lunes, 1 de junio de 2009

37 y algo más

Hubo un alma libre que, sin miedo, abrazaba la música, la rica comida, el buen tabaco, una viela bien fría... y un vino en su punto, sin duda. Estos ojos azules gozaban del tiempo pasar, sin angustiarse por el futuro, siempre estaban dispuestos a experimentar un día a la vez; como si supieran en el fondo de su mirar que sería un viaje corto de vida el suyo.

Hubo un día en que su mirada me correspondió y, como si fuéramos uno, cantamos y bailamos hasta el amanecer. De haber conocido esta certeza de su muerte, no habría soltado su mano. Pero cómo adivinar a los 20 años que lo único susceptible de verdad (en el sentido más radical del término) es la finitud. El devenir se teje y se entreteje... pero lo finito, simplemente es.

Ayer habríamos envejecido juntos un año más. Hoy, mientras él es eterno... yo aprendo a vivir sin su voz un día a la vez.
Peli... sin poder festejar tu ausencia, celebro en tu nombre y cumplo mi promesa de ser. Perdono este destino que unió mi vida a tu muerte, así como perdono todo el amor que te llevaste contigo al soltar mi mano. Y todos quienes te quisimos te recordamos con magia de tortuga en tus 37 años.

A tu salud mi bello amigo!!! Gracias.


Y tú ¿celebras a tus fantasmas?

Hasta mañana!!!



1 comentario:

Lena dijo...

Los celebro.

Sobretodo al de mi padre, también de ojos azules e infinitos.

Un besito y un cariño.

(Conmovida)