es un misterio que nos llena de fascinación.

Entre las sombras del pasado, nuestra razón se conmociona cuando se resiste a recuperar las certezas del corazón. Y aun, si no fuésemos correspondidos ni comprendidos en este milagro de mirar dentro de uno mismo, siempre vale la pena aventurarnos en el viaje más extraordinario que cualquier ser humano puede experimentar... el descubrimiento de su propio ser.

Es cierto... a veces, se antoja un atajo que compense el vacío de todo lo que ocupa nuestro futuro, en nuestro afán por dotar a nuestro presente de realidad. Pero es en ese espacio, aparentemente sin razones, en el cual se hacen tangibles los verdaderos motivos de nuestra existencia. Y no debemos desdeñar la posibilidad de abrazar el misterio del amor sin temor a perder nuestro corazón.


Y tú... ¿exploras los misterios de tu alma?


Buenas noches
mágicas tortugas.


sábado, 25 de noviembre de 2017

sonrisas...

... que acarician nuestra piel.



Con el paso de los años parece que amar pasa de moda. Amar con pasión, con entrega, con cierta locura y magia. Aceptar el riesgo de un futuro incierto en pareja. Renunciar a nuestra vanidad. Comprometernos. 

Descubrir en una bella amistad un destello del recuerdo del amor profundo. Construir una nueva amistad sin importar los caminos por los cuales nos llevará. Reconciliar nuestro presente con nuestro deseo y no renunciar a la posibilidad de completar nuestra alma con el rostro y la mirada del enamoramiento. 

Ir más allá de nosotros mismos. Aceptar con valor los augurios de nuestro corazón. Es cada vez más complicado. Si preferimos vivir de las apariencias, esclavos de los tiempos de un reloj y con la aspiración de satisfacer las expectativas sociales sobre la persona que debemos ser. El amor no entiende de estas cosas. Por eso es tan mágico.

El amor se saborea con calma pero lleno de intensidad. Es el roce que nos emociona y nos despierta del letargo de nuestras cobardías. Y siempre llega en el momento adecuado. No estamos autorizados para postergarlo, controlarlo o administrarlo. Es una conmoción que nos exije poner todo en el lugar que es debido y con base en sus propios designios. Con fidelidad y en total plenitud.

Esta alevosía se va subestimando con los años. Como si se tratase de caprichos. Si es capricho no es amor. Si es amor... no puede ser negado. Hay una persona exacta en todas sus proporciones para cada uno de nosotros. Y el camino hacia ella no siempre es tan obvio como quisiéramos. Afortunados quienes duermen acurrucados junto a la persona que les corresponde. Más afortunados, aún, quienes tienen el valor de reconocer que no la han encontrado y no cesan en su ilusión por descubrirse en el rostro del amor verdadero. Y desnudarse libremente con las caricias de la sonrisa que les pertenece. 

Así nació, por ejemplo, ese breve encuentro en un baile, una mano entrelazada en tu cintura con firmeza, quien despertó un amor que nunca imaginaste que eras capaz de sentir. Esa voz inconfundible (a veces... sólida y fuerte, otras veces... evasiva y cómplice... distraída y un tanto apasionada...) que hace latir tu corazón. Junto con la interrogante de no lograr comprender porqué sigue oculto en las sombras todo aquello que merece crecer a la orilla del mar.



 Y tú... ¿vives con quien te corresponde?




Feliz fin de semana
mágicas tortuga...
Que el amor
siempre las descubra
al desnudarse
bajo la luz de la luna.
Amén.


robarte un beso... 
... deja que te bese.


viernes, 24 de noviembre de 2017

una ocasión...

... para dar gracias.



Sin importar el ánimo ni los acontecimientos que ocupen nuestro vivir cotidiano, siempre hay motivos infinitos para agradecer las bendiciones que nutren nuestra vida. De un modo o de otro, hay destellos de luz que acompañan nuestros días.

El tiempo de agradecer es el tiempo presente. Es la reconciliación entre todas las dimensiones de nuestro ser. Los anhelos que se concretan y los nuevos proyectos en puerta. Los cariños que nos abrazan. La amistad. El amor verdadero. Las sonrisas. Incluso la melancolía nos brinda motivos de gratitud.

La plenitud se acaricia con pausa. Mirar atrás y descubrir con orgullo el triunfo sobre nuestras batallas. Vislumbrar un futuro todavía con razones por vivir. Sentirnos vivos al despertar. A veces, son éstos sentimientos incomunicables que necesitamos compartir. 

No siempre encontramos las palabras ni las personas para socializar el latir de nuestra alma. No por ello es menos intensa la vivencia de nuestra existencia. Quizá el reto es vencer la injusticia que atrapa nuestras posibilidades de compartir. Reconciliar el tiempo de nuestro corazón con el tiempo de todos los corazones que nos acompañan.

La humildad profunda que se expresa en todo acto de gratitud y arrepentimiento, la comunión durante la eucaristía y la certeza de nuestra fe son la llave para que las dichas transmuten nuestras desesperanzas en enseñanzas de vida. En crecimiento. Las tormentas no son eternas. El sol que brilla tras cada tempestad... sí lo es. 


Y tú... ¿das gracias?



Abrazo lleno de
magia de tortuga.
Lindo día!! 





miércoles, 22 de noviembre de 2017

el alma...

... y su tristeza.


La dicha inspira nuestras letras y el entusiasmo sobre los acontecimientos de nuestra vida. Es el ánimo que pinta de colores nuestros días. La esperanza de crecer. La fe de vivir. El arte de amar. El suspiro de nuestra sonrisa. El momento en que nuestro corazón se armoniza con la energía que compone la totalidad. La alegría y la risa. La amistad que descubre el brillo en nuestra mirada. El descanso y el deseo de cada amanecer. La confianza en nosotros mismos. La certeza de las presencias de nuestra vida. 

No siempre podemos sentir tales satisfacciones. Hay motivos que nos arrebatan del rincón feliz de nuestro corazón. Eventos que dejan nuestra paz agotada. El llanto se reboza... ocupando las horas del día que transcurren sin sentido alguno. Los rostros se develan ajenos y extraños. 

Las nostalgias de todo lo perdido. La añoranza de añejas ausencias. El abandono de las ilusiones. La debilidad de nuestro cuerpo. El equívoco de nuestro deseo. La ausencia y la decepción. Pruebas de vida que nos recuerdan la adversidad de nuestros caminos. El desamor.

Días en que nos sorprende nuestra fragilidad. En que la realidad se deja ver sin el brillo de los colores del sol. De pronto sin razón alguna... solo la tristeza nos acompaña. Un tiempo en que todo lo que parecía sencillo se vuelve imposible. El instante en que se quiebra nuestro corazón. 


Y tú... ¿cómo consuelas la tristeza de tu alma?


Dulce noche...
mágicas tortugas.