domingo, 20 de mayo de 2018

México vs. UNASUR...

... ¿A la izquierda o a la derecha?



Ninguna de las dos... probablemente. Solemos construir la fantasía de que México está cerca de convertirse en algún otro país... casi por arte de magia... Lo cierto es que, a la derecha o a la izquierda, como México no hay dos. 

Les confieso queridas tortugas que me he demorado mucho en estas letras. Sigo sin encontrar la forma de comunicar la decepción que siento cada vez que se trata de comparar a México con Venezuela, como forma de descalificación o debilidad hacia Andrés Manuel. En primer lugar, porque no creo que sea incluso válido. Pero, con más ahínco, porque este tipo de estrategias sólo buscan deslegitimar a quienes apoyamos con nuestro voto duro, convencido, feliz y lleno de esperanza a MORENA. 

Esta es la injusticia más grande por parte de quienes tratan de infundir miedo y dudas hablando de Maduro, de Chávez, etc. Agreden nuestra libertad democrática. Agreden la historia de México. Y olvidan, por mucho, la situación en la que nuestro país se encuentra. Entre otras cosas, a causa del populismo demagógico Foxista, Calderonista y panista, en general. Creo que México ya enfrentó casi todos sus peligros y que hoy estamos pagando caro la irresponsabilidad de gobernantes que no tomaron con la debida seriedad su papel presidencial. Y no conformes, no quieren ceder en su intento por conservar el poder.

Yo, en cambio, me permitiré hacer los siguientes símiles... compararía a Anaya con Correa, a Calderón con Chávez, a Fox con Maduro... los ejemplos más autoritarios de América del Sur, en tiempos recientes. Quienes representan muy bien el extravío con que traicionaron todos los valores de la izquierda, radical, que decían defender (quizá porque nunca representaron una verdadera izquierda). Así como, en México, el PAN traicionó su vocación de vida digna, social demócrata, mostrando su rostro conservador, reaccionario y represor. Dejando en alto el nombre de la derecha. Por no mencionar que, incluso en este paralelismo, los exponentes mexicanos fueron, además, incompetentes (o tan incompetentes como Maduro). Y Anaya creo que no alcanzaría ni a sumar lo que sí logró construir Correa. Su candidatura, en declive, lo desdibuja cada día, con más acierto, como un farsante... ojo: un farsante autoritario. 

Meade se cuece aparte. Entre otras cosas, porque, en el fondo, su corazón está más apegado a "Harvard" que a filiación política alguna. Yo sigo sin dilucidar a qué esfera de la población realmente representa. A veces parece: que no es capaz ni de representarse a sí mismo. Nos ofrece tonos grises y su idea de futuro no muestra contundencia alguna. ¿Qué sería de México si dependiésemos de sus relativas virtudes?Es una incógnita que, espero, no tendremos que despejar.

Porque, al menos, Chávez y Correa tuvieron años en que entregaron resultados efectivos para mejorar la vida de sus países. No, en cambio, Maduro quien solo ha dado muestras voraces de su ambición de poder a costa de la vida de todas y todos los venezolanos. Ha llevado a Venezuela a una crisis humanitaria sin parangón en nuestra América. Incapaz de generar consensos, de dialogar con la oposición con respeto a sus libertades, sin resultados tangibles para la vida de ningún sector de la ciudadanía. El se alimenta de circo y folclor y abusa de la voluntad de las personas que todavía creen en lo que algún día fuera el proyecto de Hugo Chávez. Sin liderazgo alguno. Desesperado por conservar las pleitesías de un "partido de estado" (al estilo soviético) cada día más resquebrajado, dogmatizado y en franca decadencia. Sin principios, sin ideales y sin capacidades de gobierno. 

Rafael Correa logró cosas importantes en sus primeros años de gobierno, sin embargo, la corrupción y el abuso de todos los poderes, su infinita soberbia y arrrogancia, lo llevó a sucumbir de forma trágica y dejó al Ecuador sumido en una irreconciliable (y dolorosa) contradicción. La carrera política de este controversial personaje es totalmente opaca, sale de un salón de clases para convertirse en un líder nacional. Muy efectivo en sus artes de comunicación logra una aprobación casi fanática, a merced de la falta de liderazgos que lo sustituyan. Y al final del día... fracasó en llevar a su país a puerto seguro. Pero no por la obra social que sí hizo, sino por todo lo que deshizo, incluido su propio proyecto.

A estas alturas de la contienda (sobretodo si sumanos el 2006 y el 2012), debería ser obvio comprender que entre Maduro y López Obrador existe un abismo. No hace falta ser un gran conocedor de nada para ver cuán incomparables son. La forma en que Maduro asciende al poder, su "currículum", su trayectoria seudopolítica, su insensibilidad ante el hambre y la injusticia: que él mismo ha provocado... Porque en tiempos de Chávez las cosas fueron muy diferentes. Maduro se impuso. Y se sigue imponiendo a la fuerza. Hace oídos sordos a la realidad. Es uno de los personajes más macabros de nuestra América, después de Pinochet.  

Ahora bien, vale la pena comprender mejor la circunstancia económica de nuestros vecinos del sur, pero no me voy a detener mucho en esto, los invito a visitar los siguientes enlaces... si quieren conocer un poco mejor UNASUR y el MERCOSUR; ojo: alianzas económicas de desarrollo, muy importantes. Dentro del marco de un análisis convencional. Sin mayores repercusiones políticas de alto vuelo.
http://www.unasursg.org/es/objetivos-especificos


Lo que aquí me interesa destacar, con mucho más detenimiento, es lo que sí cuenta para el proceso histórico que vivimos en México. Y antes de dejar de lado los símiles, solo mencionar que si de alguien veo yo cerca a AMLO es de Mujica y de las fortalezas políticas de Lula, guardando las debidas distancias y proporciones. Recordemos que Mujica fue preso político, miembro de un movimiento guerrillero (de corte comunista) en medio de una dictadura militar atroz. Por no mencionar que el Uruguay no tiene referente alguno con ningún lugar de nuestro territorio. Lula, en cambio, tiene una historia forjada como líder sindical (en este contexto, tendríamos que hacer una revisión histórica de los sindicatos en México y su relación directa con el poder ejecutivo en el marco de un orden de poderes en equilibrio). Además, Brasil es un país cuyas convulsiones no tienen comparación alguna con México. Por lo que tampoco podría haber una honesta comparación entre los tres. Salvo el espíritu virtuoso, que comparten, de favorecer a los más desprotegidos. Y representar un referente político y moral incuestionable.

Por otra parte, la historia de la izquierda en México (pensando, en mayor medida, en la consolidación del movimiento Cardenista, a partir de 1988) estaría mucho más cerca de la experiencia Kirchner en Argentina (en particular, los primeros periodos; al margen de las connotaciones peronistas). O más a la par de un Alan García en Perú, un Rodrigo Borja en Ecuador, incluso: un Óscar Arias en Costa Rica (éste más hacia el centro-liberal y refiriéndonos, sobretodo, a su primer periodo). En el caso de México, sin un "Sendero Luminoso" ni una selva amazónica (en contraste con una costa comercial oligárquica y una sierra indígena-colonial)... y sin la tradición de paz de la "Suiza americana". Es decir, una "izquierda" de vías institucionales con cambios graduales y definiciones claras sobre el bienestar social. Si bien, la izquierda en México también ha contado siempre con corrientes mucho más radicales, las cuales siguen representando porcentajes relativamente bajos de la población. 

En tiempos más recientes, de tercera vía y experiencias social demócratas, podemos trazar afinidades con Chile y, de algún modo, podríamos decir que siempre hemos estado más cerca de Colombia. Lamentablemente, coincidiendo ante el flagelo del narcotráfico y del crimen organizado. Pero... a la vez, muy distantes porque las FARC son un fenómeno ajeno a nuestra historia. Y tanto los gobiernos chilenos como colombianos han sido, por mucho, más moderados y conservadores. Más aparejados con lo que han representado algunas fracciones del PRI. Y con apego a los procesos de globalización de los años 90.

A Evo Morales no lo incluiré en este análisis porque Bolivia era uno de los países más pobres del mundo, vivió sumergida en condiciones de miseria. Su población indígena, de cultura  ancestral Inca, es prácticamente mayoritaria. Y su realidad tiene características inconmensurables. Evo representa a su país y conserva el apoyo de la mayoría de la población, por las vías institucionales. Es el único presidente de América que representa en carne propia a los pueblos originarios de nuestra América prehispánica. 

Y también es importante tomar en cuenta que la conquista europea tiene una historia en América del Sur muy distinta a la narrativa de México, Centro América y el Caribe. Además dispar: no es lo mismo la Gran Colombia que los países de la Patagonia (con menos población originaria y mucho más influenciados por las migraciones de Alemania e Italia, posteriores), así como, Brasil (colonia portuguesa marcada por el signo de la esclavitud de la población afrodescendiente). 

Y en lo que a parecidos concierne: no es lo mismo Simón Bolívar que Hidalgo (y Costilla) y Morelos (y Pavón). Tras la Independencia que marcó la historia de la América post-colonial, bajo la influencia de Estados Unidos y Francia; un siglo después: solo México tuvo una revolución social (de masas) y republicana a la vez (o que derivó en el fortalecimiento de un modelo republicano, con antecedentes claros en el papel crucial que Juárez, y la época de Reforma, representa para la constitución de México, y la resistencia de Porfirio Díaz a todo lo que él representaba, incluido su origen indígena). Lo cual debería darnos muchas luces para comprender la revolución socialista de fines del siglo pasado, e inicio de este siglo, que tanto vivificó la América del Sur. 

En México no tuvimos dictaduras militares ni tampoco guerrillas vigentes o exitosas durante la época de la guerra fría. No tuvimos golpes de Estado. México eligió otros caminos y se ha construido con un modelo propio. Único en América Latina. Y solo México es vecino fronterizo de los Estados Unidos. De ahí que los discursos "anti-imperio" (de corte socialista) jamás han fructificado aquí. Pero sí un patriotismo nacionalista, obligado por la sobrevivencia digna. Al mismo tiempo, solo nosotros hemos tenido que defender nuestras tierras y nuestra identidad nacional con tanta fuerza, a causa de esta vecindad. Así como, o por lo mismo, Estados Unidos no ha podido nunca intervenir México con la misma ferocidad con que sí lo hizo en otros países. Siempre motivado por una expansión política, un dominio comercial y el control sobre el petróleo de los territorios americanos (y en este contexto, no es gratuito el colosal escándalo de Odebrecht que, en términos estrictos, poco abona para erradicar la corrupción y mucho ha ayudado a desestabilizar la gobernabilidad en América Latina).

Y aquí aparece un aspecto clave... El resto de América Latina estuvo siempre más abierto a los Estados Unidos, sus movimientos opositores fueron marginales y/o brutalmente reprimidos. Y Venezuela es un claro ejemplo, tras el despilfarro de las grandes rentas petroleras (que todavía poseen y que quién sabe en qué las invierten), la cultura venezolana se aparejaba más a una colonia de Estados Unidos (no construyeron una nueva institucionalidad propia hasta que llegó Chávez, por ello, el referente inmediato sigue siendo "El Libertador"). Al menos comercialmente, era como estar en Miami. Caso similar el de Panamá y no se diga: Puerto Rico. 

Y en este contexto, la joya de la corona: Cuba libre. El primer país socialista de América. Con Fidel, excesos y virtudes, a la cabeza. Este es el caso más atípico de todos. Empezando porque es el único que supo, en su momento, erradicar la pobreza masiva. Flagelo vigente en el resto de América. Nos llevan ventaja en indicadores de desarrollo, educación  y salud. ¿A qué costo? Uno muy alto. En condiciones aún de precariedad. Otra historia podríamos contar sin el bloqueo del que han sido objeto. Tras la caída del bloque soviético, su aliado por excelencia. Bloqueo por demás contrario a todo principio de humanidad. Fidel tomó una decisión muy difícil. Miró por demasiado tiempo solo un lado de la moneda. El de no dejarse amedrentar ante un abuso consumado. No doblegarse ante una medida de fuerza. Era una cuestión de principios. De resistencia y justicia. 

Sin embargo, olvidó que su pueblo sucumbía de necesidad. Y que cada vida cuenta. Cuando se trata de ideologías nunca se debe renunciar al beneficio individual. En términos estrictos, el bienestar solo se mide en personas de carne y hueso. Y el discurso no puede ir más allá de la realidad vital de las personas. Solo los cubanos tienen el veredicto definitivo ante el saldo de su historia. Lo que no se puede negar es que siguen siendo un referente inigualable de sobrevivencia, lucha y libertad (aun a costa de otras libertades, más subjetivas, pero igualmente importantes: a la luz de la historia... las más vigentes e irrenunciables). 

México, en medio de todos sus atrasos y tropiezos, ha estado a la vanguardia de América Latina. Por eso, cuando volteamos la mirada a nuestra realidad histórica debemos siempre mirar desde otro lugar. Desde un espacio solo nuestro. Y analizar nuestro presente a la luz de nuestro pasado. Sin subestimar nuestra herencia revolucionaria de inicios del siglo pasado, sin subestimar que hemos tenido más de una primavera. Un EZLN y un "voto por voto, casilla por casilla". Un partido hegemónico por 80 años. La nacionalización del petróleo. Un "sistema que se cayó" y el nacimiento de un Instituto Federal Electoral. Un candidato presidencial asesinado y otros crímenes en las más altas esferas del poder, como síntoma de una élite resquebrajada, ya desde 1994. Un año 2000 de voto útil (que hoy podemos valorar por demás infructuoso, ante todo lo que "nos prometimos" entonces y lo que obtuvimos a cambio) y el regreso de un PRI que no es ni la sombra de lo que fue.

Y entre ambos periodos: un sexenio panista fallido que recurrió al ejército para afrontar flagelos que no podía ni comprender. Un México movilizado, desde entonces. Expuesto a horrores inimaginables e incomparables con el resto de América Latina. En contraste: un lugar en la OCDE. Un tratado comercial con Canadá y Estados Unidos (ahora en renegociación) que nos obligó a reconceptualizar todas nuestras instituciones. Nos avocó a referentes internacionales que no teníamos. Y precipitó el curso de nuestros acontecimientos históricos. Un forzoso tránsito hacia la promesa de una nueva modernidad que aún no logramos concretar. Desde 1988 estamos atrapados en una transición que no tiene forma definida aún. Y sin embargo, hemos logrado "avanzar" (o si quiere: sobrevivir). El problema es que seguimos sin conciliar hacia dónde queremos avanzar. De qué manera queremos vivir de ahora en adelante... para dejar de sobrevivir. 

Este largo proceso transicional, rico en etapas, triunfos y ecatombes, sigue siendo un proceso de aprendizaje. Enseñanzas que se suman, hoy, a la falta de resultados que se han obtenido de las promesas neoliberales, independientemente de los logros alcanzados en la materia. En especial, si lo medimos de cara a las necesidades reales de la mayoría de la población. De cara a cada una de las personas, de carne y hueso, que componen nuestro país. De cara al alto costo en criminalidad y corrupción que actualmente nos acecha.

No debemos olvidar, ni subestimar tampoco, que es nuestra herencia revolucionaria lo que nos obliga a la civilidad. Una civilidad que solo se pudo quebrar de forma significativa ante una mezcla extraña de derecha retrógrada, liberal, regresiva, democrática, socialmente moderada, tecnócrata, demagógica e innovadora, a la vez -a la cual no estuvimos antes expuestos, como sí lo estuvieron otros países de América Latina (en versiones más conservadoras) en su pugna por construir instituciones, a lo largo del siglo pasado. Quedando totalmente huérfanos ante el narcotráfico y el crimen organizado. Y aun así, seguimos siendo un país de "instituciones". En medio de una guerra civil de no tan baja escala, pero todavía "imperceptible" para sectores afortunados de la población. Somos un entramado de complejidades imposible de cuantificar. Imposible de interpretar con modelos restringidos a la realidad de otros países.

Somos una ciudadanía que aspira a la paz por el camino de la razón. A pesar de ser una población víctima de una clase política que, por exceso, se conformó con la corrupción. Una vez que se descubrió incapaz de recuperar nuestras instituciones para el desarrollo pleno de toda la población. Somos casi un milagro. Y es esta civilidad la que hoy pugna por el respeto irrestricto al sufragio efectivo, la que clama por un cambio de esperanza. ¿Cuál peligro puede haber en esto?

Si bien, transitamos con relativa paz, con aciertos y desazones, a la era de boga neoliberal. En gran medida, obligados por las circunstancias. Y con poca autonomía. Lo cierto es que hubo muchas simulaciones para lograr mostrar este rostro ante el mundo. Simulaciones vigentes que para lo único que abonan es para la impunidad. Hay un abismo entre nuestras leyes y nuestras prácticas sociales. Hay un limbo entre nuestras necesidades y nuestra capacidad política y social de hacerles frente. Hay una irracionalidad entre nuestra riqueza (y prosperidad) y nuestras miserias (y realidades subdesarrolladas). No se trata de izquierdas o derechas. De modelos económicos más o menos conservadores, más o menos liberales. Se trata de la vida. De la posibilidad de un futuro digno para todos. Y hoy estamos ante una decisión crucial para recuperar el rumbo de nuestra historia. Con base en nuestras propias reglas. Porque México es México... y solo nuestro. 

Para quien quiere centrar sus críticas a AMLO en los riesgos que para algunos representa su "autoritarismo" y su "populismo". Quisiera hacerles notar, por un lado, que el liderazgo de Andrés Manuel es indispensable para llevar a cabo una verdadera transformación en México. Por otra parte, no confundamos tiranía con determinación. Autoridad con abusos o caprichos del poder. La autoridad de López Obrador es una expresión de su liderazgo. Y la vocación de su liderazgo se revela en la confianza que depositamos en él quienes creemos en su capacidad para gobernar y llevar a buen puerto nuestro país. El tiene "ése no sé qué" que se necesita para gobernar, es un líder nato. Y eso despierta más bien celos en todos los políticos que tratan de combatirlo.  Es cierto, es apabullante. Pero en el buen sentido, es digno de admiración. Basta acercarse un poco a él para descubrir la fortaleza de su carácter y la determinación en todo su quehacer. La congruencia de su espíritu. La honestidad de su alma. En los últimos 20 años, no ha hecho otra cosa que conciliar y demostrar sus brillantes artes políticas. Es un hombre de paz y respeta la voluntad de la ciudadanía. Y  su fuerza radica en que está seguro de lo que quiere y debe hacer. Tiene un proyecto sólido. No titubea. Pero tampoco está dispuesto a quebrantar la ley para cumplir sus objetivos. Y de eso ya ha dado muestras claras y consistentes. Así como, lo hemos visto madurar y transitar de la resistencia (y polarización obligada, ante la presión de sus opositores) a la reconciliación y la inclusión plena de todos los sectores de la población (ante un llamado urgente de unidad, eje vital de su propuesta electoral).

En cuanto al "populismo". Término por demás desafortunado. Gelatinoso y cargado de prejuicios y estigmas. Lo primero es distinguirlo de la demagogia. Su versión negativa. Porque el problema no es gobernar con "popularidad", lo cual puede ser incluso banal. Con más significado: el riesgo no es gobernar con base en proyectos populares ("populistas"), en tanto que buscan el beneficio (y no el benéplacito) de la mayoría de la población, con más énfasis: el bienestar de los sectores más desprotegidos. El problema es usar el discurso del bienestar sin estar comprometido con hacer lo que sea necesario para hacerlo posible. Ésta es la demagogia populista (normalmente, una práctica que nace en el seno de la ultra derecha), ajena a Andrés Manuel (y a las tradiciones de izquierda de América Latina que, con creces, han construido sus espacios: haciendo frente a los monopolios de poder, económicos y políticos, que siguen estando al servicio de los intereses de sectores minoritarios y más afortunados de nuestras sociedades). 

Por mi parte, que me apunten en la lista. Porque a mí no me da miedo alguien que de verdad se va a comprometer con el bienestar sostenido y sostenible del pueblo de México. Alguien "populista". Yo no le temo a alguien capaz de hacer cosas y lograr resultados tangibles. A romper la simulación en la que nos encontramos sumergidos y en donde todos, de una u otra manera (por convicción, conveniencia, resistencia, necesidad o resignación), hemos encontrado una zona de confort. Lo que nos asusta es que Andrés Manuel va en serio... Y nos asusta porque no sabemos cómo dialogar con alguien que logre ir más allá del discurso y hacer de sus palabras hechos. Yo no le temo a su determinación. Es precisamente por ésta que voy a votar por él. Sin titubeo alguno. Feliz, sin enojo y sin temor. Con convicción. Y colmada de buenas razones para hacerlo.

Y para desterrar, de nuestros imaginarios de opinión pública, la triada Venezuela-tiranía-populismo vs. Andrés Manuel es un "caudillo populista" y nos convertirá en Venezuela... Y de cara a cualquier otra similitud que en este rubro se quiera hacer en lo que respecta a México y otro país de América Latina. Yo veo dos causas por las cuales las recientes experiencias "populistas de izquierda" han dejado tan malos saldos. La perpetuación antidemocrática en el poder y las prácticas fascistas de las oposiciones que las combaten. Estas causas son una mezcla mortal. 

Si Correa, en vez de extender su mandato, tramposamente, cuando se establece la nueva constitución, hubiese concluido pacíficamente en cuatro años (el tiempo por el cual fue elegido) y dado paso a elecciones libres y democráticas, habría conservado su legado (en beneficio de los ciudadanos). Alianza País, el partido oficial, habría tenido que entrar a una nueva contienda electoral en condiciones de competencia, incluso con alternancia y con posibilidad, o no, de recuperar el poder. Dando espacios sanos para la libertad de expresión y dando lugar a la representatividad de los distintos sectores políticos del país. Así, el Ecuador habría podido madurar sin tantas estridencias. Sin la resonancia de discursos recrudecidos de oposición. Sin el oprobio de la corrupción bajo la cual sucumbieron los anhelos que lo llenaron de esperanza. Sin necesidad de resquebrajar la convivencia de la ciudadanía.

Lo mismo en Argentina, Cristina Kirschner habría dado mejores resultados si hubiese dado lugar a la alternancia tras el periodo presidencial de Néstor Kirschner, o tras su primer periodo, así, se habría podido reelegir con más eficacia y ahora no estarían en tales aprietos. Finalmente, sumaron entre los dos: 12 años de gobierno. Lo cual incrementa el encono de algunos sectores de la población y la tensión entre las fuerzas opositoras al régimen. Podrían haberse beneficiado, todos los argentinos, de la suma de las virtudes de dos modelos económicos. Sin haber lastimado tanto la economía Argentina. Respetando la equivalente representatividad de las distintas alternativas políticas. La suma de rumbos que de verdad concilian la voluntad de los distintos sectores de la población. Es tiempo de superar los paradigmas de la guerra fría, para dar paso a la viabilidad de nuestras democracias.

Y si Chávez hubiese aceptado el triunfo de Capriles, en un momento en que ya Venezuela necesitaba un nuevo equilibrio, hoy Maduro estaría compitiendo por la vía electoral y pacífica, con altas probabilidades de ganar (o no), pero bajo un espíritu de verdadera competencia democrática. La población podría seguir capitalizando las virtudes del régimen chavista y sanándose de sus excesos, en conciliación con el curso de su historia. Y Venezuela no estaría jugándose su futuro entre la vida y la muerte. Porque sí, Chávez abusó del poder (como por ejemplo: cercenó las libertades sociales de expresión, de pensamiento, comerciales, solo para obligar a toda la población a pensar igual que él, porque él estaba convencido de que sabía mejor que nadie lo que era mejor para todos; lo cual es indefendible). Pero, no se puede soslayar tampoco, que en Venezuela: quien no ha dejado de tirar de la soga hasta ahorcar, ha sido la oposición  (y en este contexto, la sola posibilidad de un bloqueo es una infamia). Así que ambas partes son igualmente responsables. Por eso la polarización es irreconciliable. Hasta que acepten ambos extremos sus errores: podrán volver a la conciliación. 

Y si bien, la toma de postura en contra de los abusos de Maduro goza de consenso internacional y de la gracia de lo políticamente correcto, lo cierto es que, hoy, la derecha venezolana no tiene todavía los votos de la mayoría (porque probablemente en la campaña a favor del régimen es que se han estado gastando las rentas petroleras...). Y por eso, las fuerzas opositoras recurren a instancias extranjeras para evitar los comicios y, una vez derrocado Maduro (que es  a lo que apelan, no están pidiendo elecciones democráticas), aspiran a una vía "democrática" en la que puedan ellos blindar el sistema electoral a su favor. Por eso recurren a la provocación y a la violencia, como única arma para derrocar al chavismo. El problema es que Maduro responde de la misma forma burda, él es una suerte de fascista de izquierda (lo cual es una aberración conceptual). 

Entre fascistas se vean. Nadie puede ayudarlos, más que ellos mismos. Y los únicos que pierden en esta pugna ilimitada de odio y poder... son los ciudadanos venezolanos de carne y hueso, presos de la propaganda ideológica de ambas partes, obligados a una filiación mercenaria y, en el inter, sin ninguna garantía para la viabilidad de una vida plena. Situación que parece importarle muy poco a los dos extremos que pujan por el dominio irrestricto del poder. Se ha convertido en una lucha por lo "bueno". Por el "idóneo" camino a seguir. Por quién posee la "verdad" más absoluta.

En México también tendríamos menos saldos rojos si Calderón no se hubiese empeñado en ganar a toda costa. El legado de Fox era la democracia, pero él mismo lo destruyó. Gracias al triunfo de Fox en el 2000, que había dado lugar a la transición democrática simbólica, el triunfo de López Obrador en el 2006 fue la primera experiencia de democracia efectiva que habíamos logrado consolidar, porque el voto estaba respaldado por el resultado de su gestión. Los índices de aprobación, que alcanzó como jefe de Gobierno, lo constataban. No era un voto útil, ni corporativo, ni sobornado, ni de desecho a la mejor peor opción. Era un voto que expresaba la voluntad de la ciudadanía y sumaba la mayoría que nuestras leyes electorales requieren. Principio básico de la democracia. Y fueron las tácticas extremas puestas en práctica por los opositores a Andrés Manuel, para aniquilar su liderazgo legítimo, lo que polarizó a la población. Para "salvar" a México del peligro inminente. Paradójicamente, y fuera de todo pronóstico, esta vez será el PRI quien posibilite la restauración plena de este proceso democrático trunco, en parte, porque su gestión actual ha sido fundamental para restituir las condiciones de gobernabilidad en nuestro país. Para recuperar el rumbo de nuestra historia.

En conclusión, el temor de soltar el poder, como si los pueblos fuéramos infantes de biberón, incapaces de escoger a nuestros gobernantes en entera libertad. Es lo que nos deja desamparados frente a los abusos del poder. Porque no importa cuán bueno sea un proyecto para quienes lo sustentan (igual cabe para la izquierda como para los neoliberales, social demócratas, la derecha, como para Fidel), el único camino para la gobernabilidad y el sano rumbo de nuestras economías (en disputa todavía por ideologías cada vez más ineficientes) es el dejarse llevar por el sino de los tiempos... y este termométro solo lo tiene la ciudadanía. Sin polarizaciones y con apego a respetar la libertad y diferencia en cada uno de nosotros. 

Porque la realidad es que nuestras sociedades, cada vez más, están compuestas de diversidades y complejidades. Y la única forma de que todas las fracciones de la sociedad tengan voz es ir haciendo relevos y consensos constructivos. La desligitimación de cualquiera de las preferencias electorales es un atentado contra la preservación de las instituciones y de la vida humana. La política del enemigo solo nos lleva a la debacle, sin importar de qué lado de la balanza nos encontremos cada uno de nosotros. Las clases políticas y nuestros gobernantes, todos por igual, deben aprender a escuchar el clamor de sus pueblos. Aún cuando no siempre clamen por lo que cada fracción proclama. Asumir con responsabilidad los cargos públicos y cederlos, en tiempo y forma, en aras del bien común. 

Lo mismo podemos observar en Brasil, el relevo inmediato de Lula, encabezado por Dilma Rousseff, forzó el curso de los acontecimientos y ella fue injustamente sacrificada para equilibrar la balanza en el juego de los intereses políticos y económicos. Si se hubiera dado la alternancia legítima tras el gobierno de Lula. Hoy estarían en un escenario mucho más alentador para seguir adelante con sus aportaciones para el desarrollo de Brasil, desde su trinchera (aún vigente y  legítima, pero hoy acorralada). El caso de Ortega en Nicaragua, su tiempo ya pasó y parece que él es único en no darse cuenta y ahora está dispuesto a destruir todo lo que ha representado, todo por lo que luchó, reprimiendo con fuerza bruta a las nuevas generaciones, que quieren construir nuevos horizontes, igualmente legítimos. 

Los países que logran mantener la estabilidad, en medio de escenarios igualmente adversos, como Colombia (y el logro de la paz naciente), Chile (que sobrevivió a una brutal dictadura militar), son países que han respetado la alternancia. Lo mismo Uruguay, sigue el curso de su historia, Mujica no dijo aquí me quedo porque soy bueno y todos me aman. Pero qué vemos en Guatemala y el experimento Jimmy Morales, vemos procesos democráticos alterados, que inhiben las fuerzas políticas gestadas a la base de la ciudadanía e imponen gobernantes (derrocan presidentes y exhoneran crímenes de lesa humanidad), en aras del bien común... sí con discursos muy de actualidad y poniendo en alto la bandera de la anticorrupción, pero todavía no sabemos en qué va a terminar la actual gestión presidencial. Encunada como si los tiempos de Rios Montt hubiesen seguido vigentes (lo cual ahora sí cambiará, tras su defunción). Por la falta de acuerdos constructivos entre todos los sectores de la población. Y el reconocimiento pleno de las diferencias. Perú y la dinastía Fujimori, otro ejemplo, todavía en pugna y con altos costos para la democracia actual de este país. 

Los países que pasan, aparentemente "desapercibidos" en la esfera mediática internacional, con sus virtudes y defectos, lo que tienen en común: es el respeto a la alternancia legítima. Sociedades mucho menos polarizadas. Se coloquen donde se coloquen las piezas del ajedrez. El no abuso de la negación de las necesidades de la población como prebenda política. Oposiciones pacíficas. Realidades históricas menos conflictivas y menos estridentes. Procesos más moderados y, en el margen, mucho más positivos. La gradualidad en los procesos de transformación es una llave mágica. Tales transformaciones deben ir aparejadas del termómetro poblacional, sin discriminación. 

Hasta el más "santo de todos los santos" se corrompe si no comprende que su mandato, su proyecto y sus ideales sólo estarán vigentes por un espacio limitado de tiempo.  Y que tales coyunturas necesitan renovarse, precisamente, como un efecto exitoso de las virtudes de su mandato. Como ejemplo, en Cuba se forjaron nuevas generaciones, gracias a la revolución, y fueron estos frutos los que han obligado a hacer los cambios que los ciudadanos logran vislumbrar con mucha más lucidez y vigencia que sus gobernantes. Pero a un paso mucho más lento y precario de lo que pudo haber sido. Los gobernantes deben aprender a confiar en los ciudadanos. Para que los ciudadanos podamos volver a confiar en ellos. 

El celo ideológico, depositado en abstractas filiaciones, solo merma la posibilidad de que nuestros países crezcan y se fortalezcan. Nos niegan a todos la posibilidad de construir sociedades más justas. De dialogar y sumar esfuerzos. Y aquí, los grandes capitales deben también hacer su parte. Reconocerse como parte de estas realidades complejas y ceder al bien común: las garantías que a todos nos corresponden, sin sentir amenazadas sus prioridades. Aprendiendo a respetar la legalidad del Estado, por principio. Construyendo juntos: convenios y soluciones.

Y esto me lleva a la segunda causa: el papel irresponsable de las oposiciones (algunas de corte fascista). En un extremo, las oposiciones de derecha que gozan del poder económico que las sustenta por definición histórica y que, generalmente, recurren a las peores prácticas antidemocráticas para derrocar a los "populismos", "socialismos", "comunismos", "izquierdas", etc. Y, en el otro extremo: las oposiciones de izquierda. Y aplica la misma regla, a pesar de haber sido, tradicionalmente, oposiciones que representaban poderes al margen de un dominio económico; no por ello, han sido menos radicales en sus manifestaciones. Estas, en cambio, recurren a tales abusos para derrocar a "imperios", "dictaduras militares", "capitalismos", "derechas", "tecnócratas", "neoliberalismos", etc. En realidad esto es indistinto, para lo que yo trato de señalar. 

Porque si bien, éstas fueron prácticas más comunes entre las oposiciones de derecha (en su afán por conservar sus prerrogativas). Ya que, por tradición histórica, las oposiciones de izquierda, aún en sus formas más radicales e igualmente nocivas, no contaban con el monopolio de los recursos económicos. Por lo cual era más difícil que lograran un efecto sistémico estructural más significativo por estar, por definición, mucho más marginados en la competencia económica y política (en su afán por desarticular las prerrogativas de los sectores conservadores). Pero sí han sido capaces de fomentar condiciones de ingobernabilidad de alto impacto. Y lo cierto es que, cuando la balanza ha estado a su favor, es decir, cuando la izquierda juega un rol importante como parte de los intereses económicos y políticos (estando del lado del ejercicio del poder), tenemos el oprobio de la corrupción y abuso del poder público (antes asociados a la derecha conservadora) de algunos de los gobiernos de izquierda de América Latina, en México: para muestra el PRD. Y la reacción de resistencia para preservar el sistema vigente, que antes señalábamos como común denominador de la derecha, ahora la vemos como fuerza de choque de la izquierda. Así como, la defensa de las libertades en contra del sistema vigente, que antes señalábamos como común denominador de la izquierda, ahora lo vemos como frente de defensa y ataque de la derecha. 

Entre estas practicas antidemocráticas que señalo se encuentran: las campañas negativas... El amedrentamiento comercial. El desprestigio de las instituciones. Los discursos maniqueos y polarizantes. El dolo de la "pureza". Los argumentos sofistas. Con base en prejuicios y fijaciones sociales que ya no tienen vigencia y solo dañan la convivencia ciudadana. En México, como ejemplo: la forma en que se ha manifestado el rechazo a Peña Nieto, más allá de la crítica objetiva y la denuncia legítima. 

Todas estas expresiones son un componente esencial para los procesos de deterioro y violencia que un país puede afrontar. Porque cuando la estrategia es de acorralamiento, la única forma de resistencia es la violencia. Y el círculo de la violencia, que se combate con violencia, siempre tiende a acrecentar la polarización. Por lo que para que exista un "peligro social" siempre se requieren dos partes igualmente dispuestas a polarizar los escenarios políticos. En el margen, no importa cuál de las partes posee la "verdad más digna", pues la contienda ya no se está jugando en el territorio de las ideas. Es una batalla de fuerza para probar quién es más fuerte. Y esto no tiene posibilidad de un sano desenlace para la vida de nuestros países.

Esto, sumado a la conciliación de un modelo económico global que ha ido superando la tensión simbólica entre capitalistas, burguesías y proletariado, redefiniendo el desarrollo social como un objetivo más allá de las ideologías políticas, hacen que cada día tenga menos sentido hablar de izquierdas o derechas. Sin embargo, hay un matiz que todavía no se puede soslayar ni pasar por alto, lo nombremos como lo nombremos. Y que ahora se traza entre las garantías al respeto a la dignidad humana y el agravio a la dignidad humana. Un nuevo territorio democrático que estamos aprendiendo a explorar y resignificar. Y bajo este criterio, no hay condición de miseria humana susceptible de ser justificada bajo ningún régimen político. Así como, la libertad democrática es una de las prerrogativas de la dignidad humana.

Retomando el ejemplo de Peña Nieto. Y para quienes, en detrimento de mi libertad de conciencia y mi libre expresión, me siguen reclamando y cuestionando con hostilidad: porque me apego a defenderlo con orgullo. Con convicción democrática, reitero e insisto en que debemos aprender a ser más justos con nuestros gobernantes. Tomando en cuenta que es un presidente elegido legítimamente y que quienes votaron por él creían en el proyecto que él representaba y, en consecuencia, dicho proyecto es con base en el cual se debe medir el logro de los resultados que estuvieron a su alcance, así como el defecto de lo que no pudo cumplir, independientemente de que no todos coincidiéramos en esta preferencia electoral. Aun cuando, en la decisión de esta mayoría, probablemente, no se dimensionó que había carencias que no lograrían subsanarse bajo el enfoque de esta gestión. Pero, incluso si estos electores lo dimensionaban: no lo ponderaron como lo más urgente; porque fue más valioso, entre las preferencias de la mayoría, poner un alto urgente al rumbo panista. Y el referente inmediato, que ofrecía más certezas para lograr este fin, en el 2012: era el PRI. Y como país, debemos ser capaces de reconciliarnos con nuestras decisiones colectivas. A pesar de que no siempre estemos del lado de la mayoría relativa que determina el resultado de una elección. 

Debemos aprender a vivir en democracia. Ser comprensivos y pacientes, entre nosotros, ante las enseñanzas y los aprendizajes que forman nuestra historia. Renunciar a los símbolos polarizantes. Porque lo que necesitamos es ponernos de acuerdo para encontrar soluciones, de cara al futuro. Y no pelearnos en la repartición de las culpas, de cara al pasado.

Estos son los entreveros de toda democracia, son unas cosas por otras, en aras de alcanzar un equilibrio cada vez más justo. Y son las aún vigentes carencias, ahora recrudecidas, las cuales podemos observar hoy con más claridad, a la luz de la consecución del sexenio, a partir de lo que sí se hizo bien, lo que se hizo mal y lo que no se hizo: lo que hace posible que hoy podamos ponderar otras prioridades. De manera colectiva. Y llevando el peso de la mayoría relativa hacia otra dirección. De acuerdo con nuestras propias reglas democráticas.

Aprendamos a ser oposición sin necesidad de destruir el camino andado. Y ha ser gobierno sin necesidad de destruir a las oposiciones. Es tiempo de superar la era de las resistencias y aceptar que solo juntos podemos avanzar... Apegados al termómetro de los acontecimientos históricos vigentes. Sin violencia.

En todos estos contextos es que toma su verdadero valor la adhesión de perfiles de todo orden, con diversos antecedentes históricos y partidarios, a MORENA. Es un rapaz reduccionismo interpretar este suceso extraordinario como una expresión mercantil del oportunismo político. A quien le quede el saco que se lo ponga. Ampliemos la lupa... ¿qué une estas voluntades renovadas? Un proyecto de nación. Y el clamor de una ciudadanía que quiere arriesgar su futuro por la posibilidad de un México más digno. Es de sabios adherir pacíficamente al curso de los acontecimientos. Y sumar equilibrios de poder, e ideologías en consenso, para encontrar un rumbo verdaderamente común a todas las necesidades de nuestro país. Para que todos los intereses queden igualmente representados, sin detrimento de los más desprotegidos. En conformidad con lo que hoy nos urge resolver. De cara a los miles de muertos que se suman a lo largo y ancho de nuestro territorio.


Y tú... ¿crees que un nuevo modelo económico, al margen de los ideales políticos del siglo pasado, es posible?


Feliz domingo...
de segundo debate presidencial.
Bienvenido Pentecostés.
Y fuerte de abrazo
... lleno de magia de tortuga.



sábado, 12 de mayo de 2018

días...

... grises.


El pasado es una cuenta pendiente que siempre nos azota y nos toma por sorpresa. Debería haber un límite de dolor que un ser humano fuera capaz de sentir. Lo cierto es que, así como, las alegrías y la felicidad no conocen límite, son experiencias renovadas capaces de vivirse, revivirse e reinventarse (y recordarse), las tristezas también. No hay magia posible que logre librarnos de, en cualquier momento, descubrir que contamos con pocas razones para sonreír. O que estamos tan agotados que olvidamos todo aquello que nos recuerda porqué es tan bello vivir. 

Situaciones en donde, al mirar tras el espejo, solo encontramos la huella de todo lo que ha roto nuestra alma. La desesperanza nace tras esa mirada que no podemos recuperar. Cuando recordamos que estamos lejos de todo lo que fuimos. Y que quizá el futuro traerá todavía nuevos quebrantos. Días en que no podemos explicarnos a nosotros mismos las dificultades que hemos enfrentado. En que no podemos dejar de reprocharnos a nosotros mismos. En que no hay porqué que quepa en la razón. Cuando el deseo se agota. El corazón se vacía. Y solo queda la dura verdad. 

Uno se imagina que ya no podrá superar una pérdida más. Que ya no habrá traiciones que logren doblegarnos. Ni silencio que pueda susurrar con furia ante la desazón de las injusticias que componen nuestra vida. Cuando el miedo nos abraza y nos impide caminar. 

Esta es la historia de la sirena de los mares del llanto. Aquella que nunca despertó. Perdió la fe y extravió su corazón. La que recibió los golpes de un monstruo hecho de mentiras. La que nunca volverá a ver la luz. Cuyos sueños le fueron arrancados, uno a uno, hasta que sus semillas se agotaron. La que amó sin ser correspondida y, en el camino, fue invadida por todo tipo de malhechores y cobardes. La que nunca conoció un alma que calzara con la suya. 

Ella nació destinada a no nacer. Probablemente, ésta es una contradicción insuperable. Su existencia sutil la hacía invisible. Y falleció sin haber encontrado el eco de su voz. Vivía en un lugar nutrido de soledades. Y en donde solo fantasmas desalmados y desamparados la perseguían. Quienes no querían entender ni escuchar que ella no podía oír su voz ni encontraba virtud alguna en su presencia. La réplica de corazones ciegos que la acosaban. Mensajeros rapaces al servicio de las fuerzas más oscuras del mundo. Pero esto no siempre fue así.

Hubo un tiempo en que, esta huérfana sirena, nadaba libremente y, pese a todo, siempre sabía sonreír. Descubrió lugares inexplorados. Bellos horizontes de colores que le enseñaron a volar más allá del cielo y desplazarse, sin miedo ni peso alguno, por otras galaxias. Siempre con el ánimo abierto a decir sí. Pero un día, inmersa en la felicidad de sus viajes, conoció a un ser hecho de piedra y disfrazado de mar. 

Este ser macabro le enseñó un espejo falso. "Mira sirena, ¿ya viste? tú no puedes volar... Eres solo una sirena." Y la aprisionó por siglos en una cárcel hecha de envidia, rencor, reproches, abusos, frases malintencionadas, engaños, burlas, juicios descalificadores, abandono y encierro. Él era una dura piedra forjada de defectos. Cuya especialidad era la tortura. 

Un ser cubierto de fachadas. De esos que nunca muestran su verdadero rostro ni hablan con su propia voz. Sin nombre. Que no conocen la magia de abrir el alma y entregar el corazón. Que pretenden ser buenos. Y cuyas argucias son tan sofisticadas que es casi imposible delatarlos. Una suerte de contagio para la que no existe cura. Seres malignos e infecciosos que viven de robar la luz de la bondad de otros seres. 

Con malas artes puso a la sirena a dormir y la enterró colmándola de lágrimas. Le ofreció una estrella, una joya y un nuevo amanecer a la orilla del mar. Para calmar su angustia y poderla raptar. Y después la sumó a su colección y solo la espiaba, cada tanto y cada vez por periodos más espaciados, para regocijarse en su sufrir. Manipulaba su inanición y tras el cristal de la jaula, en que la tuvo cautiva, le mostraba fantasías con el único fin de verla enloquecer y deleitarse de su ingenuidad. Así como le presumía sus viajes estelares y el apogeo de las cimas que había visitado. Solo para aplastar poco a poco todos los resquicios de su voluntad. Un ser con apego a lo patético. El diablo en persona.

Cómo alguien podía prever tal malignidad. Ella nunca logró comprender porqué se volvió la presa de tanta mezquindad. Qué hizo ella para merecerlo. Y ese es el problema de la maldad profunda: nace sin causa alguna. Solo la casualidad y la mala suerte te vuelve vulnerable ante un ser sin escrúpulos.

Hace unas noches, esta hermosa y dulce sirena apareció en mis sueños. Y traía consigo un bello mensaje de paz. Quería que supiera que, a pesar de haber sucumbido, logró romper todos los lazos con tales cadenas. Y que había llegado su tiempo de partir por siempre. Que ésta sería su última visita. Estaba agradecida por la larga amistad que pudimos construir cuando, en medio de todas sus desgracias, coincidíamos en un lugar mágico que se trazó entre las dos. Me recordó que no había nada que yo pudiera hacer para protegerla de su destino trágico y se disculpó por no poderme compartir todos sus secretos. Los cuales se perdieron tras el reposo de un sueño profundo del que jamás despertará. Pero me regaló un hermoso caracol de mar. 

Y susurró en mi oído: "no estés triste... aquí se conserva aún la canción que hace despertar los corazones. Las mariposas blancas de tus mañanas, tarde o temprano, te enseñarán el camino para descifrar los secretos de la música que aquí guardé para ti. Déjate sorprender. Mientras esto ocurre no habrá ya un solo sonido que logre atormentarnos. Solo polvo queda de aquella roca. Y con el soplo de mi partida desaparecerá por completo. Todo estará bien." Me bañó de luz violeta y dorada y acarició todas mis heridas. Y sus últimas palabras fueron "soy feliz y tú también lo serás... no estás sola... mis sueños se quedan contigo".  Fue como viajar a través de las estrellas de su mano. Y sí, dejó también una gran tristeza en mí. La tristeza del adiós. 

Quisiera haberle podido decir que no dejara que el agotamiento la venciera... pero era demasiado tarde. Su decisión fue definitiva. Agradezco que haya podido visitarme para despedirse. Mi vida no volverá a ser la misma sin su amistad. Pero le debo a ella vivir la vida que soñó. Aunque hoy sea uno de esos días grises. 

Probablemente la luna guardará su espíritu y su sonrisa. Recordándome que venció. Y ninguna tentación la quebrantó. Así que se asoma un tiempo para festejar... cuando vuelva a salir el sol a través de sus ojos.

... Dedico su historia a todas las sirenas que han sido injustamente aprisionadas. 


Y tú... ¿conoces los secretos que esconde la música de tu futuro?


Dulces sueños...
queridas tortugas.



martes, 8 de mayo de 2018

un suspiro...

... para el corazón.

Queridas tortugas:


Si bien estos días están colmados de campañas electorales, no debemos olvidar tomar un espacio para abrazar otros espacios de nuestra vida. Me lo digo a mí misma. Porque me apasiona mucho el curso de la política. Esta extraña vivencia en la cual, la mayoría de nosotros, somos espectadores y poco participamos de las decisiones y del ajetreo público. Creamos identidad con nuestras preferencias, con nuestros candidatos y candidatas. De manera casi inexplicable. Nos enajenamos. Nos entusiasmamos. Nos apasionamos. Y también nos divertimos. O al menos, a eso debemos a aspirar. El sentido del humor es la forma más placentera de dialogar nuestras diferencias...

Yo vibro de emociones. Lloro... sí, aunque no lo crean.  De alegría, de angustia y tristeza... de esperanza. También río y sonrío. Mi caparazón es como una esponja que late al ritmo de los días del acontecer social. Mi cabeza no deja de dar vueltas y vueltas. Me olvido de mis quehaceres diarios. Hasta se me olvida comer. Y postergo mi empeño por encontrar un empleo. Algo que me es mucho más urgente desde el diminuto cotidiano de mi acontecer inmediato. Pero por alguna razón, lo que estamos viviendo es mucho más trascendente para mi existencia. O al menos, eso quiero soñar...

Los medios de comunicación, las redes sociales, artículos de opinión y mesas de análisis me tienen totalmente ocupada y distraída a la vez... Casi casi como cuando uno se empieza a enamorar. Con esa sensación de estar viviendo una experiencia sin precedente y de que algo realmente importante está por pasar en nuestras vidas. O al menos, esa es mi ilusión.

¿Ven?... no puedo despegarme del monotema. Haré un esfuerzo... porque, insisto, se antoja un poco de eso otro de la vida que también nos llena de entusiasmo. De volver a nuestro diálogo íntimo. En mi caso, entre otras cosas, volver a mis otras letras, a mis otros propósitos personales. No sólo de política... vive la filósofa...

De qué más nos alimentamos con fervor los amantes de la sabiduría... de inspiración, de interrogantes sobre la razón de ser del acontecer del mundo, de dilemas teóricos, de dudas existenciales, de descifrar el amor, de comprender la ética, la epistemología, el conocimiento, las ciencias y saberes, la metafísica, la ontología, la lógica, la estética y la historia del pensamiento filosófico; en resumen: de reflexionar y de pensar. 

Y, entre el infinito universo al que nos invitan todas estas vertientes de la "sabiduría"; entre comillas porque es una sabiduría incompleta, abierta a nuevos territorios, es una búsqueda constante, un modo de ser y de vivir que se elige cada día, una interrogación incesante, una verdad inacabada, un terreno fértil para la especulación, la vocación amorosa por excelencia; cada filósofo escoge un pequeño astro... de la mano del anhelo melancólico de poderlo (o no) alcanzar. Un destello de luz... a partir del cual trazar su propia brecha de sentido, cegado por su brillo ante él. Ese momento en que el filósofo se juega todas sus certezas, y el terror que eso nos provoca a los seres humanos, en su apuesta por acariciar la verdad. Ese hito que da vida a una nueva forma sistemática (y sistémica) para observar, comprender y conceptualizar un nuevo sentido del mundo (incluida la naturaleza) y de la vida humana. Estos: la impronta de todo gran filósofo.

¿Cuál es la motivación de mi melancolía? ¿Cuál el destello que me intrigó de tal forma que logró deslumbrarme? ... El que se suele llamar: problema de la conciencia. 

¿Qué es la conciencia si la comprendemos ontológicamente? y ¿cómo se explica a la luz de las interrogantes de la neurociencia? 

¿Cómo está hecho nuestro cerebro que da lugar a la conciencia? y ¿qué es la conciencia si se puede explicar física y orgánicamente?

¿Cuáles son sus condiciones epistemológicas y sus capacidades éticas? y ¿cuál es su vocación creativa y artística?

A esto me dedico en estos tiempos, entre el desempleo y la campaña electoral: a escribir un libro que espero pronto compartir con ustedes. He emprendido una tarea titánica. Lo sé. Pero del tamaño del esfuerzo será la felicidad al verlo concluido. Esta es la virtud de las aventuras de la tortuga mágica. Quedando pendiente el hecho de que no sólo de filosofía... vive la mujer.


Y tú... ¿tienes una tarea titánica que llene de alegría tus días?



Buenos días
al filo de la madrugada...
llenos de magia de tortuga!
Lindo día y
fuerte abrazo.




lunes, 7 de mayo de 2018

Ahora sí...

... entremos al análisis sustantivo. ¿Cuáles son las grandes ausencias en esta contienda presidencial?
#ELECCIONES2018 


Tomando como pretexto lo que pudimos ver y no escuchar en el primer debate presidencial. Más allá de las formas que desdibujamos tras el rostro de cada uno de los candidatos. Y más allá del color de nuestras preferencias. Sin hacer campaña. Es tiempo de reflexionar, como ciudadanos, sobre el avance hacia la meta de esta larga carrera electoral. De cara al segundo debate presidencial.

Propongo partir del bloque temático que ya se expuso:

1. Política y Gobierno
- Combate a la corrupción e impunidad.
- Seguridad pública y violencia.
- Democracia, pluralismo y derechos de grupos en situación de vulnerabilidad.

Estos fueron los subtemas que compusieron la temática del pasado 22 de abril. ¿Realmente nos dieron respuestas sustantivas? Sí tenemos una idea general de por dónde van, unos con más claridad que otros. Los ejes de sus propuestas de acción. Definitivamente, el tiempo es muy limitado para que desarrollen a detalle las políticas públicas que piensan implementar, en caso de ser ganadores. 

¡Claro! si no hubiesen gastado tantos minutos en ataques, denuncias y "bromas" (pues hubo afirmaciones que no podemos tomarnos en serio), la ciudadanía tendría más claridad sobre porqué preferimos una u otra opción. El debate no es para hacer campaña, para eso están todos los otros foros. El debate es para dialogar, exponer ideas y sustentarlas. Hacer cuestionamientos legítimos. Hacerse preguntas entre ellos. Comparaciones constructivas. Con seriedad y responsabilidad. Y todo lo relativo a sus personalidades, a la nota de la semana, a las denuncias de "ministerio público", señalamientos morales, interpelaciones panfletarias y derivados... se lo pueden ahorrar para otros espacios de comunicación. O ahorrárselo por completo.

Cómo pueden "pelear" entre sí, si todavía no queda claro que  se están comunicando entre sí. No logran explicar sus puntos de vista ni reconocer sus coincidencias para dejar en claro aquello en que de verdad están en desacuerdo. Aquello en donde se distingue una opción de otra. Sin juicios de valor. Frases como: "Yo no voy a hacer lo que va hacer fulanito o fulanita". Seguidas de supuestos razonamientos como: "Porque como lo que el otro propone yo digo que es malo, entonces lo que yo ofrezco es bueno." No ayudan a nuestra democracia. Se les olvida que somos nosotros quienes haremos tales valoraciones. Pero no, por alguna extraña razón (o confusión) todos necesitan hacer una pequeña acotación introductoria, de denuncia de algún defecto de los otros contrincantes o de los otros gobiernos, alguna advertencia o anticipación de lo que vamos a pensar o dirán los otros y, luego, "vender" su plan de acción como legítimo per se. No hay validez argumentativa en este modo de proceder.

Estas estrategias no abonan al crecimiento de nuestra democracia. Tampoco la fortalece: la violencia, el exhorto al miedo, las descalificaciones, el sarcasmo agresivo, los insultos, el terror o las mentiras. Y en este rubro incluyo a toda la ciudadanía, me incluyo yo. Es trabajo de todos por igual, sin importar cuál sea el candidato o partido de nuestra preferencia, aprender a dialogar nuestras diferencias sin necesidad de agredirnos entre nosotros. En estas semanas he estado muy activa en las redes sociales y sí es sorprendente cómo la frustración, sumada a nuestra pereza mental, nos lleva a cometer excesos injustificados. Pongamos todos el ejemplo. Mostremos respeto. Aprendamos a sonreír incluso cuando no coincidimos. Entre los partidarios de todas las posiciones, incluso entre quienes están indecisos, debe privar la armonía y la paz. Es triste leer algunos de los comentarios y respuestas de quienes expresan su furia o enojo abiertamente. No hace falta recurrir a estos métodos. Cada uno de nosotros merece el mismo respeto. Cada candidato merece el mismo respeto.

Los candidatos, todos, tienen la responsabilidad de ser los primeros en mostrar que pueden expresarse sin necesidad de adjetivos violentos, etiquetas discriminatorias o burlas. El lenguaje es tan vasto que nos debemos a nosotros mismos: hacer el esfuerzo de encontrar más palabras para expresar nuestras ideas. La dinámica de ataque y defensa, visceral y emotiva, sólo nos lleva a confrontaciones inútiles y nocivas para nuestro entorno social. Hay un punto en que debemos reconocer que cada quien tiene derecho a optar, con libertad, por lo que considere mejor. Y ninguno de nosotros merece ser insultado por apoyar a un candidato o a otro. Expresemos nuestras convicciones con argumentos y con emociones razonadas. Sintámonos libres sin necesidad de lastimar la libertad de los demás. Dialoguemos tratando de entender porqué quien piensa diferente a mí tiene también razones válidas para pensar de ese modo. Cultivemos empatía: incluso ahí en donde no hay coincidencias. Todos somos humanos. Todos somos mexicanos.

Esto nos ayudará a vivir los siguientes debates presidenciales con más apertura y respeto. Recordemos que estas elecciones son una fiesta democrática. No la convirtamos en un asalto a mano armada. El 20 de mayo será el próximo debate. El tema en esta ocasión es "México en el mundo" y los subtemas:

- Comercio externo e inversión.
- Seguridad fronteriza y combate al crimen trasnacional.
- Derechos de los migrantes.

Esperamos que, en esta ocasión, nuestros candidatos sí se ciñan a las temáticas e incluso enriquezcan las perspectivas de complejidad sobre nuestros problemas y sobre las soluciones que proponen en estas materias. En la ocasión previa quedaron muchas asignaturas sin mencionarse en materia de pluralismo, democracia y grupos vulnerables. Es cierto que el subtema en sí fue mal planteado, metieron un conjunto demasiado heterogéneo (y amplio) en una misma subcanasta. Además, los dos primeros subtemas (corrupción e impunidad; seguridad pública y violencia) daban cada uno para un solo debate. Esto no fue una carencia de los candidatos. Más bien de quienes conceptualizaron la selección y repartición de temas y subtemas para los tres debates, y de las restricciones en tiempo para abarcar el conjunto de problemáticas puestas en cuestión de cara a la elección presidencial. En este mismo sentido, el subtema de democracia también daba para un solo tema. Ante la evidencia de que todavía estamos muy arraigados en prácticas de odio y polarización: nada más ajeno a la vida democrática.

Llama la atención la falta de presencia explícita del tema de derechos humanos en los tres debates y el "colofón" de derechos de los grupos en situación de vulnerabilidad (como parte del pluralismo democrático) es muestra de falta de perspectiva de derechos humanos dentro de la visión del INE. Tales derechos se comprenden dentro del discurso completo de los derechos humanos y no de manera asistencialista, como tampoco nos remiten sólo a una disposición a la tolerancia de las diferencias. Los candidatos tenían una oportunidad para trazar ejes transversales a través de los tres subtemas y enriquecer mucho la discusión y el alcance de sus propuestas dentro de un proyecto integral. Todavía nos faltan dos rondas, ojalá sumen esfuerzos en esta dirección.

Ojalá que, en la exposición de los subtemas próximos, no tengamos que oír lo mismo que hemos venido oyendo estas semanas en cuanto a la "inversión". Creo que todos coincidimos, y los candidatos también, en la importancia insoslayable del comercio externo y el valor de la confianza para la inversión; defender sus posturas con lo obvio es igual a no proponer nada. A mí, en lo personal, me encantaría que no sea con adjetivos que apelen a la mayor o menor estabilidad que representa uno u otro candidato. Ese argumento es tan relativo como falaz. Son juicios subjetivos... y nos damos cuenta; sí los estamos escuchando. 

Queremos conocer las acciones concretas que cada uno propone y cada ciudadano, con su propio raciocinio; así como expertos y representantes de los candidatos en los distintos análisis posteriores al debate y los candidatos en sus eventos públicos; podremos hacer nuestras propias conjeturas, comparaciones, valoraciones y exhortos. No conviertan el debate en su propio posdebate. Aprovechen este tiempo valioso para hablarnos a nosotros. Ya sabemos que ustedes no se caen bien. Las debilidades que cada uno señala de cada uno de los otros (hasta el cansancio) nos las sabemos de memoria. Queremos saber qué van a hacer, cómo lo van a hacer, porqué lo van a hacer y porqué es mejor hacerlo del modo en que lo proponen.

También esperamos que logren integrar la relación orgánica que existe entre los tres subtemas y nos sorprendan con soluciones y alternativas más complejas. Como complejo es nuestro México en el mundo. Creo que en el caso de "Seguridad fronteriza y combate al crimen trasnacional" es fundamental que cada uno nos exponga su diagnóstico de la situación en la que nos encontramos para comprender mejor las propuestas que nos hagan en esta materia. Defiendan los derechos de los migrantes no con valoraciones: con acciones en el marco de una política pública que ataque tanto las causas de la migración como los agravios que enfrentan quienes transitan por nuestro territorio o migran de nuestro país. Para que podamos distinguir la diferencia entre cada uno de sus proyectos. 

No traten de aniquilar las propuestas de sus oponentes con acusaciones personales que lo único que procuran es poner en duda la capacidad moral de cada uno de ustedes. No buscamos santidad... queremos gobernantes pragmáticos y congruentes con los ideales que defienden. Comprometidos con México. Insisto, somos nosotros quienes podemos encontrar tales incongruencias que tanto les gusta achacarse los unos a los otros. No nos agoten (ni aburran). No aspiren, con retóricas y  efectos mediáticos, a ganar unos puntitos en las encuestas. Hablen de su proyecto. ¿Cuál es el México en el que ustedes quieren vivir? Atacar a uno u otro candidato no nos da cuenta de su convicción en el proyecto de Nación que cada uno nos ofrece. Yo sí quiero entender en qué cree cada uno de ustedes. ¿Por qué ustedes votarían por ustedes mismos? No porqué ustedes no votarían por alguno de los otros.

Candidatos y candidata, los reto a no discriminarse entre sí, de ningún modo. A no hablar de ustedes como si tratara del juego del "yo-yo". Yo esto, yo aquello. Hablemos de nosotros México... esto o aquello. Mi sueño sería no escuchar las siguientes palabras:
- la mafia del poder y derivados...
- corruptos, corrupción, robar, llenadera, hartazgo, saqueo y derivados...
- autoritarismo, egocentrismo, mesianismo, fascista, tirano, hipócrita, caudillismo, pusilánime y derivados...
- populismo, nacionalismo, conservadurismo, estatismo, liberalismo, neoliberalismo, socialismo, capitalismo,  totalitario, burguesía, corporativismo, expropiación, oligarquía, privatización, clasista, gobiernista, tecnócratas, nepotismo, sistema, antisistema y derivados...
- Chávez, Venezuela, Cuba, Fidel, Ecuador, Correa, Bolivia, Evo, Pinochet, Chile y derivados...
- decente, prestigio, honestidad, experiencia, esperanza, progreso, futuro, confianza, estabilidad, potencia, cambio, continuidad, progreso, retroceso, avance, pasado, estabilidad, transformación, incertidumbre, polarización, compromiso, promesa, ridículo, cobarde, valiente y derivados...  
- complot, sospecha, rehén, o victimización alguna y derivados...
- entusiasmo, optimismo, sensibilidad, valores, actitud, falso, verdad, certeza, sueños, ilusiones, tolerancia, intolerancia, libertades y persecución de libertades y derivados...
- quién compró, quién gasto, quién dijo, quién es bueno, quién es malo, quién hizo, quién no hizo, quién se junta con quién y derivados...
- miedo, peligro, riesgos inminentes, fatalidad, amenaza, dramático y derivados...
- cómplices, complicidad, canallas, gánster, mentira, mentiroso, farsante, delincuentes, mafiosos, rufianes, atraco, rapaz y derivados...

¿Podrían hablarnos sin usar estas palabras? o cualquiera de este tipo de expresiones que ya conocemos bien y no cambian en nada nuestra intención del voto. Así como, no ayudan en nada a conocer mejor su proyecto y conocerlos mejor a ustedes. ¿Podrían dialogar sin acusaciones? ¿Podrían evitar invitarnos a pelear entre nosotros como si se tratase de una batalla de vida o muerte? ¿Podrían dejar de compararse entre ustedes y mostrarse a sí mismos tal y como son? Tienen dos semanas para enriquecer su vocabulario con la belleza de los diccionarios de nuestra lengua. 

El debate no puede ser el refrito de sus consignas de campaña, para esto hay muchos otros foros. El debate es para hablar del fondo de sus propuestas. No para que nos digan qué no les gusta de la propuesta de sus contrincantes, para esto hay también otros foros. Este foro es para que cada uno de nosotros pueda contrastar sus propuestas sin ayuda o sugerencia pedagógica alguna, sin que ustedes nos hagan la tarea que nos corresponde sólo a nosotros: elegir cuál es la mejor la opción. Esa es nuestra prerrogativa.  Somos los únicos dueños de los adjetivos para valorar lo que nos proponen y lo que cada uno representa. Tomémonos en serio nuestras distintas responsabilidades. Ustedes son la parte, nosotros el juez. Gracias.


Y tú... ¿puedes defender a tu candidato sin agredir a otro ser humano?




  Feliz inicio de semana y que
con magia de tortuga...
llenemos todos nuestros foros
de paz.
Fuerte abrazo!!
Un poco de romanticismo...
para animar nuestros corazones.