jueves, 20 de noviembre de 2008

la melancolía

Toda dicha se acompaña de lo que los renacentistas, muy acertamente, llamaron melancolía. Si pudiera elegir una manera de expresar esto, me inclinaría por algunas de las siguientes imágenes...

... decubrir que alguien de verdad te gusta y sentir que no está contigo

... tener un hijo y percatarte de que una parte de ti murió para siempre

... recibir la llamada que tanto has esperado y no saber si sólo fue un evento casual

... decidir vivir en otro país y despedirte de tu gente querida

... conseguir un empleo y tener que cambiar toda tu rutina

... festejar tu cumpleaños y recordar a quienes te han olvidado

... el descanso del domingo

... comprar un billete de lotería y enterarte de que no ganaste

... soñar que vuelas dichoso y despertar

... guardar el último bocado de tu pastel favorito en el plato y que alguien más se lo coma

... tener una idea original y que nadie la sepa escuchar

... descubrir un conocimiento y saberte radicalmente solo

... nacer bello y que nadie te quiera para sí

... ser libre y sentirte discriminado

... confiar en alguien y ser defraudado

... saber lo que quieres y tener que pelear con rabia por ello

... brindar una sonrisa y recibir indiferencia

... ceder la razón y ser abusado por ello

... ser generoso y que te malinterpreten

... ser sincero y que inventen cosas sobre ti

... tomar la decisión correcta y tener que renunciar a lo que te corresponde

... conocer el abrazo de tus sueños y verlo partir

... comprarte algo que te encanta y quedarte sin ahorros

... ofrecer tu corazón entero y que te lo devuelvan partido por la mitad

... ser feliz y no poderlo compartir ...


Quizá son sólo metáforas... pero me parece casi indescriptible el sentimiento de melancolía que va dejando tu vida al hacer su camino y tomar la senda que tú mismo has trazado siguiendo la estrella de tu mar.

El sentimiento de la dicha profunda que se acompaña de la pérdida, el éxtasis de la plenitud que conlleva cierto dejo de insatisfacción... como si quisiéramos todo y siempre más... como si el logro una vez en tus manos se volviera efímero, como si el esfuerzo tras el triunfo perdiera todo su valor... La melancolía que acompaña a la paradójica verdad...

Los renacentistas creían que esto se debía a que mientras más sabiduría adquieres a lo largo de tu vida más consciente eres de que no podrás saber todo lo que anhelas y que eso te pone como "triste"... mejor dicho... que por eso te invade de melancolía.


Y tú ¿cómo imaginas la melancolía?

Hasta pronto tortugas!!



2 comentarios:

Miguelángel Díaz Monges dijo...

Qué obsequio de luz azul disfrazada en verde para la melancólica estampa de mi callado transcurso. Esta tortuga, tortuga admirada., tiene un modo de hablar de su melancolía: es el modo en el que lo hace en cada letra y en cada acto de su vida, marcada por la bilis negra y el exilio de la platónica República.

Bellísimo, Tortuga.

... dijo...

Obsequio el suyo tortuga... qué grato tenerlo de visita por estas letras.

Gracias!