martes, 8 de julio de 2014

41 años...

A un año y cuarenta días de haber iniciado la cuarta década de vida... sobreviví: al escrutinio de mi conciencia, a la censura de mis recuerdos, al despertar de una nueva memoria, al recuento de los daños, a la satisfacción de los logros, al reproche del necio super yo, al derroche del generoso ello, a los exabruptos de la identidad del yo, a los caprichos del ego, al sofocamiento de la neurosis, al hostigamiento de mi juicio, al horror de mis perversiones, al fantasma de mis ilusiones, al delirio de las falsas expectativas, a la opresión de mis tristezas, a la libertad de mi alma, a la luz del amanecer, a la oscuridad del terror, a la certeza de mis sueños, a la verdad de mi realidad, al rencor de mi mezquindad, a la miseria de mi debilidad, a la crueldad de mi arrogancia, a la gratitud de mi corazón, a la generosidad de mi cuerpo, al mandato de la razón y al clamor de mi vocación. Y doy gracias a todos los Dioses... pues qué sería de nuestro presente sin un poco de la cordura que brinda la fluoxetina... probablemente: un lugar sin verdades. Pues el dolor sería tan grande y tan profundo que empeñaríamos todas nuestras energías para evadirnos del turbulento existir y pasar la vida sin percatarnos siquiera de quiénes somos y qué camino queremos andar. 

El balance, tras la positividad de todo lo que parecía eran sueños cumplidos y tras la negatividad de todo lo que no llegó a ser, debo confesar que es dialécticamente a favor: tras la superación de las contradicciones, siempre llega la realización de nuestra alma. Lo cierto es que la tercera década fue tan grande y hermosa que me costó mucho desprenderme de ella y reconciliar la posibilidad de que quizá ningún tiempo futuro tendrá esta misma magia, sin temer descubrir que alegrías desconocidas, paz, logro, calma y satisfacción serán el sello de los años por venir, una vez hechos los ajustes necesarios para solventar expectativas realistas y destronar virtuales fracasos y falsas frustraciones.

Han sido años tan especiales e inesperados que no consigo una brújula para trazar las rutas por venir. Hubo sorpresas hermosas. Estos años me dieron mucho mucho más de lo que soñé, pedí o esperé. Agotaron mis metas de muchas formas, tanto como me agotaron a mí por el exceso que los caracterizó. Se abrieron más de un camino al mismo tiempo, más de una vez. No acababa de comprender una cosa cuando ya tenía una nueva respuesta. Los planes para muchos años después, de pronto se volvieron las oportunidades del presente. Aprendí con tanta velocidad y tantas nuevas materias que creía que me ahogaría de asfixia atragantada con la adrenalina del aprendizaje, la mayor y más efectiva droga que existe, lamentablemente, la menos adictiva, pues la disciplina de su esfuerzo no perdona los días de olvido.

No estaba preparada para la abundancia, pues no imaginaba llegar a sostener tanto entre mis manos, todo lo que pude anticipar era tan simple que mi ambición se limitaba a un tiempo con pausa y a vivir un día a la vez, una vez trazado un rumbo fijo. Pero la magia de la vida esconde secretos impronunciables que acrecientan todo lo que soñamos en mejores versiones de nosotros mismos. Y por mucho que nos neguemos a recibir aquello que hemos cosechado, la belleza encuentra el modo de iluminar nuestro camino para, si bien dar un paso a la vez, saber que cada paso multiplica nuestras direcciones y que de lo que se trata es de lograr caminar sin perder de vista todos los horizontes posibles, sin paralizarnos ante la abundancia, sin enloquecer ante el infinito de nuestra mente, sin frustrarnos ante la finitud de la temporalidad de nuestro cuerpo. Conciliar y sincronizar nuestros tiempos de vida en una melodía que sea capaz de navegar a través de todas las voces posibles. Y recibir sin miedo... porque la vida es un regalo feliz. Perdonar y perdonarnos. Agradecer y agradecernos. Amar y amarnos. Escuchar y escucharnos. Abrazar y abrazarnos. Ser solos y ser con otros. Simplemente, vivir. Gracias.


Y tú... ¿ya descubriste la abundancia de la suma de tus años de vida?



Bendiciones y sonrisas para ustedes... hermosas y felices tortugas.



1 comentario:

Maria Erla Barillas dijo...

Si, la vida nos da abundancia: de lugares, de gente, de paisajes y de mucho aprendizaje. Ojalá lo podamos compartir. Siempre queda el pendiente y los días y los meses y los años pasan... necesito una amiga así que no me vea como "loca" y que podamos discutir los asuntos de la vida... CUANDO NOS VEMOS!!??