martes, 14 de mayo de 2013

llegó la lluvia...

que todo lo aclara con su certeza.

Los árboles se sacuden con fuerza en gratitud y todo respira con renovación.

Este el cuento del geniecillo de la oscuridad... El genieciello de la oscuridad es un pequeño demonio que vive en una galaxia lejana en donde solo pueden habitar personas que dicen mentiras. Pero no mentiras piadosas o de vez en cuando una que otra mentira. No. Mentiras todo el tiempo. Personas que, aunque lo quisieran, no podrían decir la verdad. Entrenadas para olvidar la realidad e incapaces de distinguirla. Seres de tal naturaleza que solo pueden mentir. 

El geniecillo viaja a través de las galaxias en busca de más habitantes. Su misión es recolectar más y más personas que mientan. Para evitar la extinción de su planeta. Pero tan extraños son estos seres que solo saben mentir que es necesario convencer por todos los medios a quienes pueda raptar hasta tal galaxia remota. 

En sus artes de convencimiento usa todo tipo de métodos. El más efectivo es el de incitarlos a un estado de locura en donde, ya sea por desesperación o por delirio, terminen sucumbiendo a la mentira para salvaguardar algún mínimo resquicio de cordura que les permita recordar, al menos, quiénes fueron algún día. 

Una vez que estas personas fueron debidamente instaladas en su nuevo hábitat, el geniecillo de la oscuridad se acerca a ellos cada noche para susurrar un hechizo en su oído y hacerles olvidar la verdad.

Una noche, el geniecillo se quedó dormido, como si un rayo de luz lo hubiera convertido en una estatua. Al no cumplir su ritual para renovar el hechizo, un alma despertó pudiendo recordar todas las mentiras como mentiras y volvió a distinguir la realidad. Esta hija de la luz que hizo dormir al geniecillo no sabía si en alguien podía confiar. Guardaba dos grandes secretos pero al ser contados no sabría qué podría ocurrirle. Cómo descubrir si alguien más había despertado, cómo hablar sin mentir pero haciendo creer que seguía mintiendo, a quién contarle quién era. 

Un mareo la invadía cada vez que trataba de escribir con verdad. Como si alguien la expulsara del camino que debía recorrer. Como si una vez que diera ese paso largamente postergado no pudiera nunca más mirar atrás y todo el pasado se desintegraría para siempre dando lugar al futuro que esculpiría con sus propias manos. 

Quizá es por esto que todos mienten en esta galaxia -pensó ella. Quizá la oscuridad de este geniecillo se alimenta del pasado que no muere y la luz que lo petrificó fue el designio del futuro que solo saber nacer y que se alimenta de los sueños. Quizá esta galaxia se quedó atrapada en un tiempo muerto: el tiempo de la mentira.

Esta alma nueva al pasar del tiempo descubrió que nunca más podría hablar con nadie, pues sabía que todos mentían y sabía que ella no podría mentirles. Tanto como sabía que no podía confiarles sus secretos sin ser juzgada con mentiras. Sentía que solo la muerte podría librarla de tal suerte.

Qué sueño necesitará este ser atrapado en la fuerza de su silencio para lograr perderse en el relato de su propia voz. Cuál será la magia que lo arrebatará de su pasado para hacer realidad su futuro. Cuál será la palabra que le dará confianza en su susurro.


Y tú... ¿a quién escuchas mientras duermes?


feliz día de lluvia mis tortugas amigas...




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