lunes, 2 de noviembre de 2009

niño eros

Dedico este día al alma de mi buen y hermoso gato Eros porque no regresó a casa desde el viernes de la semana pasada. Sentir su pérdida oprime mi corazón... se revuelve mi estómago cada vez que lo recuerdo o pienso cómo estará, qué le habrá pasado, estará lastimado, habrá muerto... regresará o encontró otro hogar???? sin hallar respuesta alguna. En casa, su hermana Aghape, desconcertada, lo busca y cautelosa vuelve a salir a la calle, su madre Isis pegó un fuerte maullido al darse cuenta de su ausencia y Nut no se separa de mí ni un instante, como si algo temiera.

La casa se llenó de silencio, pues él era quien siempre platicaba de sí, al tender la cama extraño cómo venía corriendo a esconderse entre las sábanas y cobijas a jugar: ¿dónde está Eros? Al servir la comida, es tan raro no verlo llegar sigiloso a comer de todos los platos, como si quisiera toda la comida para él... Por las noches, siento su falta a los pies de la cama en donde enroscado dormía y generosamente me acompañaba. Lo que más me duele es no poder escucharlo invitarme a jugar y poderlo abrazar fuerte muy fuerte, acariciar su barbilla y descubrir su complacencia y agrado al recibir mi cariño, cargarlo como un bebé, ver sus brazos colgar detras de mi hombro en el espejo y reir ante su desparpajo... lo extraño mucho... y me duele no saber si pude haberlo ayudado el día que se perdió ni si en donde esté aún me necesite. Me estremece pensar que haya muerto y más si fue brutalmente. La duda de no saber qué pasó con él me lastima mucho, más de lo que puedo nombrar, como si el azar hubiera violentado espacios sagrados de mi ser. Culposa me reprocho no haberlo cuidado lo suficiente... y si murió ... no tener su cuerpo para enterrarlo y dolerlo en paz.

Sin embargo, guardo tres hermosas esperanzas para él: que esté en un lugar en donde le den el amor que le corresponde, bien cuidado y feliz; que regrese tarde o temprano a casa a formar parte de nuestro ethos feliz; que desde el cielo nos esté cuidando sonriente y, feliz, siempre nos acompañe...

Recuerdo la última vez que platiqué con él, un domingo antes, estaba muy inquieto y demandante, casi todo el día estuvo tras de mí como si algo quisiera decirme, como si supiera que partiría, mientras lo apapachaba le dije: en nuestra próxima vida tú me cuidas a mí... y lo abracé muy fuerte... con tanta alegría que aún lo recuerdo y es que sólo quien ha convivido con ellos sabe cuánto puedes llegar a quererlos... a conocerlos y entender su ser persona a través de su rostro lleno de intencionalidad.

Tengo fe en que Dios sabe cómo hace las cosas y por alguna razón ha querido que atrevecemos por esto, aun cuando sus razones le son incomprensibles a la tristeza de mi corazón. Y le agradezco a Eros haberme dado la oportunidad de verlo nacer, lo cual ha sido una de mis más bellas dichas de vida.


Y tú ¿cómo reconcilias las razones en tu corazón?


Gracias Eros bebé...
muchas gracias
donde quiera que estés
buena fortuna y bendiciones...
te guardaré siempre en mi alma.

Hasta mañana mágicas tortugas.

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