lunes, 9 de febrero de 2026

renovación...

 ...doméstica.



Una casa está compuesta de objetos. Objetos que envejecen con el tiempo y requieren arreglo o renovación porque dejan de funcionar. Algunos arreglos son sencillos, otros nos hacen sentir como si el techo se derrumbara. Una casa está hecha de detalles y con el paso de los años exige mucha dedicación y cuidado. La vida es un transcurrir hacia el ocaso. Todo lo humano está destinado a su vejez. Empezando por nosotros mismos. Por lo que no debiese sorprendernos la renovación constante de la vida en su acaecer. Nosotros también, a medida que envejecemos, nos vamos renovando. Acoplándonos a los distintos ciclos de la vida. No por ello estamos más lejos de perecer. Con los objetos es similar. La vida es un trabajo y los objetos dan trabajo que hacer.

Lo lamentable en esta lógica vital, de la cual no podemos abstraernos, es que, en la mayoría de los casos, el acaecer de la finitud está a la suerte de factores económicos. Hoy en día, el dinero es la medida única. Se trate de una vejez digna o se trate de una vivienda digna. Los objetos son costosos y su mantenimiento, cuidado y arreglo también lo son. Hoy en día, o siempre fue así, las brechas sociales llegan a ser irreconciliables. El mundo no cambia ni avanza: se estanca. 

Con el paso de los años sólo nos queda la certeza de lo vivido y el espejo de nuestra vida en objetos. Renovando cada día nuestra vida doméstica a medida que envejecemos en paz. Sin necesidad de enmendarnos a nosotros mismos. Lo importante está en el alma. En el conservarnos con entereza y fortaleza. 


Y tú... ¿aceptas la finitud?

Buen inicio
de semana.

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